viernes, 27 de mayo de 2016

EN DEFENSA DE LA REVOLUCION BOLIVARIANA


Día tras día se suceden informaciones sobre las dificultades económicas y sociales en Venezuela y la amenaza de un golpe reaccionario para derrotar la revolución bolivariana. Los grandes medios de comunicación, el PP, Ciudadanos y los dirigentes del PSOE, ya han tomado partido: al lado del imperialismo estadounidense, al lado de los golpistas venezolanos de extrema derecha, junto a los grandes capitalistas que sabotean la economía y saquean el patrimonio del pueblo. ¿Los tenemos que creer? ¿Tenemos que creer a Rajoy, a Aznar, a Felipe González, a Albert Rivera?
En este discurso hay algo que no cuadra. Quienes levantan la voz furiosamente contra la “falta de libertad” en Venezuela, son los mismos que aquí encarcelan a sindicalistas que luchan por los derechos de los trabajadores o aprueban una ley, bautizada popularmente como “mordaza”, que recorta brutalmente nuestro derecho a manifestación y a la libertad de expresión.
Mientras lloran lágrimas de cocodrilo por las dificultades del pueblo venezolano y nos hablan de “derechos humanos”, estos mismos políticos a sueldo de los grandes poderes económicos no tienen ningún escrúpulo en aprobar los desahucios de decenas de miles de familias empobrecidas por la crisis; de rescatar a los bancos a costa de recortes sociales sangrantes; de privatizar la sanidad pública y la atención a la dependencia, condenando a cientos de miles de personas a la enfermedad y el sufrimiento; de despedir a decenas de miles de profesores, reducir las becas y aprobar leyes franquistas, como la LOMCE y el 3+2, para impedir que los hijos de los trabajadores puedan acceder a una enseñanza de calidad.
Todos estos políticos y periodistas que protagonizan esta campaña de tintes goebbelianos contra la revolución bolivariana, guardan un silencio cómplice, y bien retribuido, ante el crimen que se está perpetrando contra decenas de miles de personas indefensas: los refugiados. Ahora mismo, hay miles de niños encarcelados dentro del territorio europeo tras las alambradas de los campos de detención que la Unión Europea (UE) ha construido en Grecia y otros países, y se cuentan por miles los muertos por ahogamiento en el Mediterráneo, porque quienes huyen de la guerra y la barbarie que el imperialismo provoca, lejos de ser tratados como víctimas son considerados criminales.
Los políticos europeos que levantan su dedo acusador contra el gobierno bolivariano que, recordemos, ha ganado elección tras elección de manera democrática, consideran un valioso aliado a Erdogan, el autoritario Presidente de Turquía que encarcela, tortura y asesina a los activistas de la izquierda y a los periodistas críticos. Es más, financian generosamente a este tirano para que haga el trabajo sucio con los refugiados, y siga armando hasta los dientes a los yihadistas del Estado Islámico, los mismos que luego masacran a cientos de inocentes en las calles de París y Bruselas.
Arabia Saudí es otro de los países amigos de estos defensores de los “derechos humanos” tan preocupados por Venezuela. Este régimen, bajo el cual las mujeres no pueden salir de casa sin la ‘compañía’ de un hombre, ejecutó a 157 opositores en 2015 e inauguró este año matando a otros 47 el 2 de enero. Pero no pasa nada: mantiene cordiales relaciones con el gobierno del PP y la Casa Real española, con los que hace jugosos negocios armamentísticos, y recibe todo el apoyo de Washington, a pesar de que está sobradamente documentado que, al igual que el de Erdogan, este régimen también financia abundantemente a los terroristas del Estado Islámico. ¿De verdad quieren que nos creamos que les preocupa la democracia y la pobreza en Venezuela o cualquier otra parte del mundo?
Estos políticos como Aznar y Rajoy, como Albert Rivera y Felipe González, con lo que realmente quieren acabar es con la revolución en Venezuela y toda América Latina. En febrero de 1999, aupado por millones de sus compatriotas, Hugo Chávez llegó al gobierno a través de unas elecciones democráticas. Desde entonces hasta su fallecimiento en marzo de 2013, apoyándose en la movilización popular, puso en marcha numerosos planes sociales gracias a los cuales se construyeron decenas de miles de viviendas, se llevó la atención sanitaria a los barrios humildes, se abrieron las puertas de las universidades a las familias trabajadoras y se sacó de la pobreza a millones de personas.
Esta política social en beneficio de la mayoría, que utilizó la riqueza proveniente del abundante petróleo venezolano —principal fuente de ingresos del país— para llevar a cabo reformas en beneficio del pueblo, rápidamente despertó la ira de los ricos y los poderosos, que sabotearon el gobierno legítimo de Chávez por todos los medios. En abril de 2002 organizaron un golpe militar y secuestraron al Presidente Chávez, colocando al frente del país al jefe de los empresarios. Este golpe de Estado contó con el apoyo de El País, de Aznar y del PP, de Felipe González y de numerosos cargos públicos del PSOE. En aquel golpe participó activamente Leopoldo López, ese supuesto preso político que tanto espacio ocupa en los telediarios y la prensa española. Este ‘héroe’ del PP y del PSOE, encabezó la detención del ministro de Interior y Justicia del gobierno elegido en las urnas y respaldó el decreto que disolvió el Parlamento y suspendió la Constitución durante el golpe. Afortunadamente, el pueblo salió a la calle y abortó estos planes.
Sin embargo, la oposición derechista y sus amos en Washington y Madrid, no han cejado en su empeño, y lo que todavía no han podido conseguir por la fuerza lo intentan alcanzar por otros medios: el sabotaje económico. Si bien es cierto que el gobierno chavista ha nacionalizado empresas importantes, todavía palancas fundamentales de la economía como los bancos o la importación, producción y distribución de alimentos siguen estando en manos de los grandes empresarios, completamente hostiles a la revolución bolivariana.
 
Como hicieron en 1973 en Chile contra el gobierno de Salvador Allende, la oligarquía venezolana ha puesto en práctica una campaña de desabastecimiento que impide que productos básicos como el pan, el arroz o el papel higiénico estén disponibles en los supermercados y, cuando los hay, tengan precios inalcanzables para la mayoría de la población. Los empresarios cierran fábricas, los capitalistas venezolanos se llevan el dinero fuera del país y hacen huelga de inversiones para ayudar a provocar el colapso. Esta situación, combinada con la bajada del precio del petróleo —que ha reducido dramáticamente las divisas de las que dispone el gobierno— y la especulación con la moneda, ha provocado también una inflación desbocada.
Es cierto, la situación está llegando a un punto crítico en Venezuela. El pueblo sufre porque no puede cubrir sus necesidades. Pero la solución no es que llegue al gobierno la ultraderecha, los amigos de los Rajoy, de Aznar, de Felipe González y Albert Rivera, de los mismos que nos oprimen y nos reprimen en Europa. Ya conocemos sus recetas cuando gobiernan: cargar la crisis sobre las espaldas de los más débiles, para salvaguardar los privilegios de los que lo tienen todo.
No, la solución no está en estrangular a la revolución porque no ha llegado hasta el final, porque todavía no ha resuelto todos los problemas a los que se enfrenta. La solución es hacerla avanzar, corregir sus imperfecciones, enderezar lo que se ha torcido. Hace falta apartar a todos aquellos oportunistas que se sumaron al movimiento bolivariano con el objetivo de conseguir un buen cargo desde el que beneficiarse de la revolución y que hoy tienen más en común con los ricos que con los trabajadores. Hay que desechar a los arribistas y acabar con ese cáncer de la revolución que se llama burocracia, tal como señaló Hugo Chávez.
Hace falta que todo el poder político y económico pase efectivamente a los trabajadores, a la juventud, a los oprimidos de Venezuela. Es el momento para que el gobierno bolivariano tome medidas socialistas efectivas para acabar definitivamente con el capitalismo. Ese es el camino para despertar el entusiasmo de la población, para resolver las graves carencias que hoy amenazan a la revolución, y para movilizar la solidaridad de todos los pueblos del mundo.
Venezuela es un país enormemente rico, por su petróleo, por su tierra fértil, por los millones de hombres y mujeres que llevan más de 15 años sosteniendo una revolución para acabar con la injusticia, con la desigualdad social, con la corrupción.
 Por ello es imprescindible trabajar para impedir en Venezuela un nuevo golpe de estado a la chilena.
 

jueves, 5 de mayo de 2016

EL 26-J ES POSIBLE EL CAMBIO EN ESPAÑA


Ante la imposibilidad de formar gobierno desde el pasado 20-D, la repetición de las elecciones generales el próximo 26 de junio supone una nueva oportunidad para los partidos políticos que defienden un cambio real. Oportunidad que no debe ser desaprovechada. Nos jugamos mucho. El momento es histórico y hay que estar a la altura de las circunstancias.
Lo acontecido estos últimos meses de transición desde las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 es muy aleccionador. Podemos, IU y sus aliados, además de hacer un gran esfuerzo para encontrar la fórmula que les permita presentarse de manera conjunta en todo el Estado español, deberán esmerarse en la campaña electoral. Tienen la coherencia y la razón de su lado, pero tendrán en contra al resto de partidos prosistema y a los grandes medios de “comunicación”.
El sistema tiene realmente miedo y pondrá toda la carne en el asador para desactivar, o por lo menos contener, el “fenómeno Podemos”. No es de extrañar que incluso algunos políticos y “periodistas” que defienden el actual sistema hayan abogado por no tener una campaña electoral o por acortarla todo lo posible.
Los mismos que llevan años cansando a la gente repitiendo sus habituales y aburridos mantras ahora dicen que no quieren cansar a la ciudadanía, quienes llevan décadas despilfarrando dinero (cuando no robando) dicen ahora que quieren ahorrar costes, pero en verdad lo que les pasa es que saben que Podemos y sus aliados tienen poderosos argumentos para emplear en la campaña, en la cual pueden crecer notablemente en intención de voto.
Todo dependerá de cómo sean capaces sus portavoces de defender sus argumentos y muy especialmente de desenmascarar a sus enemigos políticos. Los dirigentes de Podemos saben manejarse muy bien en los medios televisivos, pero no deberán bajar la guardia ni confiarse en ningún momento. Cualquier error, por pequeño que sea, y esto ya lo han podido comprobar en sus propias carnes, será explotado al máximo por sus enemigos. Además de que nunca hay que olvidar que todavía una gran parte de la ciudadanía está muy alienada y desinformada, está presa del pensamiento único capitalista, de muchos prejuicios, del pensamiento conservador de que más vale malo conocido que bueno por conocer.
Y es que el PSOE va a tener realmente muy difícil defender su reciente actuación en las “negociaciones”. Un partido que se declara de izquierdas pero en el que algunos de sus personajes de más peso apuestan abiertamente por una gran coalición con el PP. Un partido que dice ser de izquierdas y se echa a los brazos de Ciudadanos, calificado por el propio Pedro Sánchez como la nueva derecha, como las nuevas generaciones del PP.
Un partido que dice ser socialdemócrata y se niega a intentar formar gobierno de coalición con los partidos a su izquierda, que defienden esencialmente, al menos por ahora, un programa económico socialdemócrata. Un partido que pacta antes con la cuarta fuerza, a su derecha, pero que se niega a pactar con la tercera fuerza, a su izquierda. Un partido que dice que Podemos es el que impide un gobierno de cambio pero que cuando se reúne con sus dirigentes les dice que no se puede más que retocar levemente el pacto hecho previamente con la derecha. ¿No hubiera sido más lógico primero intentar pactar con Podemos?
Las evidencias son abrumadoras. Sus muchos años de gobierno, sus actos, sus contradicciones, le delatan: al PSOE le sobran la S y la O desde hace mucho tiempo. Su pretendida regeneración es falsa. Este partido es el gran traidor a las clases populares. Gracias a ese partido “socialista” se ha llegado al actual estado de cosas. El régimen no sería posible sin el PSOE. ¡Ya es hora de que la mayoría social le dé la espalda, le dé su merecido! Uno de los grandes enemigos a combatir es el PSOE.
Nada de lo acontecido estos últimos meses puede sorprender a quienes ya han calado a ese falso partido de izquierdas, a esa derecha disfrazada de progresismo.
Pero no es el único enemigo a combatir. Ciudadanos también va a tener muy difícil defender su actuación de estos últimos meses. Ya sabemos en la práctica en qué consiste lo que ellos denominaban el “cambio sensato”: evitar por todos los medios posibles que Podemos y sus aliados lleguen al poder político, trabajar todo lo posible para una gran coalición de PP, PSOE y Ciudadanos, es decir, ser la muleta del viejo bipartidismo. Es el nuevo partido del IBEX-35. Sus hechos le delatan.
La “nueva política” de los Rivera y compañía consiste en que unas pocas personas negocien secretamente y firmen solemnemente sus pactos sin, por supuesto, consultar a sus bases. Quienes dicen defender una regeneración democrática no quieren ni oír hablar de la democracia en sus propias filas. El “cambio sensato” de Ciudadanos no es cambio, ni en el fondo ni en las formas.
El “cambio sensato” de Ciudadanos consiste pues en coaligarse con los partidos de siempre, en aplicar la misma, o peor si cabe, política económica, en cambiar sólo algunas caras, para que en verdad nada cambie, más allá de algunos gestos simbólicos.
Es obvio que Ciudadanos representa un cambio falso, aparente, como el del “nuevo” PSOE. Es la vieja política de siempre disfrazada de “nueva”. Podemos y sus aliados tienen ahora más fácil poner en evidencia al partido de Albert Rivera. Muchos votos que fueron a parar a Ciudadanos, al “cambio sensato”, que no tiene nada de cambio, deben ir ahora hacia el cambio real.
Ciudadanos nació, a nivel estatal, con el solo objetivo de engañar a la gente para redirigir el voto desde Podemos hacia el nuevo partido de la oligarquía, para que el cambio dé paso al recambio.
El verdadero enemigo de Ciudadanos es Podemos, es decir, el cambio (real). En nombre del cambio ellos combaten el cambio. En nombre de la democracia intentan evitarla. Nada nuevo en verdad. La burguesía lleva haciendo esto desde hace décadas. Sólo cambian las formas, los disfraces.
Por consiguiente, yo pienso que ahora sí hay muchas posibilidades de desenmascarar a los falsos profetas. Los hechos están a nuestro favor, “sólo” nos hace falta ser suficientemente elocuentes en los debates públicos para que las abrumadoras evidencias lo sean también para la inmensa mayoría social. La coherencia es nuestra mejor arma. ¡Usémosla!

viernes, 15 de abril de 2016

NECESITAMOS UNA GRAN COALICION RUPTURISTA


Después del fracaso del Rey Felipe VI, que encargó a Pedro Sánchez formar Gobierno sin que tuviera los apoyos necesarios para salir airoso del debate de investidura, basta leer los editoriales y artículos de opinión de medios oligárquicos españoles para darnos cuenta, una vez más, de los intereses que defienden y qué Gobierno prefieren. Por tanto, nos esperan semanas de presión mediático-empresarial (las corporaciones del IBEX-35) para convencernos a todas y a todos de lo siguiente:
1. El hecho de que no se llegue a un entendimiento para formar un Gobierno, presidido por Sánchez, Rajoy o cualquier otro dirigente del PSOE o el PP, implica enviar el mensaje de que los electores se han equivocado.
2. Convocar nuevas elecciones el 26 de junio es un fracaso de eso que llaman ‘clase política’, algo que no se merecen millones de españoles y españolas.
3. No obstante, la culpa es y será de los diputados de Podemos, fundamentalmente, así como de fuerzas políticas ancladas en territorios como Valencia, Cataluña y Euskadi.
4. Para la estabilidad de eso que llaman España, es necesario formar un Gobierno de coalición en cualquiera de sus posibles fórmulas. La más deseada es un pacto a la alemana: PP-PSOE, con Ciudadanos de muleta. En ese caso, correspondería al PP presidir el Gobierno por ser la fuerza con mayor número de diputados. Otra posibilidad es que Sánchez mantenga la iniciativa y los poderes fácticos presionen al PP para que se abstenga en la siguiente votación.
El escenario ya está listo para este burdo sainete, por lo que es preciso evaluar otras posibilidades que no figuran en los análisis de intelectuales o de destacados miembros de las fuerzas que se podrían considerar rupturistas con el régimen monárquico-constitucional de 1978 (con todas las precauciones del caso, dada la deriva política que han mostrado algunas organizaciones en la última campaña electoral).
El 20-D Podemos obtuvo de media el 12,6% de los votos en el Estado si excluimos los resultados de Galicia, Cataluña y País Valenciano. Es decir, sacó 42 diputados en catorce comunidades autónomas (una media de tres) mientras que consiguió 27 escaños en los otros territorios, una media de nueve diputados. La conclusión evidente es que allá donde hubo unidad se triplicaron los escaños.
Sumado ese 12,6% al 3,7% obtenido por Unidad Popular-Izquierda Unida (UP-IU) resulta un 16,3%, que viene a ser la medida de intención de voto que la fuerza política liderada por Cayo Lara tuvo durante todo 2013 y parte de 2014, hasta poco antes de las elecciones de mayo.
En este contexto, si algo llama la atención en relación con Podemos es el inmovilismo de su cúpula, que sigue enrocada en la misma posición respecto a posibles alianzas. Porque ya estamos en otro momento, como se ha indicado antes, donde se justificará que para la estabilidad y el futuro de España lo mejor es la gran coalición (PP-PSOE-Ciudadanos).
Las empresas encuestadoras preparan un nuevo escenario donde el principal beneficiado de una convocatoria electoral el 26 de junio sería Ciudadanos, que estaría a muy pocos votos de facilitar un nuevo Gobierno del PP, de recortes de derechos laborales, sociales y políticos. Estos resultados de las encuestas configuran una participación similar al 20-D –en cuanto a la dispersión de las fuerzas ‘rupturistas’–, con un aumento de la abstención.
Por ello, la cúpula de Podemos podría volver a sus orígenes y ser nuevamente audaces para lograr un salto cualitativo que aumente su intención de voto por encima del 25%. Si no es la cúpula, sus círculos deberían promover el debate para que ese cambio de escenario sea otro bien distinto al preparado por los poderes fácticos.
¿Qué hacer? Ante la más que probable convocatoria de nuevas elecciones, Podemos debería abandonar su tacticismo y recuperar la ilusión de parte del electorado desencantado. ¿Cómo? Convocando unas primarias donde se pueda votar una terna, no un candidato. Por ejemplo una terna que incorpore a Ada Colau, tan apreciada en Cataluña como en el resto del Estado, y a Alberto Garzón, el político con mayor aprobación de lejos, muy lejos de Pablo Iglesias. Mal que le pese a Iglesias, que confunde el Congreso con un plató de televisión, ya es un obstáculo para el crecimiento de Podemos.
Convocar primarias para decidir una terna como la señalada –una persona candidata a la Presidencia y dos a sendas Vicepresidencias– más un programa político de mínimos, supondría el inicio de la construcción real de un proyecto político común constituyente, más amplio, republicano, con la presencia de tres jóvenes con futuro político, lo que garantizaría los relevos a largo plazo. Esas primarias, por extensión, tendrían que ser abiertas en las circunscripciones provinciales, para multiplicar las fuerzas allí.
Se trata de que las fuerzas rupturistas tejan otra gran coalición, entre ellas y con sus electores, con la gente. Seguir en solitario pescando en los votos de Unidad Popular-Izquierda Unida hasta provocar su presencia simbólica en el Congreso por la injusta ley electoral es una visión sectaria e insensata por lo que nos jugamos millones de personas, aunque algunos dirigentes nos vean solo como votos. Porque volverán a ser miles las personas que se activen en campaña electoral para apoyar a Alberto Garzón y su programa político, verdaderamente transformador, y cientos de miles las que votarán por UP-IU, por una cuestión de principios y convicciones irrenunciables.
De igual forma, pensar que el PSOE ha salido desgastado del debate de investidura en lugar de negociar de frente con Izquierda Socialista, corriente que representa alrededor de un 20% de su militancia, es otro error que denota poca altura de miras. Tender la mano a Izquierda Socialista sí sería un torpedo en la línea de flotación del PSOE, pues coloca a esta corriente socialista en la tesitura de seguir en un partido que ha demostrado que está al servicio de las elites o de soltar amarras para ocupar su propio espacio en esa gran coalición rupturista de corte republicano.
Sería imperdonable, y la cúpula de Podemos sería la única responsable, que no se pudiera articular esa gran coalición rupturista, negociando incluso con fuerzas independentistas para que no se presenten a las elecciones (así no legitiman las Cortes españolas) y que el voto vaya a multiplicarse, precisamente, a esa gran coalición. Con un programa político rupturista y participativo que incluya a todas las fuerzas políticas de esa gran coalición plurinacional y popular.
No darse cuenta que cambió el escenario, que estamos en otro momento histórico distinto, denotaría una gran miopía política de aquellos que alardean de lucidez estratégica y táctica. Es la hora de abandonar los significantes vacíos, de dar contenido a la política, de bajar de las nubes, refrescarse, y pensar en los millones de personas víctimas de las políticas neoliberales.
Hasta el 26 de junio en el Congreso se pueden presentar iniciativas para derogar las leyes retrógradas aprobadas por el PP y aprobar un Plan de Emergencia Social como el que propuso UP-IU en la pasada campaña electoral. Se aprobaran o no las medidas, se visualizaría el programa político de la gran coalición rupturista y cada fuerza política quedaría retratada para la próxima campaña. A menos que PP-PSOE y Ciudadanos aborten la convocatoria de la segunda vuelta electoral.

martes, 5 de abril de 2016

EL DESOLADOR PANORAMA POLÍTICO ESPAÑOL


Los ciudadanos ya nos hemos acostumbrado a vivir sin gobernantes, incluso, sin el resto de políticos cumpliendo con su función, diría yo. Para este sufrido pueblo, la política se ha convertido en un espectáculo mediático por el que desfilan unos y otros: políticos, tertulianos, presentadores de informativos, etc. Ya da igual la publicidad, que los deportes, que ese bochornoso espectáculo mediático al que hacemos referencia. Todo esto pone a prueba la capacidad de aguante del más paciente, pero todo tiene un límite y, poco a poco, nos hemos ido desligando de declaraciones, tertulias, informativos y demás asuntos del mismo signo.
Poco a poco nos vamos dando cuenta de que son absolutamente prescindibles: ellos tienen la culpa. Cada vez nos preocupa menos eso de los pactos, de los acuerdos. Nos vamos dando cuenta de que es este un negocio suyo. Que lo único que les importa es nuestro voto para luego hacer de su capa –mejor dicho, de nuestra capa- un sayo a su antojo.
Si bien al pueblo llano la actual situación le importa un bledo, para el analista, para quienes muestran un cierto interés por lo que está sucediendo ahora, cabe la pregunta: ¿qué está ocurriendo que pasan días y meses, y no son capaces de dar una solución? Son varios los motivos. Por un lado, lo novedoso del resultado de las últimas elecciones, al que no se está acostumbrado. Por otro, porque los partidos no tienen ninguna experiencia en esto de los acuerdos ya que, como he señalado en otras ocasiones, la dinámica habitual en las relaciones entre partidos es el recíproco ataque y la descalificación de los otros, por lo que resulta altamente difícil pactar. Por si fuera poco, los de arriba complotan para que el asunto se resuelva a su favor. Esta última, es una condición sine qua non para que el asunto vea la solución antes o después.
La consigna del poder real es marginar a los de Podemos porque, a sus componentes, les parecen los más “revoltosos”. Por eso el pobre Pedro Sánchez las está pasando canutas, porque sabe que su tabla de salvación es el apoyo, por acción u omisión, de este nuevo grupo, cuyo peso político en el Parlamento es significativo, pero le han dicho que se entienda con cualquiera menos con Podemos. Sin embargo, se encuentra ante la cerrazón de este grupo que se ha enrocado, negando su apoyo en forma de abstención en la investidura del socialista.
Para intentar fulminar desde arriba a los de Podemos, después de buscar todo tipo de artimañas para acusarles sin pruebas, se pasa a la fase más agresiva: dinamitar desde dentro a la coalición. ¿Lo conseguirán? De momento, se están produciendo dimisiones a mansalva, y algún que otro cese de sus dirigentes. Por si fuera poco, aunque lo niegan (al más puro estilo de lo que ellos mismos calificaban como casta) hay enfrentamientos en lo más alto de la organización. ¿Diferencias ideológicas o estratégicas insalvables entre ellos, torpeza o estupidez?
Tomándome alguna licencia que quizás no merezca, y convirtiéndome en un consejero improvisado, les diría a los de Podemos que, dadas las circunstancias, lo mejor sería ahora abstenerse para que gobernara esa coalición forzada de PSOE y su socio (C’s). De esta manera, y con el abultado número de diputados del que disponen, podrían convertirse en una eficaz oposición, anulando, de paso, a la formación conservadora situada a la derecha del posible Gobierno. Tal vez esta posición les reportara muy buenos resultados de cara a futuros comicios.
Por otra parte, les daría un corte de mangas a quienes les niegan el pan y la sal y a oportunistas que esperan agazapadas(os) a que sus colegas fracasen (sea el caso de la “lideresa” andaluza). Sería, sin duda, una actuación inteligente, digna, merecida y natural, pero ¿son capaces de llevarla a cabo?
En vista de todo este desatino, cabe preguntarse: ¿quiénes son nuestros políticos? ¿cuales son sus perfiles? ¿qué se requiere, en particular, de los que alcancen el nivel de Presidente del Gobierno?
De los actuales políticos de las formaciones ya consolidadas, poco cabe esperar. El acceso a la política institucional está totalmente restringido, acotado y controlado. Los gobernantes, por lo general, se fraguan en los partidos políticos, gentes, en su mayoría, con poca o ninguna experiencia laboral ajena a la propia política, limitándose sus vivencias a la exclusiva relación dentro del partido y de su dinámica, una dinámica basada en la promoción interna a través del vasallaje, la conspiración, los enfrentamientos (que suelen negar), de la suerte y del oportunismo; todo ello requiere la afiliación temprana, y a esperar, aguantando el chaparrón hasta que llegue la oportunidad. En ocasiones, los propios grupos oligárquicos colocan, directamente, a sus agentes, como es el caso del actual Ministro de Defensa. Otros casos semejantes se dan, o se han dado, en las filas de los conservadores.
Los diputados(as), senadores(as), los ministros(as), los alcaldes(as), etc., todos ellos surgen de esos “yacimientos”, es decir, de los partidos políticos. No hay ninguna posibilidad de acceso al poder político si no es mediante esta vía. En las nuevas formaciones las cosas son, prácticamente, iguales, salvo que el recorrido de sus militantes, por la corta vida de estos grupos, es mucho menor, pero sus listas para las elecciones son tan cerradas como en las viejas organizaciones. La endogamia, el clientelismo y el amiguismo son los elementos básicos para la propuesta de los candidatos. Sus líderes se contagian de los que tienen experiencia, y se convierten en “estrellas” mediáticas, se alejan de la plebe, y buscan el aplauso y la admiración. Como el resto de los políticos, están afectados por esa pobreza humana, convertida en endémica en este tipo de sociedades.
Cabe aún otra pregunta: ¿Quién garantiza las capacidades, incluidas las intelectuales, de estas gentes que nos gobiernan?
Por lo que hemos vivido hasta ahora, el sistema sólo requiere de ellos fidelidad a quienes tienen el poder real, utilizándoles como barrera de contención y fuerza de choque para que frenen las protestas por todos los males que aquejan a este atormentado planeta. Protestas que devienen tanto por lo que ocurre dentro como fuera de nuestras fronteras. Toda esa servil función que indicamos, a cambio de una posición cómoda y desahogada, con la puerta abierta a la corrupción.
Como en el caso de otras ocupaciones, es posible que nuestros representantes en los gobiernos, en las cámaras o en los ayuntamientos sean unos ineptos, unos ignorantes o unos perturbados, nada sabemos porque no se aplican instrumentos, mecanismos, ni normas, que permitan medir sus capacidades físicas, intelectuales o mentales.
De los que han sido ya presidentes de gobierno no es difícil inferir el perfil que se demanda: dóciles, manipulables, ambiciosos, intelectualmente poco dotados, poco instruidos, mentirosos, demagogos, en algunos casos impostores. En general, al grupo de “poderosos”, y sus comparsas (políticos y agentes de los medios de comunicación) habría que situarles, también, en esas capas de baja capacidad intelectual y humana, que les inhabilita para vivir en armonía e igualdad con sus congéneres, así como con el medio natural.
Del otro lado, es necesario hablar con claridad del “cuerpo electoral”, de los votantes, aunque esto sea delicado. No es fácil. Los políticos, haciendo el más exagerado uso de la demagogia, dan, públicamente, una enorme importancia a la decisión del “pueblo”: “los ciudadanos han querido que los políticos nos entendamos y pactemos”. Nos dicen esto, ahora, sin hacer el mínimo análisis de la complejidad del electorado. No se atreven a manifestar lo que piensan. ¡Hipócritas¡
La masa electoral es víctima de la demagogia, de la mentira, de la manipulación, de la infamia y de la intoxicación provocada por los medios de comunicación. Esa intoxicación y esa mentira tienen sus mayores éxitos, como ya ocurriera en otras etapas de nuestra reciente historia, en las zonas rurales y en las personas de mayor edad.
Por todo ello, en cualquiera de los diferentes ámbitos, el voto, a título personal, responde, fundamentalmente, al miedo, al engaño, a la ingenuidad, a la confusión o a la ignorancia. Los resultados electorales no se corresponden con la estructura social, con los diferentes estratos, ni con los intereses de cada uno de ellos.
Por eso, el PP, por ejemplo, que defiende los intereses de los más ricos, obtiene tan altos resultados, llegando a mayorías absolutas, como en la anterior legislatura. En consecuencia, mientras no exista conciencia de lo que se vota, y a quien se vota, los resultados electorales no responderán a los verdaderos intereses de las diferentes clases sociales.

viernes, 25 de marzo de 2016

TODOS GENOCIDAS


Pasará mucho tiempo, seguramente, pero seremos juzgados como genocidas y las próximas generaciones se avergonzarán de nuestro comportamiento. Seremos un ejemplo en las clases de historia sobre la inhumanidad de nuestra sociedad y la violación constante de los derechos humanos.
Estudiarán cómo El Corte Inglés, Cortefiel o Inditex esclavizan a personas en el tercer mundo para que nosotros compremos ropa barata, aunque ahora lo denominamos explotación laboral, que es un concepto menos grueso. Por muchos eufemismos que usemos no podremos negar jamás que los niños son esclavizados para que tengamos vaqueros o balones de fútbol.
Estudiarán cómo invadimos países para convertirlos en estados fallidos y arrebatarles sus recursos en una nueva forma de colonialismo. Los niños leerán en los libros que hubo, solo en los últimos quince años, más de dos millones de muertos en Irak y Afganistán y más de cincuenta millones de desplazados en el mundo para que nuestras industrias armamentísticas, petroleras, farmacéuticas o textiles se aprovechasen del petróleo, el opio, la guerra y, dentro de no mucho, la mano de obra barata.
Sabrán, aunque muchos se quieran escandalizar ahora, que González, Aznar, Zapatero o Rajoy son responsables o cómplices de una gran cantidad de crímenes que hemos cometido o cometemos desde hace mucho tiempo. Y como ellos el Rey, los medios de comunicación y la sociedad en general.
Estudiarán cómo expulsamos y dejamos morir a más de dos millones de refugiados a las puertas de Europa, aunque son lo que son precisamente por nuestra codicia. Verán aterrorizados en documentales como permanecíamos inmutables mientras los refugiados iban muriendo en un proceso lento y nosotros recibíamos nuestra dosis diaria de fútbol, mentiras y basura mediática.
Estudiarán cómo nuestras democracias no son lo que nosotros ahora creemos que son o, por lo menos, lo que muchos de nosotros creen que son. Se hablará de la Europa derivada de la II Guerra Mundial como postdictaduras, pseudodictaduras o protodemocracias que continuaron la línea marcada durante el siglo XX, aunque fuese de una forma más elegante.
Es cierto que ya no asesinamos con cámaras de gas, ahora lo hacemos con las rúbricas de hombres amorales vestidos con lujosos trajes.
         Al terminar la II Guerra Mundial muchos alemanes fueron obligados a visitar los campos de concentración para que viesen lo que allí sucedió y no pudieran negarlo nunca. Salieron de aquellas visitas horrorizados por las consecuencias de su inacción y atormentados por su culpa. Nosotros lo vemos a diario en las televisiones mientras comemos o cenamos, casi como si fuera parte de nuestra ración de ocio: un nuevo evento deportivo o un nuevo programa de telebasura.
Parece que si no hubiese un genocidio como el que ahora mismo se produce a las puertas de Europa, tendríamos que generar uno para poder rellenar esas horas tan tediosas de una televisión que ya difícilmente puede asombrarnos.
Nosotros que tanto nos escandalizamos con la foto de Aylan o las zancadillas de Petra Lázsló, seremos contemplados en el futuro igual que ella. De hecho, deberíamos poner en nuestros perfiles de las redes sociales o en nuestras camisetas “Todos somos Petra Lázsló”. En lo más profundo de nuestro ser lo somos, en el fondo queremos zancadillear a esos refugiados para que no pongan en peligro nuestro nivel de vida, nuestros trabajos, nuestras casas, nuestros coches, nuestra seguridad y nuestro futuro.
Es de una hipocresía y un cinismo repugnante que Petra Lázsló no fuese nombrada por la Unión Europea para gestionar esta crisis y ese miserable acuerdo con Turquía. Ella no lo habría hecho de forma muy diferente.
Entiendo que en los países hay tasas migratorias anuales que no se deben superar porque está comprobado que ello no es saludable. En este caso no tenemos ni esta excusa. Europa puede acoger a estos dos millones de refugiados y puede acoger a muchos de los que vengan después por el “temido efecto llamada”.
No solo puede, debe hacerlo por humanidad y por la responsabilidad debida a nuestra participación en los lucrativos conflictos que han generado la guerra, la miseria y la infamia que han expulsado a estas personas de sus hogares o de los escombros de estos. Debemos hacerlo porque nuestras industrias, nuestros bancos, nuestros políticos, nuestros poderosos y nosotros mismos nos hemos enriquecido y beneficiado con cada cadáver de Oriente Próximo, África y otras partes del mundo.
Decía que entendía los límites de la capacidad de acogida, pero estos son mucho más que los menos de veinte refugiados que hay en España. Podría entender que en un momento dado después de acoger a varios millones de personas y después de un esfuerzo sincero, Europa tuviese que poner limitaciones o frenos, decir algo así como “hemos hecho todo lo posible”.
Lo podría entender y sería una excusa para el juicio al que nos someterá la historia, para nuestras conciencias y para nuestros hijos y nietos. Ni siquiera tenemos eso.
Ante las preguntas de nuestros familiares en el futuro solo nos quedará la mentira, el silencio, el negacionismo o la locura. Es lo que tiene ser y saberse genocida, es lo que tiene que todos seamos Petra Lázsló.

lunes, 7 de marzo de 2016

SE LLAMA FASCISMO, Y YA ESTÁ AQUÍ


El Ayuntamiento de Cartaya (Huelva) ha cancelado la representación de la obra La mirada del otro, que aborda los encuentros entre víctimas de ETA y arrepentidos de la banda terrorista en la cárcel de Nanclares de Oca entre 2011 y 2012; un caso de censura (sin comillas, sin paliativos); y todo “por abordar el tema del terrorismo tras el caso de los titiriteros”.
Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid, es juzgada, como en Irán o en Arabia Saudí, en un juicio de carácter moral y religioso, por una protesta estudiantil (cargada de razón, por otra parte) en la Universidad. Y, mientras, la Iglesia católica en España se apropia de miles de propiedades inmuebles, e incluso de espacios públicos, plazas y calles, sin que a nadie parezca importarle un comino.
Guillermo Zapata será juzgado de nuevo por reflexionar sobre la naturaleza de los chistes de mal gusto y el humor negro. Ni el juez cree en el delito, pero se ve obligado por otros jueces del PP a continuar una causa esencialmente política.
Dos jóvenes de Alcalá de Henares, Jesús y Elena, son detenidos y encausados tras el allanamiento por parte de la policía del centro social “Las Trece Rosas”, que es la sede del Partido Comunista en la ciudad, simplemente por estar en su propia casa celebrando una fiesta (algo que debiera parecernos inconcebible en términos democráticos, pero que apenas despertó reacción alguna en su momento ni ahora; quizás porque iban a por los comunistas, no a por nosotros aún).
Dos sindicalistas, Juanjo y Pedro, del corredor del Henares también, como los ocho de Airbus (absueltos, al fin), sufren persecución por la justicia solo por ejercer su derecho a la huelga (poned aquí todos los caso que conozcáis en vuestros pueblos y lugares de residencia).
Facebook y Twiter se han convertido en territorio de caza. La protesta ha quedado proscrita. Ser un trabajador en paro resulta sospechoso de por sí. Ser extranjero y del piel oscura es aún más sospechoso (de por sí).
Conozco escritores, gentes de teatro y animadores culturales que se autocensuran, desde hace tiempo, no tanto por afán de medro (que también), sino por miedo. Hace poco, escuché en un círculo supuestamente abierto y crítico que había que despolitizar la escritura y la cultura en general; que arte y literatura no es política.
En Cataluña hay miedo, en Euskadi hay miedo, en Madrid hay miedo, miedo a disentir, a destacarse, a expresar libremente las ideas, por no molestar, por no entrar en conflicto, por no quedar señalados. TV3 se ha convertido en TeleMadrid, realidades intercambiables en donde el desacuerdo ha desaparecido, en las que el miedo se ha apoderado de sus profesionales (poned aquí todos los medios y las televisiones de vuestros pueblos y lugares de residencia).
En TVE a los periodistas rebeldes, a los que aún les queda algo de la dignidad que se supone a su profesión, se les compara con ETA (una vez más). El consenso mediático hermana a El País, El Mundo, el ABC y La Razón. El afán de control mental y social iguala a PP, C’s, PSOE, ERC, PNV y CDC.
Y más allá y más acá de las leyes laborales o de la “ley mordaza”, los auténticos amos, banqueros, empresarios y mercados dicen que Podemos, de momento es peligroso, que no debe entrar en ningún gobierno, y no entrará (o, si lo hace, será a cambio de…). Como el capital y los mercados han dicho que Europa no debe terminar de construirse y no lo hará. Y no hay plan B que valga (lo siento, míster Varoufakis, y demás creyentes; y ya me gustaría que lo hubiese).
A otro nivel, pero el mismo nivel, al fin y al cabo, hace unos días, conocí el caso de unos supuestos asesores especializados en relaciones y conductas sexuales que aconsejaban a los maestros de un colegio de educación especial que no mostrasen sus afectos físicamente hacia sus alumnos mediante abrazos y caricias por miedo a ser denunciados como acosadores. Y nos extrañamos luego de que las conductas psicópatas, tanto individuales, como colectivas, se extiendan como la pólvora a nuestro alrededor.
Los sentimientos han quedado proscritos.
La Escuela, en general, debe ser una fábrica de seres seriados, sumisos, dispuestos a la explotación, preparados y capaces para la eterna competición, pero indiferentes a todo y a todos los demás (Juan Antonio Marina, LOMCE).
Es el miedo y la fría mecánica del consentimiento por doquier. El miedo a expresarse, a ser libre y a ejercer la libertad. Un miedo que se extiende y nos impregna. Que finalmente deviene silencio mortal.
Entre tanto, buenas gentes como Dani Rovira se sorprenden de las consecuencias de expresarse libremente en público. Mientras nuestros políticos, claro, están en lo suyo; ahora andan en eso de las “líneas rojas”, pues la vieja política no solo no ha muerto, sino que resucita pujante ante la indiferencia y el cansancio general.
Y nuestros “comunicadores” hozando en su particular lodazal, pugnando por salir en cuantos más medios mejor y en cuantas más tertulias mejor (alucino con el don de la ubicuidad de algunos de ellos, y el de la vacuidad de todos ellos), compitiendo por ver quién es el que más habla sin decir ni comprometerse a nada (el “grado cero” de la significación, para los que lo dudaban, era esto, ni más ni menos).
Y nuestros novelistas, dramaturgos, poetas, músicos, artistas, ¿qué hacen? Pues, salvo excepciones, miran a otro lado o tratan los temas con tal nivel de generalidad y de abstracción que sus palabras lo mismo valen para un sí como para un no; o para condenar el capitalismo, así, en esencia, como quien condena el pecado o el mal en el mundo (a ver si con su toma de posición, clara y diáfana, nombrando al medio con el que colaboran, la editorial con la que publican o a la corporación en la que se apoyan, van a perder su pequeñita cuota de mercado).
Es el fascismo, que, como se ha anunciado ya, como lo han anunciado otros antes que yo, ya está aquí… Un fascismo nuevo, quizás, en las formas: subrepticio y difuso, unas veces, chirriante y escandaloso, otras; pero, en realidad, antiguo en sus causas y en sus consecuencias terroríficas y deshumanizadoras. Avisados llevamos hace tiempo y avisados quedamos.
Quizás tengamos que volver a tomar las calles de nuevo, antes de que sea demasiado tarde, y vengan a por (todos) nosotros.

viernes, 26 de febrero de 2016

EL PSOE NOS LA VUELVE A JUGAR


Las ocultas intenciones se han cumplido. Como era de esperar. Todas las pistas apuntaban a ello. Pocas palabras bastan para buenos observadores, y no era normal que a un partido que se autodenomina "socialista" al que le proponen un Plan de Gobierno desde la izquierda, no sólo se niegue a ello, sino que además, como ha hecho el PSOE, lo entienda como un ataque, un chantaje, o una humillación.
Ahora lo tenemos claro. Ahora todas las piezas encajan en su sitio. Todo aquello no eran más que aspavientos, excusas y declaraciones grandilocuentes para esconder el auténtico sentimiento que le producía al PSOE la propuesta de PODEMOS, que no era otro que miedo. Sí, miedo a tener que retratarse, miedo a perder su hegemonía de la falsa izquierda que propugna, miedo a que se le viera el plumero quedara claro que el PSOE abandonó la izquierda política hace ya mucho tiempo.
Las opiniones vertidas por los pesos pesados del partido, tales como Felipe González, Alfonso Guerra, Pérez Rubalcaba, junto a las presiones del Comité Federal y de los líderes territoriales, el famoso almuerzo con patéticos personajes históricos del partido, así como las presiones al más alto nivel (la prensa del régimen, la Comisión Europea, la Casa Real, la CEOE, o la Fundación "España Constitucional"), y a todo ello sumado la tibieza y cobardía de un Secretario General como Pedro Sánchez, al final han dado sus frutos, y el PSOE no pactará con PODEMOS la formación de un gobierno de corte progresista y de izquierdas.
Aliado para esta tarea con el PP y el partido de Albert Rivera, han ido vertiendo desde el 20D hasta acá todo tipo de declaraciones inaceptables sobre una fuerza política democrática como es PODEMOS, satanizando a su ideario y a sus líderes, demostrando muy poco respeto por sus votantes, y hablando, para este menester, el mismo lenguaje que los dinosaurios del PP, como José María Aznar o Esperanza Aguirre.
Hemos asistido durante estos más de dos meses a una operación de tal bajeza moral y política como nunca se había dado en nuestro país, al menos en su reciente etapa "democrática". Declaraba Susana Díaz, la lideresa andaluza, justo en el día del último Comité Federal de su partido, que estaba "cansada de que el señor Iglesias faltara el respeto a los dirigentes y a los militantes socialistas", y yo quiero decirle desde aquí a la señora Díaz que nosotros, los que pensamos y sentimos desde la izquierda, estamos hartos de este PSOE, señora Díaz.
Hartos de un partido de engañabobos, de pura apariencia, de cara a la galería, cuyos dirigentes históricos se sitúan en los planteamientos de la derecha más pura y dura. Ahí están los nombres de González, Bono, Leguina, Corcuera, Guerra, Ibarra, y tantos y tantos otros que llevan insultando al auténtico socialismo durante décadas. De hecho, las aberrantes descalificaciones que se han hecho a PODEMOS desde las filas "socialistas" son casi idénticas a las que se han hecho desde las filas del PP, y concretamente, las declaraciones de Felipe González, calcadas a las de José María Aznar (según ellos, esta fuerza política viene a "subvertir nuestro sistema democrático"). Muy fuerte.
Ellos, que llevan debilitando nuestra democracia, adelgazando nuestro Estado, desmontando nuestros servicios públicos, atacando las históricas conquistas sociales de la clase trabajadora, privatizando todo cuanto encuentran a su paso, y entregando el patrimonio público a las grandes empresas, justamente ellos, son los mismos que se atreven a acusar a PODEMOS de pretender subvertir el sistema democrático. No se puede ser más ruin y más despreciable.
La sagrada palabra que es "socialismo" se denigra y se pervierte en las voces de estos dirigentes de pacotilla, de estos mediocres servidores del capital, se prostituye y se degrada hasta provocar la náusea. Sí, estamos hartos de este PSOE que utiliza y llama al voto de la clase trabajadora para después volver a jugar con ella, para lanzar medidas contra sus intereses, y para insultar a los partidos que de verdad defienden un sistema de mayor justicia social.
Pero vamos a los hechos, para ilustrar al completo lo sucedido durante estos últimos días. Paralelamente a una reunión a cuatro con formaciones de izquierda (a la que hubo que "arrastrar" al PSOE, que se lo tuvo que pensar antes de acudir), el PSOE cerraba una negociación con la formación política de Albert Rivera (para lo cual no tuvo que pensárselo tanto), y a pesar de que CIUDADANOS, viendo cercano el acuerdo, impuso al PSOE cinco medidas cosméticas de "reforma de la Constitución", el PSOE las aceptó en menos de 24 horas, siendo muy significativo que no se haya hablado en esta ocasión de imposición, humillación o chantaje.
Dicho acuerdo no hace referencia a la derogación expresa del conjunto de leyes antisociales que el PP ha promulgado durante su legislatura, tales como la LOMCE (que se paraliza), la Ley Mordaza (que se deroga sólo parcialmente), o la Reforma Laboral, que no se deroga, y en su lugar se reforma parte de su articulado, en especial lo relativo a las indemnizaciones por despido (que se siguen abaratando) y a los tipos de contrato, presentando, por tanto, otra Reforma Laboral regresiva encubierta. Tampoco se deroga el copago sanitario, ni se sube el SMI un 5% como indicaba el programa electoral del PSOE (sólo un 1%), ni se hace referencia a la dación en pago para los casos de desahucio.
Por su parte, el acuerdo contempla un conjunto de medidas lesivas para las clases populares, tales como el complemento salarial para trabajadores pobres, y asume el compromiso de una "modificación de la redacción" del artículo 135 de la Constitución (que no su derogación).
Antes del acuerdo con CIUDADANOS, el PSOE había manifestado su discrepancia con PODEMOS en puntos tales como el referéndum en Cataluña (su mejor pretexto para no ir de la mano con Pablo Iglesias), el "control político" de ciertos organismos (nada que no se haya asumido por las Vicepresidencias de gobiernos anteriores), o el incremento del gasto público en 24.000 millones de euros anuales. Tampoco estaban de acuerdo en retrasar 3 años la reducción del déficit público por debajo del 3% (argumentando que eso depende de la Unión Europea), o con la renegociación del pago de la deuda pública (un auténtico lastre para implementar medidas de justicia social), o con la derogación de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria, entre otras cuestiones.
Son, por tanto, las propuestas de izquierda las que tanto molestan al PSOE. El acuerdo con CIUDADANOS está pensado (como han expresado muchas veces los dirigentes del partido naranja) para esperar al PP, para ejecutar indirectamente sus políticas, para tener una gran coalición "en diferido" (en expresión de Pablo Iglesias), en una palabra, para continuar ejecutando, pero de manera más suave y disfrazada, las políticas de la derecha.
El acuerdo, por tanto, no es progresista, sus reformas van en la misma línea económica que prefieren los altos directivos del IBEX-35, y bajo la excusa del pactismo y de contentar a izquierda y derecha (cosa harto imposible), vuelven a maltratar a las clases populares y trabajadoras. El PSOE ha vuelto a demostrar, y ya van muchas veces, que no quiere poner en práctica auténticas políticas al servicio de la inmensa mayoría social, sino continuar atendiendo a los intereses de los más poderosos.
No pueden empeñarse en mantener una negociación a dos bandas, a sabiendas de que los caminos de ambas formaciones son antagónicos. Ante esta situación, PODEMOS anunció su retirada de la mesa de negociación con el PSOE. Por supuesto, el espacio de negociación a cuatro (con IU-UP y Compromís) también se ha roto, ante la incompatibilidad de la situación creada.
El PSOE ha vuelto a frustrar, una vez más, una oportunidad histórica de un gobierno auténticamente progresista, que había despertado la ilusión de millones de personas, ante las auténticas barbaries legislativas del gobierno del PP. Está claro que lo seguirán pagando en próximas convocatorias electorales.
La guinda de todo este pastel la pondrá una consulta a la militancia absolutamente ridícula, un intento patético de simular una democracia entre sus bases, porque se va a formular una pregunta muy genérica, sin referencia a acuerdos concretos, ni a formaciones políticas específicas. Y así, los militantes del PSOE tendrán que responder sí o no a una especie de cheque en blanco, que legitima o refrenda los posibles acuerdos que la dirección del partido pueda alcanzar.   
En fin, esperamos que después de todo este episodio (aún tendremos que asistir al proceso de investidura, donde todavía podemos tener sorpresas), ni siquiera los militantes y simpatizantes más fieles del partido tengan dudas de que el PSOE, en la práctica, es idéntico al PP, y que ambos forman ese búnker del bipartidismo (ahora tripartidismo, con la presencia de CIUDADANOS), empeñado en que en nuestro país no gobiernen fuerzas que representen de verdad a la izquierda transformadora. Pero quizá este panorama cambie dentro de poco tiempo. No se puede estar jugando con fuego siempre, sin quemarse.