lunes, 11 de marzo de 2024

LA SOLEDAD DE LA IZQUIERDA ESPAÑOLA

 

           Decía Victor Hugo que el infierno está todo en una palabra, soledad, y me parece que el presidente Pedro Sánchez y sus ministros lo deben estar comprobando muy claramente.

No creo que lo que peor lleven sea la permanente carga de la derecha política y mediática contra cualquier cosa que hagan. Seguro que conocen la historia moderna de España y saben que siempre ha habido y hay un limitado grupo de oligarcas que se consideran sus propietarios. Por eso la derecha española que los representa no permite nunca por las buenas que se haga con los resortes del gobierno y las instituciones quien le sea ajeno, o quien no haya sido nominado por ellos para gobernar en su nombre y favor. No solo defienden su huevo sino, sobre todo, lo que piensan que es su fuero, el derecho a ser «la España de bien» que decide por todos los españoles.

La cruzada inmisericorde contra Pedro Sánchez y su gobierno ya la hemos vivido antes porque responde a esa razón. Lo que sucede es que tenemos muy poca memoria. Las barbaridades que ahora dicen contra Sánchez están calcadas literalmente de lo que dijeron en su día de los anteriores presidentes socialistas. No hay nada nuevo.

Yo creo que si Pedro Sánchez y sus ministros deben sentirse, con toda razón, en un infierno es porque gobiernan en soledad.

Así ocurre porque la izquierda renunció hace tiempo a conformar un sujeto social vivo, poderoso, protagonista, cómplice, determinante y, por encima de todo, inspirador primero y luego baluarte y defensor de las decisiones que tomen en cada momento sus representantes y líderes.

Las casas del pueblo socialistas languidecen, Sumar fue una buena idea pero nació tarde, se desfiguró y ahora carece no ya de base social activa, sino incluso de militancia. Y, al margen de ambos partidos gobernantes, la sociedad civil no encuentra la forma de expresar sus demandas y de organizarse para proporcionar apoyo a quienes están tratando de defender sus intereses con la mejor voluntad.

        La izquierda que gobierna no oye ni dialoga con la sociedad, y sus propias organizaciones son aparatos cesaristas en las que tampoco hay debate ni elaboración colectiva. Creer que basta llegar al gobierno para realizar cambios sociales es mucho peor que una ingenuidad. Es la irresponsabilidad en la que han incurrido las izquierdas de nuestros días y lo que las lleva continuamente al fracaso cuando tratan de aplicar sus programas sin el apoyo y defensa de la gente, o a la traición, cuando ya ni siquiera lo intentan.

El actual gobierno de Pedro Sánchez sufre de este problema en grado sumo porque nació obligado a tomar decisiones que la inmensa mayoría de la gente no puede apoyar sin deliberación, pedagogía y buena comunicación, sin mantener contacto estrecho y dialogante con su base social. La izquierda no cuida a los mediadores sociales que pueden defenderla y ni siquiera se preocupa de organizar socialmente su defensa.         

No ha hecho nada para impulsar la movilización y contestación de su base social ante la brutal, demagógica y la mayoría de las veces mentirosa ofensiva de la derecha contra cualquier medida que se tome, por moderada que sea y aunque en realidad no suponga el más mínimo quebranto real del poder dominante. Lo normal es que ocurra cuando se actúa como si el gobierno fuese un fin en sí mismo y los dirigentes de los partidos se ocupan en la pomposa tarea de gobernar y no en la menos vistosa de promover la deliberación y debatir, movilizar y organizar para dar sentido al gobierno, apoyarlo y defenderlo cuando lo atacan.

Cuesta decirlo, pero lo cierto es que los partidos de izquierdas que no se enteran de que transformar la sociedad no es una cuestión de líderes, césares o personalidades individuales, ni algo que se consiga gobernando a cualquier precio, están  haciendo lo mismo que el coronel que no tenía quien le escribiera en la famosa novela de García Márquez: “El día que me sienta mal no me pongo en manos de nadie. Me boto yo mismo en el cajón de la basura”.

miércoles, 7 de febrero de 2024

EL INFAME SEBASTIAN PIÑERA: OTRO QUE SE FUE SIN PAGAR SUS DESMANES

 


        Mientras amplios sectores de la región de Valparaíso y otras zonas del país desde hace días son castigadas fieramente por una ola de incendios que ha cobrado cientos de vidas, viviendas y poblados pobres, este martes 6 de febrero el expresidente pinochetista Sebastián Piñera (74 años) murió en un accidente de helicóptero cuando la aeronave que él mismo pilotaba cayó en medio del Lago Ranco, en la región de Los Ríos.

El accidente sucedió a media tarde, en el sector rural de Ilihue, cuando despegó bajo la lluvia desde la vivienda de uno de sus amigos. A los pocos minutos de vuelo, el helicóptero perdió la sustentación y cayó. Piñera viajaba con tres familiares, quienes se salvaron; sin embargo, el multimillonario y exmandatario no logró salir de la nave.

De manera extraña, el foco de la atención de los medios masivos de comunicación se trasladó raudamente desde la tragedia de los siniestros masivos hasta los detalles palaciegos del fallecimiento de Piñera, quien hizo su fortuna gracias a la sangrienta dictadura militar que inició el 11 de septiembre de 1973. Su hermano José Piñera fue el elegido por la Junta Militar como uno de los principales civiles artífices de la contrarrevolución chilena, responsable de la imposición del programa capitalista neoliberal que persiste hasta la actualidad, inventor del fracasado sistema de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), privatizador en serie de los bienes y las industrias del Estado, y creador de un antisocial Código Laboral con el propósito de destruir el que fuera el movimiento de trabajadores más poderoso y consciente del continente durante los 50 e inicio de los 70 del siglo XX; por su parte, Sebastián Piñera gozó de los privilegios financieros de la tiranía, siendo incluso salvado de la cárcel ante las estafas bancarias que protagonizó en aquella época.

        El extinto político, según Forbes, contaba con una fortuna cercana a los 3 mil millones de dólares, lo que le convertía de uno de los individuos más ricos del país y del mundo.

Más allá de acrecentar su situación económica durante las dos ocasiones que ejerció de primer mandatario con el apoyo de las fuerzas reaccionarias de la sociedad chilena, en el marco de un régimen político duopólico, antidemocrático y de alternancias de matices indistinguibles -el mismo elaborado por Henry Kissinger para Estados Unidos entre Demócratas y Republicanos, que luego irradió hacia sus áreas de influencia-, Sebastián Piñera marcará la historia de Chile por la impunidad respecto de su responsabilidad política en las violaciones de los derechos humanos cometidas durante el llamado estallido social que comenzó el 18 de octubre de 2019 y que tuvo al sistema político en ascuas durante varios meses. Las movilizaciones populares se mantuvieron hasta la llegada de la pandemia de coronavirus donde la administración Piñera, junto a la mayoría de las instituciones políticas, impuso un estado de excepción, toque de queda y control social que fue minando la fortaleza de la revuelta.

        De acuerdo a entidades ligadas a los derechos humanos y al propio Instituto Nacional de Derechos Humanos del Estado de Chile, en el transcurso del estallido social, el gobierno de Piñera, a través de la policía militar y de agentes de las Fuerzas Armadas, asesinó a alrededor de 40 personas; reprimió con violencia inédita las manifestaciones pacíficas; disparó con munición de guerra sobre la población inerme, sus casas y edificios privados; torturó y violó a niñas y niños; mutiló partes del rostro y los ojos de unas 500 personas; llenó los penales de cientos de presos políticos (algunos todavía encerrados, esperando un juicio que no llega) y, en general, arremetió con atropellos y vejaciones similares a las de la dictadura militar contra miles de personas.  Sólo entre el 18 de octubre y diciembre de 2019,  25.000 personas fueron detenidas.

Al igual que en otras ocasiones, la elite política del régimen, con el presidente Gabriel Boric a la cabeza, desplazó incluso la gravedad mortal de los incendios en curso, para deshacerse en halagos dedicados a la figura de Sebastián Piñera.

Además de decretar tres días de duelo nacional, Boric calificó al recién muerto como «un gran demócrata», a la par que el gremio del empresariado (Confederación de la Producción y el Comercio, CPC) que llamó a Piñera «un defensor de la democracia y hombre de Estado». El expresidente demócrata cristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle dijo que el fallecido «Buscó servir a Chile con gran pasión», mientras que la expresidenta socialista Michelle Bachelet afirmó que «Valoré siempre el compromiso con nuestro país». Ese fue el tono y sentido de los representantes del conjunto del arco de partidos políticos que hacen la presente administración de La Moneda. La sociedad ya sabe cómo quieren ser despedidos los políticos profesionales que ven en la muerte de Piñera, como en un espejo, su eventual retiro por razones mortales.            

        Por abajo, el pueblo común inundó con bromas de humor negro las redes sociales y los teléfonos móviles. Lo cierto es que Sebastián Piñera, al igual que Augusto Pinochet y tantos otros, se fue sin pagar ni con un minuto de cárcel sus culpas políticas en relación a los crímenes de lesa humanidad infringidos contra buena parte de la comunidad chilena.

El máximo responsable de todo ello y muchas cosas más, ha fallecido disfrutando en grande de la vida, sin rendir cuentas. El pueblo chileno no llorará su muerte.

La impunidad galopa. Hasta la próxima revuelta, dicen.

miércoles, 3 de enero de 2024

FELIZ 2024

        Todo cambio de año es, en realidad, un cambio de ciclo de la naturaleza, del tiempo y de la vida. Es eso, en esencia, lo que celebramos y no las parafernalias absurdas ue nos rodean y nos confunden en estas fechas en nombre de eso que llaman “tradiciones” los mismos que han ido destruyendo a lo largo de la historia cualquier tradición que no fuera suya.

Ya hemos pasado la Navidad, que me parece una fiesta superficial y ajena a su verdadero significado natural, que debería ser el auténtico, el de las Saturnales, que celebraban el cambio de estación, de la llegada de la luz y el color. Una fiesta de celebración que invita a renovarnos, a abandonar lo viejo y a dar la bienvenida a lo nuevo. Lo cual es, en realidad, la esencia de la vida. Y es por ese contexto natural de transformación que, de manera natural, cuando llega el nuevo año nos solemos poner objetivos, o nos centramos en deseos renovados, o creamos nuevos buenos propósitos. Y puestos a ello, voy a confeccionar una pequeña lista de buenas intenciones y buenos propósitos, que falta nos hacen.

Yo pediría al nuevo año:

– Para nosotros, en primer lugar, un poco más de criticismo y un poco más de conciencia del peligro de los fundamentalismos de cualquier tipo, religiosos y políticos, para frenar esa espiral de insensatez y generación de odio que están teniendo los grupos y partidos de la derecha y extrema derecha. De nosotros depende que Vox y PP dejen de estar en el candelero.

– Un referéndum para echar a los Borbones de la Zarzuela. A todos. Y para pasear a Juan Carlos por los tribunales. Ya dirán muchos que eso no pude ser por el tema de la inviolabilidad. Vale, me conformo con lo hecho a partir de la dimisión. Iría listo.

– La ruptura del Concordato con la Santa Sede y su consecuencia: pediría más razón, más laicidad y menos dogma, más Educación y menos religión. Me encantaría que en la Enseñanza reglada se enseñara ciencia, arte, cultura y no se adoctrinara en ideología alguna. Y me gustaría que se avanzara un poco en la tan deseada separación Iglesia-Estado, lo cual es la columna vertebral de toda democracia. Una escuela libre de dogmatismos y de adoctrinamientos en la que predomine la libertad de cátedra y se eduque a los alumnos en un ambiente de concordia, racionalidad y humanismo. La cultura es esencial para el desarrollo de nuestros alumnos.

– Que se aboliera la aberración que es la tauromaquia, en la convicción de que cualquier crueldad contra un animal es la misma crueldad que se es capaz de ejercer contra las personas, y de que una sociedad habituada a la crueldad es más insensible, más tosca, más manipulable y más necia.

– Pediría sensatez a la derecha, aunque parece hoy por hoy que eso es pedir peras al olmo, y pediría con fuerza mucha más unión a la izquierda y a partidos y grupos progresistas, aunque solo fuera para oponer resistencia al avance peligroso de la extrema derecha. Porque ya estamos viendo que la izquierda desunida no opone resistencia a nada, y es muy desalentador percibir que muchos se centran en las diferencias y no en los objetivos comunes. Que se pregunten el cacao mental de los votantes españoles a la hora de votar progreso en este país.

– En lo personal pediría lo que solemos desear todos para nuestras vidas: salud, alegría, amor, ternura y, sobre todo ilusión, montañas de ilusión y muchos sueños. Yo he vivido porque he soñado mucho, escribe en uno de sus poemas el poeta mexicano Amado Nervo.

 

Y despido este primer día de 2024 con la marcha Radetzky dirigida por el maestro Barenboim.

 

https://youtu.be/wh1p5tEd2UE


 


martes, 2 de enero de 2024

NETANYAHU EL HERODES DEL SIGLO XXI

 

        Cuenta la Biblia que cuando aquellos reyes magos  – que  ni reyes ni magos fueron, sino buscadores espirituales y astrólogos honestos – contaron al rey Herodes la noticia del nacimiento en Belén de un rey de los judíos, este mandó inmediatamente a sus soldados a degollar a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén. ¿Cómo iba a permitir Herodes  tamaña competencia en esa Palestina  ocupada miliarmente y convertida en su propiedad privada? (¿Les va sonando?).

Desde que comenzó el genocidio de Gaza, al menos nueve mil niños y niñas con sus madres  han sido asesinados con la misma intención que la de Herodes de no permitir competencia por el territorio de Palestina. Israel lo quiere  sin  árabes, preferentemente si son  niños y sin mujeres que puedan procrearles: Un programa de exterminio selectivo de la peor especie concebible por un humano y menos aún por un animal con los de su propia familia.

Madres gestantes, niños en incubadoras, neonatos y de cualquier edad y sexo al alcance de las bombas sionistas son asesinados día tras día, hora tras hora y sin descanso a la vista de la humanidad entera que mira pasmada, incrédula, atónita o indignada semejante crimen repetido sin cesar y  sin otro límite que la muerte de todos los niños y niñas de Gaza y Cisjordania. No son daños colaterales, sino blancos siniestramente  programados. No son guerreros de Hamás, no representan peligro alguno para los genocidas, salvo uno: el de existir.

    Los pequeños y pequeñas palestinos y sus madres son los “santos inocentes” de nuestra Era. Y qué tremendo resulta que este genocidio de inocentes lo sea  por razones semejantes al del sádico Herodes, imitado con creces por el sádico Netanyahu, que pasará a la historia de la humanidad como el mayor criminal que ha conocido la raza humana en millones de años.  Nunca como en esta ocasión el discípulo de un criminal supera a su maestro con tal ventaja  que solo se puede medir en ríos  de  sangre que fluyen sin interrupción hacia el mar.

Herodes estuvo solo y le bastó con unos pocos esbirros con espadas, porque ¡es tan fácil matar a un niño!.. Ahora la técnica he mejorado: es  más fácil asesinar niños a gran escala desde  un avión, y con ayuda de la inteligencia artificial acertar  con precisión milimétrica en cada cabecita, en el vientre de cada madre gestante o en la zona de incubadoras de neonatos en un hospital. Y da igual que huyan al sur o busquen refugio en uno u otro sitio: todos los lugares con refugiados son blancos fáciles y sin riesgos.

Asesinar  con todas las facilidades y sin riesgos para el asesino de ser acusado ni juzgado por contar con la complicidad de los gobiernos occidentales da mucha seguridad y permite elegir a las víctimas con toda tranquilidad.

La masacre de Palestina se contará a las nuevas generaciones como el suceso más horrendo acaecido en el siglo 21 y deseo de todo corazón que conste en los libros de texto futuros un mensaje parecido a este: En las navidades del año 2023, siendo emperador de Occidente un tal Biden, inició junto a un tal Netanyahu, su ahijado sionista de Israel, un programa de limpieza étnica apoyado por los  gobiernos del  imperio  desoyendo el clamor popular pidiendo paz. No fue posible la paz  ni en Navidad, en que se  celebra  el nacimiento de Jesús de Nazaret con su mensaje de PAZ y AMOR que también  desoyen  y desprecian.

lunes, 25 de diciembre de 2023

ESTA NAVIDAD JESÚS NACE EN GAZA

 



    En esta Navidad Jesús nace en Gaza. No en un pesebre, sino entre los escombros de lo que queda de las viviendas de sus habitantes.

No nace rodeado de animales, sino de bombas detonadas, balas de fusiles Tavor Tar disparadas contra la población civil (950 disparos por minuto), granadas y gases letales. Y de los vuelos asesinos de los cazas F-35.

Jesús nace e ignora que sus padres, que pretendían refugiarse en Egipto, fueron alcanzados por una lluvia mortal de bombas bunker buster lanzadas por las tropas israelíes.

Ahora no es el rey Herodes el que pasa por el filo de la espada a cientos de niños. Es el gobierno sionista de Netanyahu, en su ansia de venganza y de extermino de quienes considera “animales humanos”, según declarara el ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant.

Jesús y sus padres no encontraron albergue en Belén. Tuvieron que alojarse en un pesebre. Igual que ellos, las familias palestinas fueran sumariamente expulsadas de sus hogares para dejarles espacio a los colonos sionistas, que no reconocen el derecho de la nación palestina a crear un Estado legítimo. Desplazados, esos millares de familias se vieron confinados en los estrechos límites de Gaza y Cisjordania, controlados por tropas israelíes como si fueran subhumanas, sobreviviendo en condiciones de un campo de concentración a cielo abierto.

    Jesús nace hoy sin que los magos vengan a hacerle presentes de oro, incienso y mirra. Lo que le han regalado ahora son 12 mil toneladas de bombas desde el 7 de octubre (33 toneladas de explosivos por kilómetro cuadrado), lo que equivale a una bomba atómica.

No hay coro de ángeles ni cánticos de gloria a Dios, sino el sonido estridente de las sirenas de alarma y el silbido aterrorizador de los proyectiles disparados por los cañones mortíferos de los tanques Merkava.

Jesús nació bajo el sello de la discriminación por ser palestino, por ser un hijo bastardo de una pareja nazarena (tanto es así que José quiso abandonar a María cuando supo que estaba embarazada), por ser un sin techo, porque su familia ocupó la tierra de una finca en Belén, porque lo consideraron blasfemo y usurpador del título de Hijo de Dios.

Una vez más Jesús es rechazado en su propia tierra. Si a sus coterráneos les impiden crear su Estado, cualquier acción de autodefensa que emprendan será calificada de “terrorista”. Un calificativo que los grandes medios de comunicación nunca emplearon cuando Menachem Begin, el 22 de julio de 1946, voló por los aires el Hotel King David en Jerusalén y mató a 91 personas. Ni cuando más de 200 mil personas, todas inocentes, fueron cruelmente asesinadas en el mayor atentado terrorista de todos los tiempos: las bombas atómicas lanzadas por el gobierno de los Estados Unidos sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki.

Sí, Hamas transgredió las normas de la “guerra justa” al secuestrar a más de 200 personas, la mayoría civiles. Pero, ¿quién protesta ante las “detenciones administrativas” realizadas por el gobierno de Israel, que mantiene en prisión a cerca de 5 mil personas sin acusaciones formales?

Jesús nace en Gaza y ahora ya no pueden matarlo, porque resucitará en cada niño, en cada joven, en cada ciudadano palestino consciente de que la tierra de las viñas y los olivos guarda en su suelo las cenizas de sus más antiguos ancestros.

jueves, 2 de noviembre de 2023

PALESTINA: HITLER vs NETANYAHU

 

        La humanidad se enfrenta a una de sus noches más oscuras, donde las pesadillas iluminan con mortecinos relumbres la conciencia atormentada de los vivos. No de todos, pero sí me animo a decir que de la mayoría. Es que desde hace poco más de dos semanas hemos regresado a los horrores del genocidio y los espectros del Tercer Reich resurgen con fuerza.

Es cierto que, en un sistema imperialista como el que vivimos, aquél, el genocidio, es una práctica recurrente. Pero rarísima vez ocurre en la escala masiva que estamos viendo en estos días, bombardeando a mansalva a una ciudad, Gaza, que ostenta la mayor tasa de densidad de población por kilómetro cuadrado sólo superada por Singapur y Hong Kong.

Al momento de escribir estas líneas, al atardecer del domingo 29 de octubre, el número total de víctimas de estos ataques ya llega a más de 8.000, de los cuales 5.885 en Gaza a los que se deben sumar otros 84 ultimados en Cisjordania. Según lo anotan observadores calificados, de ese total unos 1.800 son niños, ancianos y mujeres. Pero esta cifra seguramente subestima el número de víctimas que aún hoy yacen bajo las ruinas de numerosos edificios de todo tipo: viviendas, escuelas, templos, refugios de la ONU y hospitales atacados por el régimen neonazi israelí.

Escombros imposibles de remover por falta de equipamientos adecuados y combustibles para mover bulldozers y retroexcavadoras. Cuando esta tragedia termine el número será muy superior a lo que se está calculando en estos días.

  En el Occidente hegemonizado por Washington la opinión predominante es que la brutal retaliación ordenada por el régimen de Netanyahu es la merecida respuesta a los asesinatos y secuestros de israelíes cometidos por Hamás cuando (¡inexplicadamente, debo decir!) penetró en el territorio de “Israel”. Pero esta narrativa soslaya que esta acción, por más condenable que sea, es respuesta a décadas de continuas atrocidades y violaciones a los derechos humanos perpetradas por los sucesivos gobiernos israelíes y por un Estado que, al violar las distintas resoluciones del Consejo de Seguridad, se ha convertido en lo que jurídicamente se denomina “un estado canalla”.

Un Estado cuyas políticas, como lo recordara el notable periodista israelí Gideon Levy, produjo el inhumano encarcelamiento de dos millones de personas durante casi veinte años, hacinados y privados de regulares abastecimientos de agua, alimentos, energía eléctrica, medicinas, combustibles y los insumos más elementales que requiere una vida civilizada. Nada bueno, concluye Levy, podía originarse como fruto de tamaña crueldad.

    La historia de esta verdadera limpieza étnica viene de muy lejos. Recordemos que desde la fundación misma del Estado de “Israel” su gobierno destruyó un mínimo de 500 aldeas palestinas, provocando el inicio de un interminable torrente de refugiados -800 mil en los primeros meses- que demolidas sus casas, destruidos sus sembradíos y robados sus campos se vieron forzados a abandonar la tierra de sus ancestros. A medida que pasaba el tiempo “Tel Aviv”, con el indisimulado respaldo de EEUU y la mayoría de los indignos gobiernos europeos, alimentaba sin pausa su política de conquista y robo territorial.

Unos 700 mil colonos se instalaron en tierras que pertenecían a familias palestinas con el total respaldo de las mal llamadas Fuerzas de Defensa Israelí, en realidad, un brutal ejército de agresión y ocupación de países vecinos.

Esos colonos nada tienen que ver con la bucólica imagen de un inocente farmer que difunde la corrupta prensa de Occidente y sus no menos corruptos políticos y gobernantes. Son grupos que disponen de permanente entrenamiento militar, tienen en su poder armas de guerra, y atacan, maltratan, torturan e inclusive matan a palestinos o palestinas que osan resistir a su despojo bajo la complaciente mirada de las autoridades y las fuerzas de seguridad de “Israel”.

       Tragedia que se desenvuelve en los Territorios Ocupados en donde habitan casi siete millones de palestinas y palestinos, a los que hay que sumar casi seis millones más de la diáspora dispersa por todo el mundo. Un pueblo expulsado de su tierra y convertido en un paria internacional. Dadas estas dramáticas circunstancias se comprende que es muy difícil para cualquier palestino ser amable con los causantes de esta tragedia

Días pasados tanto EEUU como Gran Bretaña y Francia vetaron una propuesta del Consejo de Seguridad de declarar un alto al fuego en Gaza. La misma había sido presentada por Rusia. Otro tanto ocurrió con otra postulada por Brasil. Ni EEUU ni las viejas potencias coloniales europeas tienen el menor interés en poner fin a la ocupación y la matanza en curso. Y el régimen israelí está embarcado en un derrotero que se asemeja bastante a la “solución final” propuesta por Hitler para resolver “el problema alemán”: exterminar a todos los judíos. Por un retruécano de la historia, ahora es el supuesto representante del pueblo judío, el Estado de “Israel”, quien ocupa el lugar del régimen nazi y adopta como propia su criminal política genocida.

    Hay un escandaloso paralelismo entre la valiente resistencia de los judíos asediados por las SS en el gueto de Varsovia y la de los palestinos en Gaza. Sólo cambia el nombre del señor de la muerte: Hitler antes, Netanyahu ahora.

Una nota final sobre la hipocresía de las “democracias occidentales”, que critican al “terrorismo” de Hamas pero cierran beatíficamente sus ojos ante el mucho más grave terrorismo de Estado israelí. Además se trata de gobiernos, comenzando por el de EEUU, que reclutaron a los terroristas jihadistas de Afganistán, los Talibán; a los de Al Qaeda y Daesh, y les ofrecieron dinero, armas y cobertura mediática y diplomática para desestabilizar o tumbar gobiernos que no eran de su agrado en diversas partes del mundo, fundamentalmente en Siria, Irak y Libia.

En otras palabras, cuando juegan para el imperio y sus secuaces, los “terroristas” se convierten en virtuosos “combatientes por la libertad.” Pero quienes tienen la osadía de oponerse a la prepotencia imperial son ipso facto anatemizados como “terroristas”, aunque su única arma sea la palabra. Este inmoral doble estándar habla con elocuencia de la descomposición moral de la tradición política de Occidente y de su deriva criminal.

jueves, 12 de octubre de 2023

ELLAS DICEN ¡BASTA!

             

            Nuestras hermanas ya están hartas de ser asesinadas y de ser humanas de segunda clase. Y han dicho Basta. Basta de andar por la calle acompañada por un vigilante, a esconder la cabeza y el rostro, a ocuparse en exclusiva de las labores domésticas, de los cuidados a enfermos y ancianos, de tener que educar preferentemente, de estar sujeta al capricho de la pareja y estar dispuesta al sexo cuando se le reclama. Basta de ser un objeto útil para el provecho del  varón y del patrón y de ser una trabajadora Beta en las empresas y con sueldos beta. Basta de tener miedo a ser violada, asesinada por la pareja despechada o por el criminal de esquina,  drogada en un descuido o manoseada en el metro. Basta de Rubiales de antes, de ahora y de Rubialitos de nueva generación de la universidad del porno.

Basta han dicho, y lo han dicho alto y claro. Porque todo eso o parte de eso es de total actualidad en todo el mundo de un modo escandaloso. Porque existe una agresión inadmisible  a la mujer en todos los pueblos de la Tierra con diferentes grados de violencia, utilización y desprecio, desde Oriente a Occidente, y eso cada vez es más virulento.. Por eso nuestras hermanas se rebelan, se manifiestan en todas partes y dicen basta.

España, a través del equipo del Ministerio de Igualdad con Irene Montero a la cabeza está siendo un referente global de la oposición al patriarcado machista con la ley del Solo Sí es sí, que tanto ha enfadado a todo macho ibérico genuino con o sin toga, con o sin banco parlamentario, con o sin partido en la sesión del copeo  del Parlamento popular llamado Bar, porque ¿qué invento es este de ser iguales? ¿No le iba bien a nuestras abuelas cuando tenían que pedir permiso al marido para tener una cuenta en el banco o un pasaporte? Por eso era tan fácil pegarles lo justo sin ser mal visto, exhibirlas como un trofeo de caza entre machos cazadores o matarlas porque eran suyas si querían “ ser de otro”, por aquello del derecho sagrado de propiedad.

       Es que el asunto es viejo, es que  el machismo viene arrastrándose por siglos, alimentado por dos poderosos padrinos: el patriarcado y la Iglesia, a cual más enemigo de la mujer. En esa corriente existe en España  una tradición de lo más rancio, y una desmemoria histórica desde la guerra civil para acá sobre los nombres de mujeres relevantes en diversos campos, especialmente las republicanas y feministas,  que se van conociendo a cuentagotas  y aún  muy lejos de ocupar una página en los libros de las aulas. ¿Quién se acuerda de mencionar el nombre de la republicana  María Moliner, autora de un diccionario de la Lengua que no tiene nada que envidiar al de la RAE? ¿ Que escolar podría decir algo sobre la pintora surrealista Maruja Mallo, la actriz María Casares, la escritora María Zambrano, la diputada Clara Campoamor, o quienes eran las “Trece rosas” fusiladas por Franco. Tantas, que harían muy largo este artículo. Muchas, sí. Pero no se encuentran en los libros de niños y jóvenes porque no son modelos de referencia. Lo serán, pero aún falta desbrozar mentes y corazones masculinos.

Es bueno recordar a los más jóvenes que fascistas parientes de los que hoy vociferan en nuestro Parlamento para vergüenza de la democracia,   fusilaban  mujeres, las violaban salvajemente por ser de izquierdas ellas o sus maridos, las pelaban al cero, les daban aceite de ricino, las encarcelaban en lugares siniestros y marcaban sus vidas para siempre, si es que no se las quitaban. Pero el caso español  no es un caso aislado en que se  muestra el esfuerzo del Sistema patriarcal fanático por hacer callar a las mujeres feministas, anticapitalistas, y hasta cristianas  de espíritu libre, como vimos en tantos casos.          

    Por eso, y a medida que van tomando conciencia de tanto desprecio, tanto desmán y tanto crimen, ellas se van rebelando desde Irán para acá, reivindicando estilo de vida y valores propios  y opuestos  al patriarcado. Y como este se fundamenta en privilegios de clase, la rebelión feminista se convierte en una verdadera revolución que promete alterar el orden capitalista, de ahí que tantos “señoros” y señoritos de capa y espada con derecho de pernada duerman intranquilos  en sus propias alcobas a medida que se extiende. Tienen pesadillas imaginando que planchan ropa, hacen camas o barren la casa. Tienen pesadillas imaginando que su mujer les abandona y  han de hacer la compra, lavar pañales y desgracias por el estilo. Así que se despiertan con un sudor frío: hay una amenaza en la cocina.

Sabemos cómo se actúa cuando se tiene  poder, riqueza, prestigio y hasta cultura si eso no va acompañado de principios éticos y morales. ¿Es necesario recordar cómo actúan los patronos y jefes ante trabajadores  y subordinados, líderes  políticos con  militantes de base  de sus propios partidos, jefes militares o policiales con soldados de menor rango especialmente cuando son mujeres?..

Son muchos los Rubiales de este mundo. Desde futbolistas a empresarios de todo tipo, desde actores a productores, desde políticos a cantantes de ópera; desde monitores deportivos a profesores, desde jueces a médicos o policías, y ¿cómo no? desde curas a obispos.

        Son muchos los Rubiales en todas partes y todos tenemos en nuestra  memoria de hemeroteca nombres de alguno de esos  que acabo de citar. Parece que estos tipos deberían ser un ejemplo de buena gente, de ciudadanos en los que la juventud debería mirar para seguir su ejemplo. Y claro que son un ejemplo, pero de lo peor: el machismo inunda discotecas, puticlubs, colegios, institutos, y trabajos de todo tipo, hasta tal punto que si un hombre  malvive como un esclavo, si convive con mujer  ella será su propia esclava. No es por incultura, sino  porque se asimiló la cultura del cacique o la del predicador religioso en su desprecio a Eva, y a eso unió su ego de macho dominador por la fuerza física y la costumbre largamente instaurada en su medio. No es por incultura que un hombre que se autodefine de izquierdas sea machista, o que lo sea un catedrático de derecho penal. Demasiados casos en que la mujer del prócer es solo eso: la mujer de, sin otra identidad destacable. Así que tampoco la cultura revolucionaria clásica salva del machismo. Más que ante un asunto cultural, nos encontramos ante un asunto de conciencia, de justicia elemental, de primero de ética de la más simple, que nos muestra la verdad con rotundidad solar: la igualdad entre hombres y mujeres es algo vital en nuestro tiempo y para siempre, caiga quien caiga, aunque quien caiga sea el señorito de su caballo milenario y de la almena de su castillo.