lunes, 30 de julio de 2018

¡VIVAN LAS CADENAS!


La princesa Corina ha hablado sobre los negocios presuntamente sucios de Juan Carlos de Borbón. Los medios de comunicación libres se han hinchado a publicar portadas, artículos y hasta editoriales, los otros, los monárquicos, se han limitado a esconder la noticia entre el laberinto de sus columnas.
La Casa Real calla. El Gobierno calla. Lo mejor de todo es que a ningún súbdito/a, osea a ningún español/a la noticia le ha sorprendido y, lo peor de todo, muchos, muchísimos le quitan importancia.
El grito de ¡Vivan las cadenas!, con el que los absolutistas españoles recibieron al borbón Fernando VII a su vuelta del destierro, se repite hoy y desde 1975.
No contenta con ello media España está dispuesta a desenganchar los caballos del carruaje del borbón y ocupar el lugar de sus bestias de tiro, literalmente ya lo hicieron en 1814.
A falta de Franco un rey, o dos. Así lo decidió el dictador y así lo acata el pueblo español, así lo tiene decidido de forma inmensamente mayoritaria. Una decisión basada en el general desconocimiento de lo que una república representa como forma de estado, enormemente agravado por el antirepublicanismo fomentado desde el estado y la iglesia católica desde 1939 hasta nuestros días.
España es así. Nos va la marcha, la militar también. Me dicen que la World Values Survey (WVS), un proyecto global de investigación social que explora de forma empírica los valores y opiniones de la gente, entre otros temas el apoyo a las democracias, en sus nuevos datos publicados asegura que casi el 40% de la población española preferiría un régimen autoritario a un sistema democrático.
Si un 40% de la población infravalora un modelo de estado democrático, nos puede dar una idea de la valoración que pueden hacer de una República democrática y no digamos ya si esa República se constituye como “… una República de trabajadores de toda clase, que se organizan en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo”, tal y como quedaba expresado en el Artículo 1 de la II República Española.
Por si algo faltaba, hoy mismo la derecha heredera del franquismo, aunque algunos (muchos) lo nieguen y se empeñen en autodenominarse centro-derecha, ha dado un paso de gigante hacia la derecha pura y dura.
En estos días un ferviente admirador de Manuel Fraga y de José María Aznar ha sido elegido como presidente del Partido Popular, y por tanto candidato a la presidencia del gobierno, y lo ha sido con el respaldo de la vieja guardia del partido hábilmente espoleada por Aznar y los suyos. Se avecinan malos tiempos.
Así las cosas el problema no es el Borbón, al Borbón y a los borbones se les puede meter en un transporte con destino a cualquier país del mundo, por ejemplo a Suiza, ya se hizo en 1931, el problema reside en ese 40% de españoles en edad de votar que ni saben ni quieren saber lo que es la Libertad y la Justicia social…. y se inclinan entusiasmados al paso del rey.

martes, 17 de julio de 2018

ACABAR DE UNA VEZ CON LA ALARGADA SOMBRA DEL FRANQUISMO


Hace unos días, el Presidente Pedro Sánchez anunció que antes de acabar el verano se exhumarían y trasladarían los restos mortales de Francisco Franco al lugar que indicara su familia. Una antigua reivindicación de las gentes que aman la libertad para empezar a suprimir lo que resta de franquismo y sus nefastas herencias y huellas en este país.
El Gobierno de Sánchez ya ha hablado al respecto con la familia del fallecido dictador y también con la jerarquía de la Iglesia Católica (gestora del mausoleo y basílica del Valle de los Caídos donde están los restos de Franco) para concretar su exhumación y traslado. Altos dignatarios de la Iglesia habían hecho saber públicamente que colaborarían en la exhumación y traslado de lo que quede del autócrata en el Valle de los Caídos.
Una medida deseada por muchos ciudadanos y ciudadanas, aunque persistan algunas opiniones contrarias minoritarias y necias (del latín, nescio, nescis, nescire, nescivi, nescitum: no saber, ignorar, desconocer) propias de partidarios, admiradores y nostálgicos del franquismo.
Al tiempo que se comunicaba la intención de trasladar los restos del dictador, Izquierda Unida registraba en el Congreso de los Diputados una propuesta de ley que amplía la de memoria histórica democrática con medidas que van desde la ilegalización de cualquier asociación del tipo que sea que haga apología del franquismo o de Franco hasta multas y penas de cárcel por incumplir la ley de memoria histórica, además de establecer un censo oficial de víctimas de la dictadura franquista y un mapa de fosas comunes.
Hace 43 años falleció el dictador Franco, tras soportar la ciudadanía española 36 años de férreo autoritarismo y represión. Ahora, que llevarán sus restos a donde su familia indique (si es que lo indican pues, al parecer, ni su familia lo quiere), cabe recordar que en 1946, la ONU condenó el franquismo de modo tajante. Fue en San Francisco, Potsdam y Londres, ciudades en las que se reunió la asamblea general de los pueblos de las Naciones Unidas para crear la ONU.
Las Naciones Unidas condenaron por unanimidad el régimen de Franco. La Asamblea General de los pueblos de las Naciones Unidas concluyó sin el menor asomo de duda que en origen, naturaleza, estructura y actuación general, el régimen de Franco era un régimen fascista. La ONU aseguró que pruebas innegables demostraban que Franco fue, con Hitler y Mussolini, culpable de una conspiración de guerra contra los países que fueron agredidos por fascistas, nazis y franquistas y, tras la II Guerra Mundial, formaron las Naciones Unidas. La Asamblea General de los pueblos de las Naciones Unidas afirmó que el Gobierno fascista de Franco en España fue impuesto al pueblo español por la fuerza, no lo representaba ni lo representó nunca. Y sancionó al régimen franquista con la retirada de embajadores, embargos y otras medidas.
Lamentablemente, los intereses de EEUU, presididos primero por el ex-jefe supremo de los ejércitos aliados en Europa durante la guerra mundial, general Dwight Eisehower, y después por Harry Truman, acabaron con el bloqueo al que la ONU había condenado a la España franquista por su evidente colaboración con al fascismo de Mussolini y el nazismo de Hitler. Pero EEUU prefirió considerar la dictadura franquista como aliada en su enfrentamiento con la Unión Soviética y estados satélites en la guerra fría que empezaba. Los intereses de EEUU primaron sobre el hecho de que la España de Franco fuera una dictadura implacable, condenada internacionalmente, que violaba sistemáticamente los derechos de la gente.
Una dictadura que hoy sabemos causó al menos 143.000 desaparecidos forzados, cuyos restos mortales siguen en las cunetas del país en unas 2.500 fosas comunes. España soporta así la vergüenza de ser el segundo país del mundo con más desaparecidos forzados detrás de la Camboya del criminal Pol Pot y sus jémeres rojos. Además, según informe del Consejo de Europa, en los años cuarenta e incluso principios de los 50, los presos políticos fueron en la España de Franco extremadamente numerosos: unos 400.000, muchos de los cuales fueron forzados a trabajar en obras del franquismo. En 1940, “la tasa de encarcelamiento en España era casi tan elevada como la de la Alemania nazi“, asegura un informe del Consejo de Europa. A sumar además entre las víctimas de la dictadura los 220.000 exiliados que se fueron a Francia, México, Argentina y otros países de América Latina para poder vivir.
Cientos y cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas españoles, denuncia ese informe, sufrieron cárcel, malos tratos y torturas por luchar por la libertad y por la democracia y aún constan como delincuentes en los archivos de la Justicia española de la época franquista de un modo incomprensible, porque ningún gobierno de la época democrática desde 1976 ha tenido el valor y el coraje de anular las sentencias de la ilegítima y criminal dictadura franquista.
Según varias estimaciones, los muertos por la dictadura franquista serían unos 150.000, pero podrían ser 400.000 si se incluyen las víctimas muertas en campos franquistas de concentración durante la guerra civil y primeros años de dictadura. El historiador francés Guy Hermet subraya que las masacres se prolongaron mucho tiempo bajo el gobierno franquista y, de los cientos de miles de presos internados en campos de concentración franquistas, fueron fusilados más de 190.000.
El franquismo fue una dictadura asesina que murió matando. El 27 de septiembre de 1975 en Madrid, Barcelona y Burgos, fueron fusilados tres miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) y dos de ETA político-militar. Apenas dos meses después, murió el dictador tras una larga y dolorosa agonía.
Además de la ONU, el 16 de marzo de 2006, el Consejo de Europa (organización que agrupa los 47 Estados de Europa, salvo Bielorrusia, Kazajistán y el Vaticano) también condenó por unanimidad las “graves y múltiples violaciones de Derechos Humanos cometidas en España por el régimen franquista de 1939 a 1975“.
Según Miguel Ángel Rodríguez Arias, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Castilla-La Mancha, España es la única democracia que no ha investigado nunca su terrorismo de Estado tras desaparecer la dictadura. A pesar de que, según el historiador británico Paul Preston, los crímenes políticos que perpetró Franco fueron muy superiores a los cometidos por Hitler, aunque éste lo aventajó ampliamente en masacres raciales. Los crímenes del franquismo perpetrados por instituciones y personas franquistas fueron “una venganza ciega” según Preston.
Todo eso es agua pasada, oiréis que arguye una minoría que no quiere que se investiguen, juzguen ni castiguen los crímenes de guerra y de lesa humanidad perpetrados por la dictadura franquista en la guerra civil y durante los treinta y seis años siguientes. Pero, contra la falsa razón de que hay que olvidar y cerrar heridas, siguiendo con el símil, las heridas que no se abren, se limpian y airean, se infectan y provocan la muerte. Hay que juzgar los crímenes del franquismo que, por ser de guerra y lesa humanidad, no prescriben según el derecho penal internacional.
Además es imprescindible anular los juicios y condenas de republicanos y demócratas en general perpetrados por tribunales franquistas y, por supuesto, procesar a quienes se rebelaron criminalmente contra la legítima República, provocaron la guerra civvil y crearon y sostuvieron la dictadura franquista. Todo ello es la gran asignatura pendiente de España y de su ciudadanía. En tanto no se aborde y resuelva, este país no levantará cabeza ni será una democracia completa digna de tal nombre.

martes, 5 de junio de 2018

LA PRIMERA REVOLUCIÓN DE LAS MUJERES EN ESPAÑA


El 19 de julio de 1936 debería estar señalado con letras rojas y de molde en el calendario de la Historia del feminismo y de la lucha de las mujeres en España. El 19 de julio debe ser el Día de la Mujer en nuestro estado español, de la Mujer Luchadora, al margen de que el 8 de marzo se celebre su Día Internacional. Porque nunca antes, y creo que ahora tampoco a pesar del auge y profundidad del movimiento feminista actual, las mujeres dieron un paso tan importante y verdadero para su total emancipación.
Podría haber ilustrado este artículo con una fotografía de las innumerables milicianas que todas hemos visto en las revistas y diarios, muchas de ellas jóvenes y agraciadas, y en actitud guerrera a veces, pero ninguna como esta puede servirme para la idea que quiero expresar. Además, estas milicianas de la Juventud Socialista que custodiaba un edificio público de Valencia los primeros días de la sublevación fascista, de las que no sabemos su nombre ni apellidos, bien pudieran ser el prototipo de la mujer empoderada que nuevamente, como ya dijera la gaditana Amalia Carvia 30 años antes, gritaba a los hombres de la República: «¡Paso a la mujer!».
La lucha de las mujeres en España ha sido muy dura y muy larga desde las primeras feministas-librepensadoras-republicanas-espiritistas-masonas del siglo XIX. Se consiguieron incuestionables logros sociales, el reconocimiento de líderesas políticas e intelectuales, y en 1931 se pudieron presentar a las elecciones y algunas entraron en el Parlamento: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. Y a partir de la constitución de diciembre de dicho año pudieron ser ciudadanas y protagonistas de la historia al poder votar en unas elecciones generales como ocurrió en noviembre de 1933. Universidad, aborto, divorcio, paternidad, etc…Todo eso estaba muy bien, pero no eran más que medidas que muchos demócratas y republicanos de centro y de derecha aprobaron y podían asumir. Mas eso no era el poder y la igualdad; la emancipación y el poder no estaban en esos terrenos para las mujeres. La mayoría de ellas seguían ocupando un papel secundario y subalterno, segregado a veces, en una sociedad republicana que recién renacía con la victoria del Frente Popular. La verdadera revolución feminista estaba por llegar y fueron los fascistas quienes la precipitaron. Ocurrió un 19 de julio de 1936.
Ese día, y sin pedir permiso, muchas mujeres cogieron las armas y defendieron a la República. Algo nunca visto y que muchos hombres se negaron a ver, o no quisieron verlo. Pero al hacer eso, al decir y hacer «aquí estamos nosotras. ¡nosotras!», en un mismo plano, dentro de la misma barricada, dejaron claro que «con el fusil en el hombro venimos a reivindicar como mujeres nuestra igualdad, a defenderla y a materializarla». No era casualidad que la República tenía figura de mujer con gorro frigio. Solo con las armas en las avanzadillas del frente las mujeres se sintieron iguales a los hombres y se sintieron fuertes. Empoderadas se dice hoy…
Cuando la batalla de las mujeres se jugó en el campo del sufragismo en los primeros veinte años del siglo pasado, las mujeres españolas fueron a la zaga de estadounidenses, inglesas o australianas, y a veces con un gran complejo de inferioridad. Pero ahora que la Segunda República las había aupado al nivel de las primeras, la llamada imperiosa a defenderla frente al fascismo las convirtieron en las pioneras y ejemplo de las mujeres de todo el mundo. Mujer maternal y educadora, mujer piadosa y pacifista, y ahora su imagen de mujer antifascista recorría la prensa del mundo entero…«¡paso a la mujer!», nuevamente.
Las fotografías de las milicianas de las grandes ciudades españolas causaron la envidia y admiración de mujeres y hombres avanzados de medio mundo. Con razón. Porque lo cierto es que no se había visto nada igual. No era una imagen propagandística como algunos mojigatos han insinuado. Era la demostración palpable de una realidad que suponía la culminación del movimiento feminista en aquellas décadas. En la España del 19 de julio del 36 las heroínas se contaban por centenares, y las milicianas por millares. Era la verdadera emancipación de las mujeres tantos años suspirada por las feministas visionarias de finales del siglo XIX.
En el n.º 5 del mes de agosto de 1936 de la revista mexicana Frente a Frente, órgano central de la «Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios» aparecía la primera portada dedicada a España y con una foto de milicianas armadas. Este pie de foto es sugerente: «La mujer española, callada víctima del dolor de siglos, combate heroicamente en las filas».
Hubo que inventar la palabra «miliciana» y se tuvieron que acostumbrar a verlas en las trincheras y en los parapetos, hombro con hombro de los varones. Y hubo que inventar la palabra «capitana» y que los milicianos vieran en mujeres como Anita Carrillo, Luisa Paramont, Mika Feldman o Encarnación Hernández Luna a su mando superior. ¿Cuándo se había visto esto antes? Y encima, las noticias de su valor, arrojo y heroísmo no dejaban de llegar desde el frente. Los fotógrafos, salvo algunos misóginos que se pusieron una venda en los ojos, no tuvieron más remedio que disparar sus cámaras y enfocarlas con sus objetivos en los primeros días de la revolución. Ellas eran la verdadera noticia, la verdadera revolución. Gracias a profesionales como Díaz Casariego, Alfonso o Albero y Segovia, su imagen ha permanecido en la historia para orgullo y ejemplo de las mujeres.
No se ha publicado el número de mujeres que murieron en los primeros momentos de la sublevación fascista. Solamente en el diario de la noche L’Instant, de Barcelona, se ofreció en la edición del 22 de julio del 36 una relación incompleta de muertos y heridos que llegaron a la mayoría de los Hospitales de Barcelona. Allí murieron en combate por la libertad las mujeres Lucía Padua Jornet, Catalina Benedicto, Juliana Vara Cerezuela, Concepción Canet Alcaraz, Eugenia Preimau, Teresa Querol Querol, Francisca Pallareś Alcón, Ángela Alemany Marimón e Isabel López Giménez. Además de decenas de heridas de diversa consideración como Antonia Anjora Redido, Carmen Alba, María Bosch Litros, Engracia Carceller Giménez y muchas más. Sirva esta lista como homenaje a todas ellas y a las de las demás ciudades donde se sucedieron combates con las tropas fascistas sublevadas.
¿Y estas muertes las acobardaron? En absoluto. Pasaron horas en las largas colas, al fin cogieron su fusil o pistola, y se montaron en camiones y vehículos improvisados para partir al frente. La mayoría eran jóvenes, pero otras no tanto, y todas era hijas del 14 de Abril y del Octubre revolucionario y del 16 de Febrero unitario y victorioso. La mayoría eran anarquistas y libertarias, muchas eran comunistas y socialistas, y republicanas las menos, pero todas eran mujeres antifascistas dispuestas a dar la vida.
Esta revolución de las mujeres, al principio silenciada y después denostada, ridiculizada y combatida, se pudo escudriñar en alguna noticia de la prensa diaria. Es el caso de Málaga, donde no apareció ninguna referencia a este fenómeno histórico, pero sí se pudo leer en El Popular del 6 de agosto de 1936, en la sección «Lo que escriben los marinos» una carta escrita por Jesús Vacas, del Comité del barco cañonero «Laya». Se titulaba «Honor al alto espíritu libertario de la mujer malagueña» y en ella cuenta que sus camaradas le contaron los elementos más sobresalientes de la lucha de los primeros días en Málaga contra los golpistas, y que sobre todo, y «que debe conocer el mundo entero», es «el alto espíritu libertario que demostraron las Juventudes Femeninas, echándose a la calle con las armas en la mano y uniéndose a las Milicias». Pero nada de esto salió en la prensa de esos primeros días, ¿por qué?…
En Madrid no se pudo acallar esta realidad revolucionaria; en La Libertad del 22 de julio todavía no se hablaba de milicianas, pero sí de mujeres valerosas y guerrilleras, «nuestras madrileñas combatientes son hoy un magnífico ejemplo de valor y fortaleza que asombrará al mundo femenino». «Antes, en otros tiempo, se enaltecía una figura de mujer heroica. Ahora no es posible…son todas las que han de pasar a la historia y a las que habrá de levantar la República un monumento que perpetúe estas sublimas jornadas con que nos están asombrando…». No se ha erigido aún ese monumento a las mujeres milicianas de la revolución del 19 de julio…
Lola Iturbe, en su libro «La mujer en la lucha social» escribía: «Un equipo de cineastas de la CNT instaló una cámara de cine en un camión y filmó la partida de la Columna que luego formaría parte de la película El Movimiento revolucionario en Barcelona dirigida por Mateo Santos. Una compañera, al ver que iban tantas mujeres en la columna, intentó reunirlas y hacerlas desfilar en grupo ante la cámara, pero no pudo ser…».
Como tampoco pudo ser que triunfara esta revolución y los hombres pusieran por encima de ella las excusas de la guerra, de la pretendida eficacia y pragmatismo militar, o de burlas y mentiras sobre las mujeres. Una vez más, se repitió el «mandato a la cocina» que denunciara Amalia Carvia en junio de 1933; aunque esta vez se vistiera con el mandato más fino de «la mujer a la retaguardia»: ¡Se acabó la revolución!

domingo, 20 de mayo de 2018

CREANDO TENDENCIA EN POLITICA

Hay una postverdad oficial y recurrente. La de los de arriba, la de los propagandistas. Grandes corporaciones o Estados que fabrican opinión a su favor o en contra de sus adversarios sin importar que sean meros bulos bien diseñados. Contra eso estamos más o menos vacunados. De toda la vida los poderosos han apañado la desinformación y la publicidad para engañar a la gente. Se trata de que consumamos, votemos y paguemos los impuestos sin rechistas. En la lógica de la servidumbre voluntaria.
No ocurre igual cuando la postverdad viene de abajo, de “uno de los nuestros”, de la “casa común”. Entonces lo normal suele ser tirar balones fuera, mirar para otro lado, por aquella bobada de no hacer el juego al enemigo. Estúpida consigna utilizada para encubrir ese estado de gracia sin fecha de caducidad que parece acompañar a la sedicente izquierda. Sobre todo activada cuando la pillan con el carrito de los helados. Términos como “intoxicación” y expresiones del tipo “campaña de desprestigio” son algunos de los reclamos manejados para quitarse de encima el marrón y seguir como si tal cosa.
Es lo que acaba de ocurrir con la “exclusiva” sobre el nuevo hogar de la pareja Iglesias-Montero, un casoplón de 268 metros de superficie situado una de las zonas exclusivas de la sierra madrileña, que soporta una hipoteca bancaria de casi 540.000 euros a pagar en 30 años a un interés muy ventajoso (la media actual en España es de 120.000 euros en 24 años). La noticia solo sería un cotilleo más del capítulo de ecos de sociedad y del amarillismo periodístico sino fuera por la trascendencia pública de sus titulares, el secretario general y la portavoz parlamentario de Podemos, el partido anticasta por excelencia. La tribuna de los más desfavorecidos, los jóvenes pillados en la burbuja del ladrillo (“casas sin gente, gente sin casas”), los activistas de la Plataforma de Afectados por las Hipoteca (PAH) o los damnificados de las preferentes por la codicia de las entidades financieras.
A todo eso y aledaños los dirigentes podemitas acaban de decirles “no os representamos”. Han pasado a formar parte de esa selecta jet society que tiene la inmensa fortuna, en solo cuatro años de ejercicio político, de brincar de un vivir de alquiler en un modesto piso de Vallecas a instalarse en una espléndida finca con piscina, casa de invitados y zona de confort de 2.000 metros cuadrados. Eso sí, “para vivir, no para especular”.
Dinero público a cuatro manos (en mayor medida) con rendimientos que ya quisiera para sí uno de esos tahúres de los negocios buitres que Robespierre-Iglesias suele tirotear en momentos de exaltación vindicativa. Por más que algunos de los voceros de Podemos sostengan que no hay que sacar las cosas de quicio. Como el secretario de Organización Pablo Echenique (“es lo normal, lo que muchas familias han hecho”), multado por la Inspección de Trabajo y Seguridad Social por tener un asistente personal sin contrato (bien como asalariado o como autónomo). O Juan Carlos Monedero, que tira de ironía victimista: “Los insensatos van a pagar de por vida una letra de 500 euros en vez de haberse ido de alquiler a pagar 1.000. Malditos rojos que no viven debajo de un puente. Terminarán por querer estudiar en la universidad”. Trola piadosa que su amigo Pablo se ha encargado de desmentir a renglón seguido. Los jefes de Podemos tienen que acoquinar 1.600 euros mensuales de hipoteca, dos veces el salario mínimo y casi tres de la pensión media de jubilación. Tonterías, ni media, Monedero.
Claro que al pintoresco fundador de Podemos, ahora en la reserva táctica, también le parecía lógico tener una mercantil para facturar trabajos a gobiernos latinoamericanos sin tributar por IRPF (lo hizo por sociedades, como todos los linces del escaqueo) y de paso infringir la Ley de Incompatibilidades que rige en la Universidad donde profesa, lo que le valió una multa de Hacienda de 200.000 euros y una suspensión de empleo y sueldo de 6 meses por la Complutense. ¿Anécdota o categoría? Lo primero, claro, si fuera un caso aislado, o dos. Una golondrina no hace verano. Pero es mucho más delicado si los signos de desfachatez e impostura (ande yo caliente…) pasan a formar parte del paisaje cotidiano de la marca Podemos.
En esa saga tenemos el antecedente de Tanía Sánchez, tercera en discordia del ticket de Podemos para la Comunidad. Que siendo concejala de Rivas por IU otorgaba importantes y reiteradas subvenciones a empresas de su hermano, sin al parecer saberlo, aunque la familia Sánchez solía verse todos los días a la hora del almuerzo. O el caso de Íñigo Errejón, cabeza de lista en la misma candidatura que hoy ya habla de entenderse con “el Ibex 35” de Rivera, y su contrato de investigación de la universidad de Málaga para realizar un estudio sobre la vivienda en Andalucía, con privilegios similares a los del master-full de Cifuentes. También está la inaudita pantomima del ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Julio Rodríguez, el mando militar que tras ser fichado por el pablismo declamaba sentirse antimilitarista y pacifista.
Actitudes todas ellas que crean tendencia. Y ahí precisamente es donde la cuestión adquiere una dimensión política relevante. Descartado el eje derecha-izquierda, que aunque cada vez más difuminado aún servía para diferenciar clases, actitudes, sensibilidades y mentalidades en conflicto, se ha instalado como “nueva política” el trágala mecanicista arriba-abajo, cuyo objetivo-diana es alcanzar el poder sin mirar a quien. Eso significa descartar la coherencia democrática y la ética política como valores, imponiendo de paso el mensaje populista de una deshumanización cuyos estragos son las cada vez más variadas y letales formas de corrupción. 
Basta ver al propio Pablo Iglesias haciendo compatible (es legal porque el Congreso lo permite) su función como representante político de izquierdas con producir, dirigir y presentar un programa de entrevistas en un emisora televisa patrocinada por el régimen de Irán, un Estado teocrático, sanguinario y homófobo, continuamente denunciado por Amnistía Internacional por la bárbara represión a mujeres transgresoras y homosexuales (ejecuciones en público, torturas, mutilaciones y flagelaciones como prácticas represivas regladas). O el caso paradigmático de los liberados de CCOO y UGT rodeando el Banco de España en demanda de mejores jubilaciones sin importar un ápice que hayan sido precisamente sus respectivos sindicatos los primeros que pactaron con la patronal y el gobierno de Zapatero la contrarreforma estructural del sistema público de pensiones (aparte de ofrecer ellos mismos planes privados asociados con la banca). Todo vale, todo se aprovecha, de un cuerno se hace una percha.
Lo grave es que aparte de empezar a ser tendencia, la “nueva política” de deshumanizar al contrario (da lo mismo que sea a nivel político que a nivel de raza, género, clase o religión) se está convirtiendo en trending topic mundial. La prueba está en esa política oxímoron que comienza a practicarse como alternativa al justo derrumbe del bipartidismo socio-liberal que derivó la crisis sobre las espaldas de los ciudadanos. La fórmula que garantiza tomar el poder consiste en matrimoniarse con el enemigo ideológico de siempre en régimen de gananciales. Lo vimos de forma pionera en el gobierno griego de Siryza, una coalición radical de izquierda, aliándose con el partido ultranacionalista y xenófobo Griegos Independientes. Pero entonces, como el actor principal era “uno de los nuestros”, se pusieron paños calientes y se ahogaron las críticas con el consabido mantra de que se hacía el juego al enemigo.
Pero ahora ya no se puede pasar por alto, porque acaba de producirse en Italia, la tercera economía europea, con el amancebamiento entre el Movimiento 5 Estrellas, de estirpe antisistema de izquierdas, y la Liga, un referente del populismo postfascista. Antes de tomar el poder, sus líderes Luigi Di Maio y Matteo Salvini se lo han repartido a tramos en su programa de gobierno. El M5E aporta a la boda la parte populista progre (renta básica de ciudadana y tarifa plana fiscal), y la Liga la populista retro de los “italianos primero” (acabar con lo que llaman “el negocio de la inmigración” de las ONG, incluso repatriando en masa a los inmigrantes). Los dos amenazan con salirse de la eurozona y coinciden en levantar las sanciones a la Rusia de Putin por anexionarse militarmente Crimea.
La deshumanización del adversario puede producir monstruos y hace extraños compañeros de viaje. Ahora hace ochenta años en que Stalin y Hitler, enfrentados ideológicamente hasta las cachas pero con una misma visión sobre la “nueva política”, cruzaban plenipotenciarios para pocos meses después desencadenar la Segunda Guerra Mundial contra el decadente orbe capitalista. No hay estética sin ética.

viernes, 6 de abril de 2018

SOY ATEO. SOLO CREO EN LAS PERSONAS


Que vaya por delante mi respeto atento y preciso a las personas que creen cosas, las que sean, y las defienden sin imponerlas, o que sencillamente las creen y se las guardan para ellas. En el ámbito religioso quiero dejar claro que defiendo desde hace años un espacio público libre de mezclas entre el mundo institucional y el religioso, porque creo que todo el mundo puede pensar en los milagros y fantasías diversas que quiera y le apetezcan, pero a la vez quienes se consideran representantes institucionales no tienen que tener nada que ver a nivel público con ninguna religión en concreto. Mucho menos, todavía, las fuerzas armadas o los militares.
Podría recurrir a mi postura ideológica o a mi sentimiento profundo, que también tengo porque soy humano - a pesar de que no lo impongo a nadie -, para justificar las palabras que hoy me pasan por la cabeza para hablar y calificar este esperpento de la Semana Santa en este estado que se llama España y se califica de español. Pero no lo haré porque no hace falta.
La visión de cuatro ministros del Gobierno del PP (Cospedal, Catalá, Méndez de Vigo y Zoido) cantando «Soy el novio de la muerte» me parecen tan contundente y definitoria como las banderas a medio asta para recordar la muerte de Jesucristo.
Les gusta cantar himnos fascistas como “El novio de la muerte” a la pandilla del partido de la Gürtel, allí estaban rindiendo honores esta Semana Santa a La Legión y a su Cristo de la Buena Muerte, todo va de muerte entre esta gentuza, la ministra de defensa y otros conspicuos menesteres para beneficio ilícito de su ínclito marido la tal Cospedal, junto a otros pendencieros ministruchos como Zoido, De Vigo y Catalá, cuyo mayor entretenimiento es perseguir o meter en la cárcel a personas honradas que defienden el derecho a decidir de su pueblo en Catalunya, a raperos que cantan la verdad y la justicia, mientras dejan en la puta calle a los miles de ladrones y delincuentes de su partido.
Hasta el mamporrero ex de Fuerza Nueva, Rafael Hernando, salió de su caverna para afirmar que él también lo canta y se pone a mil con la misma canción del Fascio español.
Pienso que si yo fuera católico o cristiano me dolería mucho ver a esta pandilla de criminales ensuciando un momento como el que supongo que es la Semana Santa para quien se la cree de verdad, que no soy yo ni la mayoría de quienes lucen túnica o cirio estos días por las calles de este país.
Pienso que si yo creyera en este Dios o en cualquier otro me daría asco ver a los legionarios haciendo el tonto en procesiones que supuestamente son de recogimiento y de estar con uno mismo, al menos en el caso de quienes creen que el muerto y torturado aquel era hijo de Dios.
Pienso que si yo creyera en la resurrección de los muertos me moriría de vergüenza de ver como en una celebración de la regeneración anual se produce una exposición de caspa casposa y de militarismo exacerbado en plazas y calles.
Y a pesar de no ser cristiano, a pesar de no creer en ningún Dios y a pesar de no creer en la resurrección de los muertos me jode y mucho que un estado como este que nos ocupa se produzca una asquerosa muestra de los elementos más patéticos del dominio de la Iglesia sobre la vida pública de una sociedad, hasta el punto de no poder distinguir demasiado entre militares, curas, políticos, creyentes y cristos crucificados. Hasta el punto que algunos católicos ultras pidan respeto cuando alguien, como yo, pone en entredicho que esto que hacen sea mínimamente cuerdo. Cómo si las personas que no tenemos Dios ni ganas no tuviéramos derechos o no mereciéramos respeto, al menos tanto como los que adoran trozos de madera pintados o los que no adoran imágenes sino palabras de libros que en muchos casos no tienen ni siquiera derecho a interpretar literariamente.
Ninguna «tradición» puede justificar esta no separación clara y rotunda del mundo religioso del mundo civil, y aquí hay que diferenciar entre la religiosidad de las personas y el intento de dominio religioso de la Iglesia por encima el resto del mundo. Ninguna «antigua historia», por muy arraigada que esté, puede convertir los cuentos para niños desvelados que son los evangelios en obligación, ni su representación iconográfica en dueña del espacio de todo el mundo. Ninguna fe particular podemos permitir que se convierta en «pública» o colectiva y a la vez reciba privilegios absolutos y sea pagada con dinero de todas y todos. Ninguna superstición de adultos podemos dejar que se convierta en dogma escolar ni que forme parte de currículums escolares. Ninguna mentira sobre supuestos alucinajes milagrosos podemos permitir que se convierta en doctrina de fe, ni aquí ni en ninguna parte. Y ningún privilegiado podemos dejar que nos pida consideración cuando es incapaz de reconocer las privilegios con que vive y tiene.
En todo caso, que crea quién quiera pero que nadie incordie demasiado y mucho menos nos obligue, al resto, a aguantar públicamente sus vicios o incluso a pagarlos.
Y no, no soy «novio de la muerte» ni creo que lo tenga que ser nadie. Y sí, soy ateo pero no espero que lo sea nadie… que no lo quiera ser por voluntad propia y libre determinación. Pero tranquilos que no pondré nunca ninguna multa a quien se cague en el ateísmo o pase por medio de una procesión cualquiera de las que hagamos quienes no creemos en nadie más que en las personas

jueves, 15 de marzo de 2018

ELLOS VINIERON


En el año 2014 escribí este artículo y hoy lo recupero. No he quitado ni puesto ni una coma; y he incluido un comentario final. Conocido es el poema de Martin Niemöller «Ellos vinieron» (atribuido erróneamente a Bertolt Brecht), que trata de cuáles son las consecuencias de no ofrecer resistencia a las tiranías, cuando intentan establecer su ideario y ejecutar sus políticas, generalmente antisociales y represoras. Algo de esto está ocurriendo por estos lares y es hora de que la ciudadanía, reaccione contra el gobierno, antes de que terminen con todo y no haya nadie más que pueda protestar.
Porque el gobierno de turno, representante de la derecha más reaccionaria, vino a por los trabajadores y trabajadoras y con su reforma laboral eliminó derechos, disminuyó salarios y promovió miles de despidos, rebajando las indemnizaciones y la cobertura de desempleo a más de 6 millones de personas en paro, según la EPA; pero guardé silencio porque no era trabajador.
Cuando vinieron a por los jubilados pensionistas, atrasando la edad de jubilación, congelaron la revalorización de las pensiones y establecieron una nueva fórmula de revalorización, que perjudica gravemente a sus ingresos. Parece como si la «solución final», estilo PP, estuviese en marcha; guardé silencio porque no era jubilado pensionista.
Cuando vinieron a por los enfermos, realizaron numerosas reformas en materia sanitaria que ha supuesto una reducción evidente de la calidad y cobertura del derecho a la salud, imponiendo el pago, repago y copago farmacéutico, aumentando el número de medicamentos excluidos −dejando a la puerta de la muerte a cientos de enfermos crónicos−, reduciendo la cobertura ofrecida por los servicios públicos y la cartera de prestaciones; excluyendo a las personas emigrantes sin documentación; potenciando la externalización hacia la gestión privada; pero como no estaba enfermo no protesté.
Cuando vinieron a por las personas dependientes, reformaron el Sistema de Dependencia, que atendía a cerca de 800.000 personas, recortaron el derecho a la protección, reduciendo el número de beneficiarios en más de 200.000; así como la intensidad de las prestaciones, lo que ha producido la eliminación de miles de empleos en el sector de atención sociosanitaria y el abandono a las personas con mayores necesidades; pero yo no tenía este problema y no protesté.
Cuando vinieron a por los inmigrantes, les encerraron en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), en peores condiciones que en las cárceles, privándoles de libertad sin haber cometido delito alguno, persiguiéndoles policialmente por su color de piel, y no contentos con eso, colocaron vallas asesinas para evitar la entrada al territorio español de las personas que desde el norte de África huyen del hambre, la miseria y las guerras; y cuando lo intentaron por mar, les dispararon pelotas de goma, hasta producirles la muerte por ahogamiento; yo no era «negro» inmigrante y no protesté.
Cuando vinieron a por los marginados, desempleados y a por las personas que en riesgo de exclusión social, tuvieron que dejar de pagar sus hipotecas, no fue para darles techo ni comida, que se lo dieron a las entidades bancarias, rescatándolas, para su mayor beneficio, sino para desahuciarlas, echándoles de sus casas, manteniendo la deuda con los bancos, produciéndose, además, el mayor aumento de la desigualdad en Europa y mayor diferencia entre ricos y pobres; yo no estaba en esa situación y no protesté.
Cuando vinieron a por las mujeres, no fue para eliminar el riesgo de ser víctimas del terrorismo machista, sino para reducir los recursos destinados a la prevención de la violencia contra las mujeres. Tampoco fue para promover la igualdad real y efectiva y reducir la brecha salarial existente entre mujeres y hombres, sino para recortar su derecho a la interrupción voluntaria del embarazo; como yo no soy mujer, no protesté.
Cuando vinieron a por los estudiantes, lo hicieron recortando recursos y la ley Wert, entregó el Sistema Educativo a la iglesia católica y a sus escuelas privadas concertadas, en perjuicio de la escuela pública de calidad, servicio público esencial para remover las desigualdades socioeconómicas, y no para fomentarlas. Eliminando o reduciendo las becas, impiden el acceso a la educación básica y universitaria a una mayoría de la población por razones económicas y sociales; como yo no soy estudiante, no protesté.
Cuando vinieron a por la justicia, lo hicieron elevando las tasas judiciales, eliminando prácticamente la justicia gratuita y perjudicando el derecho a la tutela judicial efectiva. Suspendiendo a los jueces que persiguen la corrupción y liberando a los corruptos que han saqueados las arcas públicas en propio beneficio o en el de sus amigos del alma, establecen el imperio de la corrupción generalizada; pero yo, sin tener en donde caerme muerto, no protesté y guardé silencio.
Cuando vinieron a por la democracia, redujeron el número de diputados, perjudicando a los pequeños partidos y colectivos, como en Castilla La-Mancha, donde para ser político tienes que ser rico; no atendiendo las Iniciativas Legislativas Populares, blindaron el Congreso y eludieron los debates en el Parlamento. A los que se manifiestan y protestan, multas y palos, criminalizando las protestas sociales; pero yo soy de la mayoría silenciosa y no protesté.
Y siguen viniendo a por todos; a por las personas integrantes en los colectivos mencionados más arriba y a por los que no aparecen aquí, pero vienen a por nosotros. No esperemos a que vengan a buscarnos, porque cuando esta gente aparece, ya conocemos cuáles son sus intenciones: nos dejan sin trabajo, sin casa, sin sanidad, sin pensiones, sin estudios y sin futuro; beneficiando a los poderosos, perjudicando al pueblo llano, privatizando los servicios públicos, beneficiando a sus amigos, eliminan el bienestar social; y con todo despreciando las libertades públicas y los derechos humanos y fundamentales. Hay que protestar, contra las injusticias sociales y por la igualdad.
«Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar». Con esta frase termina el poema Niemöller, Hay que evitar que eso ocurra. Las protestas sectoriales en mareas de colores siguen siendo necesarias y tienen que convertirse en una protesta global, en una «gran marea» popular permanente. Hay que salir a la calle y revolucionar a la España injusta, impidiendo que los gobiernos de turno se salgan con la suya. Reivindiquemos el bienestar, por el pleno empleo digno, contra los recortes sociales públicos y contra la canalla represión.
Hasta aquí el artículo del 2014. Hoy termino diciendo: han venido a por los pensionistas, por lo que tenemos que tomar las calles, las redes sociales, la voluntad del Gobierno y del Parlamento. «Un lazo marrón para denunciar la subida “de mierda” del 0.25% a las pensiones».
 

EL POEMA “ELLOS VINIERON”
Martin Niemöller
“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra, porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí,
no había nadie más que pudiera protestar.”

lunes, 26 de febrero de 2018

SER MUJER EN EL SIGLO XXI


En todo el Planeta desde la aparición de la propiedad privada, la mujer ha sido objeto de conquista y apropiación por el hombre. Da lo mismo la clase de civilización, raza, creencias, religión, o lugar geográfico: donde hay grupos humanos, la mujer vive sometida al varón desde la primera infancia hasta la muerte, prematura a menudo  por su causa.
Machismo, patriarcado, explotación sexual, laboral y doméstica van íntimamente unidos a una forma de ver el mundo donde la mujer tiene que ser dominada, explotada y objeto de placer. Y para que tales cosas sean posibles, la sociedad patriarcal  del capitalismo utiliza la educación escolar y mediática,  la tradicional familia machista, leyes, tradiciones culturales, religión y  literatura romántica donde la mujer o es idealizada, o es castigada  si se rebela. En el occidente supuestamente cristiano y supuestamente partidario de los derechos humanos – oh, hipocresía-  o es musa que se aspira a conquistar, o musa conquistada para ser convertida en Cenicienta, madre y trabajadora fuera de casa. O sea: se ha conseguido su liberación triplemente explotada, dicen los voceros del Sistema dominante. No cabe mayor cinismo.
Aquí debemos destacar el nefasto papel de las religiones ¿Qué tienen en común la religión musulmana, la católica,  luterana o judía  con respecto a la mujer? El desprecio real  a la condición femenina y la asignación de un papel de servidora del varón y de la familia. Y eso es lo mismo  en todas las religiones y en toda la geografía mundial. El catolicismo, que durante siglos fue dominante en Europa, afirmaba que la mujer carecía de alma,  era un ser humano imperfecto, o un instrumento del enemigo de Dios  para perdición de los inocentes hombres. Santos fueron nombrados por la Iglesia S. Agustín o Sto. Tomás de Aquino que defendían esas ideas perversas.
Con ellos a la cabeza, la Iglesia justificaba  moralmente toda clase de atropellos al sexo femenino satanizado desde Eva y su cuento de la manzana tentadora.  Y esa ideología misógina es aun  la que subyace en el inconsciente colectivo  de los varones  adiestrados por todas  las religiones desde hace milenios para creerse el sexo superior.
El catolicismo, con su obsesivo culto a la madre de Jesús, a la que llama nada menos que Madre de Dios, pretende ocultar el desprecio real que siente hacia el sexo femenino, impidiendo a las mujeres tener responsabilidades más allá de servir a ensotanados que tan a menudo resultan pederastas. Una degeneración en toda regla que se sigue manteniendo a lo largo de los siglos.
Expresiones machistas del asesino celoso como la maté porque era mía, las numerosas violaciones, asesinatos, maltratos domésticos, raptos y otras formas de agresión o menosprecio   hacia  la mujer, como la separación de sexos en edad escolar, la desigualdad  racial y salarial con respecto al varón, o la posición secundaria en las empresas y hasta en el mundo de la política,- salvo excepciones decepcionantes –  revela hasta qué punto ha calado en el alma del varón la idea eclesiástica de que la mujer es inferior y debe estar a su servicio indistintamente o todo  a la vez  como secretaria, como criada  o como prostituta.
La superación de este estado de cosas se presenta como un verdadero reto para una civilización que merezca tal  nombre, y  no parece hallar una solución en ningún modelo de sociedad en todo el mundo, y  hasta los propios jueces a la hora de juzgar la violencia machista son más proclives a desconfiar  de la maltratada que del maltratador. 
Y es que también muchos de esos jueces  andan contaminados por el machismo, incluidas mujeres juezas, lo que muestra el grado de degeneración a que se ha llegado, que hace posible que  hasta las propias mujeres pueden llegar a desconfiar entre ellas, contaminadas por el ambiente machista y patriarcal que respiramos por todas partes, familia incluida.
En el seno familiar, los varones jóvenes suelen ser servidos por sus jóvenes hermanas.  El padre, pero también  la madre, apoyan que esto sea así, cargando sobre ellas las tareas domésticas que podrían hacer ellos. Hacerse la cama, ordenar la habitación, barrer, quitar el polvo, fregar o lavar la ropa son tareas que el varón  considera ajenas a su condición de ser superior, y el padre, ay,  es el modelo.
Esta educación machista con la complicidad de la propia mujer a niveles domésticos ha contribuido grandemente a perpetuar la explotación femenina más allá de las paredes del hogar y a hacer creer a muchos hombres y a muchos empresarios que realmente son superiores y pueden permitirse abusar de su situación. Y no hay lugar donde esto  no suceda: ejército, empresas, instituciones religiosas, hospitales, negocios, y largo etc.
Ante las dimensiones que ha adquirido el machismo, con tanta violación, tanta explotación, tantos abusos y tanto asesinato, las mujeres están hartas y comienzan  a reaccionar como colectivo. Recientemente ha dimitido una periodista de la BBC en señal de protesta por recibir un salario inferior al de sus compañeros varones con la misma responsabilidad. Y eso es algo nuevo que merece ser imitado, pues  ¿cuántas, además de ella, se hallan en esta situación de desventaja salarial? Prácticamente todas y en todas partes.
Estamos asistiendo, partiendo de los abusos sexuales que parecen ser tradición en la industria del cine y en centros deportivos a una reacción en cadena de mujeres que ahora ponen nombre a sus abusadores empresarios, actores, médicos, entrenadores o profesores, y les denuncian tras años de soportar en silencio la vergüenza y un sentimiento de culpabilidad y miedo a hacer pública su desgracia. En EEUU, muchas actrices han venido denunciando recientemente a  productores y a otros actores por abusos sexuales, dando pie a que el colectivo de actores y actrices se manifiesten contra las prácticas repugnantes de encumbrados  personajes del viejo Hollywood sobradamente conocidos por su fama.
También algunos gobiernos comienzan a reaccionar. En Islandia, a partir de este año 2018,  una reforma laboral obliga a los empresarios equipar los salarios de ambos sexos si hacen el mismo trabajo.  En Alemania, más tímidamente de momento, la mujer tiene legalmente derecho a conocer lo que gana su marido. Es de desear que  sea un primer paso.
Algo está cambiando. Espero que sea incesante este cambio, que se generalice en todos los sectores sociales, religiosos, económicos y políticos y en todas las áreas  donde se halla presente  la mujer;  que haya reyes magos y reinas magas en las fiestas navideñas, y que llegue un momento en que la igualdad entre sexos sea efectiva a todos los niveles partiendo de la propia familia. Ahí se precisa urgentemente una verdadera revolución.
La liberación de la mujer no es que pueda trabajar fuera de casa y luego Cenicienta y madre a la vuelta, o ser soldado o policía o jefa de gobierno como un hombre  en esta sociedad machista y patriarcal, incorporándose a ella para perpetuarla. Es otra cosa, y esa otra cosa debe decidirla la propia mujer sin interferencias. Aquí existe una verdadera batalla espiritual del género humano, una batalla de la conciencia donde la mujer ha de ser la vencedora para dejar de ser la esclava.
Y esta es una tarea de todo hombre civilizado, de toda organización política y de toda la sociedad. No esperen, sin embargo, que los poderes fácticos  y las religiones acudan en ayuda de nuestras hermanas cuando son los responsables principales de su condición. Por eso sería hermoso poder leer esta llamada en los grandes diarios y medios de comunicación:
“Mujer, libérate. Abandona las iglesias, saca a tus hijas de escuelas  supremacistas y segregacionistas por razones de raza o sexo, y haz que tus hijos varones compartan el delantal con sus hermanas. Libérate para que la sociedad sane de sus miserias ancestrales. No te dejes dominar ni hagas caso de adulaciones ni cantos de sirenos. No formes parte de organizaciones machistas. Denuncia a quien te maltrata. Tienes mucho poder: ejércelo”.