viernes, 30 de enero de 2015

ESPAÑA ¿ESTADO POLICIAL?

La tentación totalitaria ha sido recurrente en muchos momentos de la democracia española de después de la dictadura franquista. La utilización de las fuerzas policiales para entablar una guerra sucia contra el terrorismo, la Ley de Seguridad Ciudadana de 1992, más conocida como “Ley Corcuera” y también llamada “Ley de la patada en la puerta”, porque permitía la entrada en los domicilios sin orden judicial, o las embestidas desesperadas de la última etapa de Aznar, utilizando a la policía para acallar las voces que clamaban en la calle contra la guerra de Irak, son algunos ejemplos notorios de la perversa atracción que sienten la mayoría de los gobiernos españoles de utilizar a las fuerzas de orden público como elementos de control social.

La población empobrecida por la socialización de las pérdidas, los jóvenes sin futuro o los discrepantes democráticos de distinto signo suelen avivar sus ansias de someterlos con la excusa de garantizar una “paz social” que no pretende otra cosa que apuntalar su tranquilidad y su poder.

Y para paralizar las disidencias potencialmente peligrosas para las élites no se duda en ningún momento en echar mano de aquellos medios materiales y humanos que deberían garantizar las libertades públicas. Los manipulan y pervierten en su propio beneficio. Y se legisla entonces –desde la siembra previa del miedo- para conformar una nueva legalidad que se levanta necesariamente sobre la pérdida de derechos y libertades fundamentales.

Se trata de vigilar para conseguir la docilidad-utilidad de los individuos tal y como plantea Foucault. Se diseña un “escenario” legal, con la excusa de la defensa de la seguridad -y con la complicidad de los poderes económicos que necesitan sosiego que aliente el consumismo- para conseguir el mayor dominio posible de la sociedad.

El Gobierno de Mariano Rajoy no se ha librado en estos últimos tres años de esas ansias absolutistas y en distintas ocasiones ha legislado en ese sentido amparado en la mayoría absoluta parlamentaria del PP y tampoco ha dudado en tomar atajos peligrosos para las libertades ciudadanas. La Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana (también conocida como la “Ley mordaza”), defendida por el ministro Fernández y aprobada por el rodillo del PP en el Parlamento, recoge lo peor de las apetencias totalitarias de este ejecutivo.

Vuelve a insistir en las entradas y registros sin autorizaciones judiciales previas, en identificaciones a la carta, en controles arbitrarios en la calle, en crear listas negras de “infractores”, en sanciones elevadísimas para los manifestantes y los organizadores de las manifestaciones, en dificultar los recursos a las multas con tasas disuasorias carísimas, en castigar a los que obstaculizaran los desahucios, en criminalizar las movilizaciones ciudadanas, en la devolución en caliente de los inmigrantes… Los informes del Poder Judicial, del Consejo Fiscal y del Consejo de Estado, tratando de anticonstitucional la norma o de organizaciones como Amnistía Internacional han conseguido suavizar mínimamente alguna propuesta aislada como la de crear fuerzas de seguridad paralelas a través de las empresas privadas. Desgraciadamente, la Ley mantiene casi todos sus postulados y sigue siendo profundamente dura, reaccionaria y limitadora de libertades. Y eso que las manifestaciones ciudadanas en la calle se han reducido en un 34% en los últimos meses
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Pero no acalla las aspiraciones totalitarias del Gobierno del PP. Según Eldiario.es, desde el año 2012 una unidad secreta de la policía rastrea información comprometedora de políticos independentistas catalanes blanqueando sus resultados en los juzgados a través de la UDEF o filtrándolos a los medios de comunicación en fechas claves para el movimiento separatista. Este grupo operativo y secreto participó –según Maika Navarro, en Elperiódico.com- en las grabaciones de Alicia Sánchez-Camacho y la expareja de Jordi Pujol Ferrusola o en la elaboración de informes sobre Oriol Junqueras o Carod-Rovira, entre otros.

Como escribió Vázquez Montalbán, si el Estado tiene sucios los bajos, acaba teniendo sucio el cerebro. Será por eso por lo que el Consejo de Ministros del pasado día cinco de diciembre aprobó el anteproyecto de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que insiste en las mismas ansias antidemocráticas proponiendo la incomunicación absoluta de los detenidos, que no podrán ni recibir la asistencia de sus abogados, el control remoto de los ordenadores o la intervención por la policía de los correos electrónicos, las llamadas telefónicas y cualquier tipo de comunicación y las grabaciones de imágenes o de audio que se precisen y por cualquier procedimiento que permitan las nuevas tecnologías durante 24 horas y sin autorización judicial alguna.

De paso encorseta a la justicia obligándola a cumplir plazos de seis meses en causas ordinarias y dieciocho para los sumarios más complejos pero sin dotarla de más medios humanos y materiales. Se confiere así el Gobierno una autoridad desmedida que, sin los controles independientes necesarios, se convierte en un instrumento de poder antidemocrático de primer orden.

Será el Gobierno quien decida a quién y de qué manera intervenir y una simple argumentación de excepcionalidad y de calificación de especial gravedad le permitirá vigilar a contrarios políticos, organizaciones sociales o ciudadanos de a pie, quebrando el derecho constitucional que garantiza la confidencialidad en las comunicaciones. De lo más democrático.

Con la excusa de que “la seguridad es un requisito previo para la libertad”, el PP insiste una y otra vez en atacar a la línea de flotación de la democracia. Pretende vendernos la renuncia a la seguridad constitucional, que garantiza los derechos fundamentales, como coartada para aceptar una seguridad policial domeñada.

Se diseña sin remilgos el dominio del Gobierno sobre una parte de la policía que, sin ningún tipo de filtros, amplifica sus acciones más allá del mantenimiento del orden y se convierte en un instrumento de control de la ciudadanía. La preservación del orden público sirve entonces de excusa para limitar libertades colectivas y derechos ciudadanos individuales. Y se prestarán a ello miles de funcionarios sumisos que, como desentrañó Hannah Arendt, se ampararán en la legalidad y actuarán en consecuencia.

Pero todos habremos dado otro brutal paso atrás al aceptar que se nos recorten los derechos individuales con la excusa del bienestar común y al consentir a la policía convertirse en instrumento de sometimiento de sus conciudadanos. Y entonces adquieren todo el sentido los versos de Ana Pérez Cañamares (“Esto no rima”, E. Origami): “Hemos elegido perder eternamente/para no mancharnos las manos./ No parecemos reparar en/cómo se mancha la conciencia/ mientras nos quedamos quietos./ Cómo se llena de verdín/ y se hace resbaladiza”.

Sin embargo, aún queda esperanza: en la sesión de aprobación del proyecto, un grupo de activistas del 15-M recibió la propuesta del Partido Popular con los compases de “La canción del pueblo”, incluida en “Los miserables”, para recordar que éste no está dispuesto “a dejarse someter”. Fueron desalojados del recinto, sí. Pero lanzaron un mensaje que no desaparecerá fácilmente y que supone un problema serio para un Gobierno que si recurre de manera tan burda a la vía represiva es porque hace tiempo que ha dejado de convencer.

jueves, 8 de enero de 2015

UNA CONSTITUCIÓN PARA UN NUEVO MODELO DE ESTADO

Parecía que la reforma de la Constitución iba en serio, pero no. Pedro Sánchez, secretario general del PSOE presentó en el Congreso de los Diputados la petición de una subcomisión de estudio para la reforma. El PP ha dado un “no” categórico previo, por entender la petición como un «disparate», inoportuna e innecesaria, además de “frívola”. No quieren solucionar nada. Lo cierto es que la reforma es más necesaria que nunca, ante la grave crisis política e institucional que tenemos encima.

Las propuestas del PSOE, me parecen valiosas, pero insuficientes. Llegan en un momento en el que no solo hay que cambiar la Constitución, sino el Sistema y el modelo de la forma política del Estado, mediante un Proceso Constituyente, que ponga fin a los postulados de la Transición. El PSOE  pretende renovar el modelo de convivencia territorial y recomponer los “consensos rotos”, blindar los derechos sociales y ciudadanos e introducir medidas de regeneración democrática. En mi opinión, no debe de ser una reforma de adaptación, sino una ruptura con el modelo; que si en un principio pudo haber dado resultado, ahora está agotado.

La Constitución que ha cumplido treinta y seis años, ha tenido dos reformas. En 1992, para reformar el artículo 13.2, e introducir la expresión “y pasivo” referida al ejercicio del derecho de sufragio de los extranjeros en elecciones municipales, por imperativo legal tras la firma del Tratado de Maastricht. La del 2011, sin acuerdo mayoritario, ni político, ni social, para reformar el artículo 135, e introducir el concepto de “estabilidad presupuestaria” y la prioridad absoluta del pago de la deuda y sus intereses. Este tiene que derogarse. Si se reformó por intereses económicos y presión de los mercados, ahora hay que reformarla por intereses sociales y de calidad democrática.

La historia del constitucionalismo español, está cargada de inestabilidad y falta de continuidad. Hoy, pese a lo que dicen, tampoco hay estabilidad institucional, sino todo lo contrario. Las dos últimas constituciones de 1876 y 1931, terminaron mal y en ambos casos se dieron situaciones políticas, institucionales, económicas o sociales insostenibles, que significaron el fin de un régimen. 1868, coincidió con las «catástrofes» coloniales y con que los liberales, demócratas y republicanos, opositores a la monarquía, consiguieron expulsar del trono a Isabel II y promover la elaboración de una nueva constitución que superara a la de 1845. La Constitución de 1876, fue de las más avanzadas de su época y representó un cambio de tendencia en la política española.

La dictadura de Primo de Rivera, apoyada e instigada por el rey Alfonso XIII, fue el preludio al proceso constituyente de 1931. La unión de las fuerzas republicanas y socialistas, junto con los sindicatos de clase, posibilitaron que las elecciones municipales de abril significaran el fin de la monarquía. Las elecciones posteriores a la proclamación de la Segunda República fueron constituyentes. La ruptura con el pasado fue total: se progresa en democracia, se cambian los símbolos, el modelo político del estado, se introducen derechos y se cambian estructuras y modos de funcionamiento. Todo desapareció con el golpe de estado fascista del general Franco.

El nacimiento de la Constitución en 1978 estuvo cargado de dificultades y obstáculos. Las Cortes surgidas de las elecciones del 15 de junio de 1977, sin saberlo fueron Constituyentes. Tras la muerte del dictador, se abrió en España una nueva era, cuyo proceso constitucional se inició con la Transición, que hoy sabemos no fue modélica. El proceso no fue sencillo, la crisis económica y el terrorismo lo dificultaron, el régimen estaba intacto y todo “atado y bien atado”. Salíamos de una larga y cruenta dictadura, con peligros de involución, que culminaron con el golpe de estado del 23F en 1981. Gobierno y oposición entendieron que era necesario redactar una constitución aceptada por la mayoría de las fuerzas políticas. El rey heredero de Franco, el ejército y el gobierno tenían el poder, la oposición la legitimidad democrática y se avinieron.

El consenso político y la redacción expresamente ambigua, permitieron resolver los temas más conflictivos del momento. Hoy esa misma ambigüedad y la interpretación interesada, permite al actual gobierno, subvertir principios y valores y llevar a cabo una política antisocial, antidemocrática y reaccionaria. Entonces permitió dar respuesta a la forma de estado y de gobierno, modo de elección, la cuestión religiosa, el modelo económico y la descentralización territorial. Hoy es distinta la situación, pero los mismos temas siguen presentes. El debate está abierto.

La Constitución de 1869, convivió con el golpe de estado y la dictadura de Primo de Rivera. La de 1931, terminó criminalmente por el golpe de estado, la guerra y la dictadura, entre otras causas por el problema territorial histórico que sigue sin resolverse. Las diferentes señas de identidad, históricas y culturales, la multiculturalidad y la diversidad, son valores que enriquecen la identidad común y así tiene que reconocerse y permitir su propio desarrollo. Estos hechos tienen que quedar plasmados en la Constitución, en el marco de un estado federal, que junto con el derecho a decidir, queden clarificadas las competencias, se fije un modelo fiscal y se establezcan mecanismos de cooperación y solidaridad. Un modelo que venga a dar estabilidad política, que sea viable económicamente y justo socialmente.

Mi recuerdo emotivo a la Constitución de la Segunda República. Declaraba que todos los españoles son iguales ante la ley; que el estado español no tiene religión oficial, y estará integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía. España renunció “a la guerra como instrumento de política nacional”. Se rompía con la tradición bicameral y eliminaba el Senado. El Congreso tenía la facultad de destituir al Jefe del Estado (con mandato de siete años), que era elegido de forma mixta: por los parlamentarios y a través de compromisarios elegidos por sufragio universal. La República se declaraba laica, garantizando la libertad de culto y prohibiendo a las órdenes religiosas ejercer la enseñanza, desvinculando al Estado de la financiación de la iglesia. Significó una ruptura radical y un foco de tensión, que costó la vida a la República.

La Constitución republicana, reconocía la libertad de expresión, reunión, asociación y petición; el derecho de libre residencia, de circulación y elección de profesión; inviolabilidad del domicilio y correspondencia; igualdad ante la justicia; protección a la familia, derecho al divorcio, al trabajo, a la cultura y la enseñanza, así como el derecho de voto a todos los ciudadanos de más de 23 años y a las mujeres; toda una revolución democrática. Se suprimía los privilegios de clase social y de riqueza; y se abría la posibilidad de socialización de la propiedad y de los principales servicios públicos.

Pasado el tiempo, sigue siendo necesario dar solución definitiva a la cuestión religiosa en España. La Constitución declara que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal” y esto no se cumple en la práctica. En un estado laico, se ha de dar una efectiva y real separación entre el estado y las iglesias. Los fondos públicos no pueden dedicar su esfuerzo ni a la iglesia católica ni a ninguna otra. La religión tiene que salir de la escuela para nunca volver y todo tiene que quedar plasmado en la próxima Constitución. El Concordato y los acuerdos de privilegio con el Vaticano deben derogarse, enmarcando las relaciones en el ámbito diplomático de reciprocidad.

No quiero terminar este análisis sin destacar lo que echo en falta en la propuesta socialista. No cuestionan la forma política de Estado (artículo 1.3) ni la forma de elección del jefe del Estado, pero sí ven la necesidad de modificar la Constitución, para eliminar la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión de la Corona, por suponer una discriminación por razón de sexo. Aquí hay una contradicción; cierto que existe discriminación; pero hay que tener en cuenta que la mayor discriminación se da en el propio régimen monárquico, donde existe el privilegio de la sangre y la discriminación por razón de herencia en el acceso a la jefatura del Estado y por el disfrute de privilegios perpetuos, que solo la familia real mantiene. La monarquía está muy alejada de los principios de igualdad ante la ley y de igualdad de oportunidades. El acceso a la Jefatura del Estado, como a cualquier otro órgano de representación, no puede tener carácter hereditario, sino sometido a la libre y democrática concurrencia ciudadana. No cabe la persona del rey inviolable y no sujeta a responsabilidad. Cuando finalice el Proceso Constituyente que se propone, tendrá que abandonar el trono.

El sistema electoral actual, impide que una parte de las formaciones políticas y ciudadanas accedan a las instituciones representativas, favoreciendo el bipartidismo, como se previó. Hay que establecer un sistema general electoral que permita listas abiertas, desbloqueadas, así como la eliminación de la barrera electoral del 3%. El sistema de la Ley d’Hont, que prima a los partidos más votados, debe cambiarse para que se garantice la proporcionalidad y equidad del voto y la igualdad de oportunidades para todas las formaciones políticas y ciudadanas.

La fractura social provocada por la desigualdad sistémica, hace necesaria la ruptura con el Sistema y con la Constitución que le sustenta. Convóquese un referéndum, que permita abrir un Proceso Constituyente amplio y abierto, que diseñe un proyecto de Estado Republicano democrático avanzado de convivencia, que dé respuestas a los retos actuales.

Un nuevo Poder Judicial, un nuevo Senado, un nuevo papel para el mundo local. Un nuevo país que recupere la justicia social. Con la creación del Estado Republicano, se han de recuperar las instituciones para la mayoría social, quienes con el fruto de su trabajo, hacen que el futuro sea posible, al servicio del interés general y de la soberanía que reside en el pueblo.


Un Estado Republicano, plurinacional, solidario, participativo y laico, debe contar con una nueva estructura territorial federal, con un modelo de financiación y de política fiscal viable; que incorpore mecanismos que garanticen el Estado social, en el que la universalidad de los servicios públicos esté sustentado por principios y valores de libertad, igualdad, justicia social y solidaridad, que fortalezca y amplíe los derechos fundamentales de los ciudadanos, equiparando derechos civiles y políticos blindados, para evitar que los gobiernos de turno, ataquen los fundamentos del Estado de Derecho.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

EL "PEQUEÑO NICOLÁS" Y LA CORRUPCIÓN GNERALIZADA

En el contexto de la operación Púnica -la trama de consecución de contratos públicos a cambio de comisiones, capitaneada por Francisco Granados-, Rosa Díez le espetó a Mariano Rajoy que la corrupción podría ser como el ébola de la democracia. Tiene su gracia que UPyD se erija en azote de esta lacra que todo lo ensucia, si tenemos en cuenta que dentro de la formación magenta han surgido todo tipo de críticas, relativas a su liderazgo narcisista y despótico, implacable con las voces disidentes. Hay que recordar, entre otras polémicas, que los orígenes de este partido progresista y no nacionalista están manchados igualmente por la sombra de la duda. Según informaciones publicadas en El País , el 31 de enero de 2013, la plataforma Basta Ya, germen de UPyD, pudo ser financiada con dinero proveniente de la contabilidad B del Partido Popular.

Nos podríamos entretener un buen rato en el ejercicio de desmontar la imagen impoluta que pretende vendernos pero en algo tendremos que darle la razón a la exdiputada socialista: tal y como sostienen buena parte de expertos en la cuestión, si no se toman las medidas adecuadas, la corrupción es altamente contagiosa.

La subcultura del soborno, la prevaricación, el nepotismo, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito y, en general, del abuso de autoridad, está fuertemente arraigada en España, un país de larga tradición caciquil, en el que las artimañas oscuras del poder se transmiten fluidamente de generación en generación.

Uno de los casos más espeluznantes, a la par que interesantes, de los conflictos internos que se fraguan en las altas esferas lo encontramos en la muerte a tiros de la presidenta de la diputación de León, Isabel Carrasco, el pasado mes de mayo, desaparecido, por cierto, como por arte de magia de los medios de comunicación. La frustración de las ansias de trepar y la condena al ostracismo, condujeron a una madre y a una hija a poner punto y final a la vida de su odiada contrincante, compañera de filas del mismo partido. En el puente donde fue asesinada se podía leer una reveladora inscripción sobre el contexto sociocultural en el que ocurrió el crimen: “Aquí murió un bicho” recomiendo la lectura del artículo del periodista Jesús María López de Uribe, Isabel Carrasco y el León maquiavélico, publicado en la revista Tinta Libre, en la edición de julio-agosto.

Es imposible dejar de mencionar a los hermanos Pujol Ferrusola, paradigmas de la relación de la delincuencia de cuello blanco con los lazos de sangre. Sería un auténtico reto encontrar un solo miembro de la famiglia que no fuera experto en gestión de turbias transacciones bancarias o en coacción de empresarios, entre otras turbias competencias.

Últimamente, hemos conocido otro caso de contagio intergeneracional cuando nos hemos enterado de las pintorescas aventuras del joven de veinte años Francisco Nicolás Gómez Iglesias, conocido con el apodo de pequeño Nicolás en la prensa, y como Marqués de Prosperidad en el humilde barrio de Madrid de donde procede. La mayoría de tertulianos de los mass media lo han presentado básicamente como un aprendiz de conseguidor que cameló a todo el mundo con su tremenda picardía. Dada la lógica interna de las tramas ilegales, sería toda una rareza que se subvirtieran las relaciones de vasallaje, clientelismo y protección, para permitir que alguien actuara de una forma tan anárquica y desenvuelta, al margen de las triquiñuelas de los veteranos.

Sin la protección de algún pez gordo de la élite política o financiera parece imposible concebir que semejante pardillo reuniese los ingresos, los contactos, la infraestructura y los privilegios de los que gozaba para llenarse los bolsillos.

Por mi parte, más bien apostaría por suponer que, finalmente, la falta de madurez le impidió cultivar la necesaria fría previsión que se requiere para robar el dinero de los demás. A través de una ridícula fabulación como supuesto miembro del CNI y una chulería tan poco elaborada no se puede llegar muy lejos. Para ser Eduardo Zaplana no hay que finalizar ninguna carrera, es cierto, pero se requiere una mínima racionalidad para que los negocios no se te escapen de las manos.

Otro aspecto destacable en la trayectoria de este muchacho es su afiliación a las Nuevas Generaciones del PP, así como a FAES. Detrás del escaparate de los valores excelsos promovidos en estas canteras de futuros dirigentes, se persiguen unos objetivos que, a juzgar por los casos que conocemos cada día, tienen muy poco que ver con lo que debería ser noble arte de gobernar
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Así las cosas, podemos imaginar que el joven Francisco Nicolás escogió un entorno adecuado, que le permitió su escalada hacia el estilo de vida del típico corrupto chabacano, que tanto codiciaba, a través de un sencillo proceso de aprendizaje por observación.

Si tenemos en cuenta que la mayoría de saqueadores salen indemnes de su actividad delincuencial, entendió que el negocio podía salirle redondo. Pocos castigos y múltiples recompensas. ¿Quién querría alejarse del riesgo y abstenerse de escapadas en yate, coches de alta gama y hoteles de lujo? Si se siguen promoviendo medidas como la amnistía fiscal de Montoro y, al mismo tiempo, se cierra el grifo de los recursos para que la Justicia investigue las redes mafiosas, tendremos aseguradas camadas de Nicolases por decenios.

Los códigos éticos son bien decorativos pero en ausencia de medidas estructurales serias para atacar de raíz las prácticas deshonestas, nunca lograremos salir del lodazal de la corrupción. De momento, parece que todo el mundo tiene las recetas muy claras. El problema siempre radica en ponerlas en práctica con éxito. ¿Podremos o no podremos?

         Toma la pasta y corre dijo el personaje de míster Allen. Tomaron nota. No se salva (casi) nadie. Ni la Casa Real borbónica (¡hasta los cimientos si existieran!), ni los dos partidos que se han ido turnando en el poder (no hablo de todos sus militantes) con las organizaciones más próximas, ni ex presidentes de la Generalitat, ni ex presidentes y presidentes de grandes multinacionales del fútbol, ni ex presidentes de grandes corporaciones bancarias o de grandes organizaciones empresariales, ni numerosos alcaldes y regidores, ni destacados miembros del aparato judicial. Largo etcétera. La corrupción, la impiedad, el clasismo, el elitismo, el desprecio de los más desfavorecidos, la expropiación de los bienes comunes está generalizada.

         La trama, que diría Manolo Monereo, tiene tentáculos por doquier, por todos los rincones del país. ¡Que se vayan, que se vayan todos! ¡Fuera, fuera! No hay otra, no hay más, no podemos aguantar más.

         Por si faltara algo: Esperanza Aguirre, quien según parece volvió a mentir a la ciudadanía negando relaciones con alguno de los alcaldes implicados en esa nueva trama de corrupción, la presidenta que nombró a Francisco Granados como alto cargo (llegó a ser vicepresidente) de sus gobiernos, trabaja (¿trabaja?) como caza-talentos. ¡Como caza-talentos…! y en una empresa catalana.

       Es la España, incluida Cataluña, sin exclusiones, que hiela el corazón. Machado nos advirtió hace décadas de ella. ¡En qué manos estamos! ¿En qué manos deseamos? ¡En nuestras propias manos! ¡Que se vayan, echémosles!.

sábado, 6 de diciembre de 2014

PODEMOS; DERIVA ORGANIZATIVA E IDEOLÓGICA

Nadie lo imaginaba hace apenas diez meses. La Tuerka –una televisión local que emite por internet–, un envite de Pablo Iglesias tanteando los primeros 50.000 seguidores, la presentación de febrero en el cine Palafox, y a partir de ahí todo un proceso de fermentación política que, pasando por el éxito en las europeas de mayo (5 eurodiputados, 1.245.948 votos y el 7.97% del voto emitido), ha llevado a que PODEMOS sea el tercer partido en estimación de voto según la última encuesta del CIS de octubre de 2014.

Semejante éxito se debe no sólo al contexto de crisis, corrupción e indignación reinante en España, sino también al acierto en la estrategia de autopresentación mediática y comunicación política del partido, acierto en el que sin duda el carisma y la telegenia de su líder, Pablo Iglesias, han sido decisivos.

Ahora bien, PODEMOS no es una realidad hecha y acabada sino un joven partido que se está haciendo, sometido además, a un proceso acelerado de ampliación de sus propias expectativas electorales. La adaptación a ese cambio, su repentina conversión en un partido con posibilidades de gobernar es, a mi entender, el principal reto al que PODEMOS se enfrenta ahora: transformarse en una fuerza política de masas sin perder su identidad o, mejor dicho, el alma con la que nació. Tal como van la cosas –debo decirlo–, asoman algunas dudas.

Me centraré en dos cuestiones: el modelo organizativo que sale del I Congreso de octubre (I Asamblea Ciudadana) y la deriva ideológica observable en el discurso más reciente. Veamos:

Tras este I Congreso, PODEMOS ya tiene un modelo de organización interna. Pero no sólo tiene eso. Tiene además un sistema de distribución y control del poder dentro de la organización. No podía ser de otra forma: toda organización es a la vez y necesariamente un sistema de poder interno, por la sencilla razón de que tiene que ser dirigida. Sin estructura organizativa no hay partido político; sin dirección no hay estructura organizativa. Tras un dilatado proceso de votación y con una abrumadora mayoría del 80%, los electores de PODEMOS eligieron uno de los dos modelos presentados. Y tuvieron que elegir porque no se logró sintetizar una propuesta unitaria.

Estos dos modelos se diferenciaban tanto por su contenido como por su procedimiento de elaboración. Sus contextos fueron bien distintos. El que encabezaba Pablo Echenique (Sumando Podemos) no sólo era el modelo más democrático – y, por tanto, el más coherente con el espíritu fundacional de PODEMOS, que a su vez se inspiraba en el espíritu democrático-radical del 15-M–; era también el que más democráticamente se había gestado. Si alguien se tomó en serio los principios de deliberación y participación en ese proceso “transaccional” fue el llamado sector “crítico” encabezado por Echenique, quien supo integrar a más de cuarenta propuestas previas a base de discutirlas abiertamente entre los distintos círculos.

En la teoría política se sabe que el consenso es el principio regulativo de la deliberación. Sin aspiración al consenso, carece de sentido entrar en la plaza pública a debatir, es decir, a utilizar la palabra como portadora de razones y convencer (no vencer) al otro. Creo que Echenique ha dado una lección de democracia deliberativa en este I Congreso.

Todo apunta a que, por el contrario, la propuesta organizativa encabezada por Pablo Iglesias (Claro que Podemos) fue desde el principio una propuesta elaborada a puerta cerrada y poco o nada abierta a la “transacción” deliberativa con la propuesta alternativa y con los círculos que pensaban de otro modo. No es de extrañar que saliera a relucir la metáfora del asalto frente al consenso.

El poder, en efecto –no el cielo–, demasiado a menudo se toma por asalto. Y cuando algo se toma por asalto, claro es, no se quiere compartir. Coherentemente, Pablo Iglesias avisó de que quien perdiera tenía que “hacerse a un lado”. A todas luces, en la cabeza de la “promotora”, se trataba de un congreso de ganadores, al que ni artimañas de última hora le habrían de faltar.

PODEMOS quería ser innovador, hacer política de otra forma, crear un espacio público para el encuentro de voces plurales, donde el poder estuviera lo más difusamente distribuido, donde la transparencia sustituyera a la opacidad, sin las hipocresías, las dobleces, los subterfugios –y, desde luego, sin los asaltos– de la vieja política. Ilusos o no, lo cierto es que, desde el principio, hubo en PODEMOS una decidida apuesta por la fraternidad democrática.

Desde mi punto de vista, la actuación de la promotora en este Congreso (con todo su éxito) se distancia de ese espíritu fundacional. Lo que ha resultado (porque así lo ha querido la gente de PODEMOS, aun con un sorprendente 40% de abstención) es un modelo de partido bastante convencional: personalista, vertical, con unos círculos poco menos que desactivados, con mecanismos más débiles de control y revocación de los líderes y, por supuesto, sin rastro alguno del sorteo que, como se sabe, ha sido históricamente uno de los mecanismos de selección de líderes y magistrados preferidos por la tradición democrática.

Es posible que una dirección unipersonal con una ejecutiva a la medida del secretario general sea un instrumento electoralmente más eficaz; pero pone los cimientos para una relación jerárquica y asimétrica con las bases. En efecto, en un modelo así, el éxito del partido pasa a depender sobremanera del liderazgo carismático del “jefe”.

Lo normal entonces es que ese líder carismático se concentre en sus tareas de comunicación con la sociedad, para afianzar su capital mediático y acrecentar su potencial electoral. Pero para ello habrá de tener un partido lo más controlado posible, con una voz unificada en sintonía con el discurso oficial. Así ha ocurrido históricamente en los partidos convencionales con fuertes liderazgos. Y entonces aparecerán las conocidas estructuras clientelares de patronazgo interno que, apuntaladas por el culto a la personalidad del líder, garantizarán la interesada obediencia de los cuadros intermedios, así como la concentración de poder en una cúpula directiva que tenderá a la autoperpetuación o la sucesión “dinástica”. Se trata de un proceso típico, aunque nada ideal, de oligarquización interna. El tiempo dirá si PODEMOS termina oligarquizándose, pero el modelo organizativo del que se ha dotado no parece la mejor herramienta para evitarlo.

Pero, si este diagnóstico es acertado, ¿cómo se entiende con el incuestionable hecho de que en este I Congreso ha habido una amplísima participación directa y abierta de una militancia nada despreciable de decenas y decenas de miles de militantes? ¿Por qué temer la oligarquización interna si la “última” palabra siempre la va a tener la gente, que siempre va a ser consultada en las grandes decisiones y podrá emitir su voto? Creo que la síntesis de ambas cosas (elitismo y democracia participativa interna) es una gran novedad de este partido. ¿Cómo se consigue dicha síntesis?

Es posible si se entiende lo siguiente: en PODEMOS hay una vanguardia democrática que desconfía de sus propias bases organizadas en los círculos. Por vanguardia democrática entiendo un pequeño grupo dirigente cuyo objetivo último sería hacer políticas democráticas, en plural, pero no tanto política democrática.

Una vanguardia democrática interpreta las necesidades de la ciudadanía (los de abajo, el pueblo, la gente, la “voluntad colectiva”), y cree tener una estrategia política y un modelo de democratización social, una vez tenga en sus manos los resortes de poder para hacerlo. Puede incluso tener bien claras las ideas (no digo que ésta de PODEMOS las tenga), y por ello mismo la democracia interna puede ser un estorbo para una vanguardia democrática: puede dejar decisiones importantes (doctrinales, tácticas y estratégicas) en manos de grupos desinformados o, peor aún, de grupos sobreinformados de militantes superactivos. Una vanguardia democrática puede preferir dirigirse a una masa abierta de militantes para ser plebiscitada por ella, antes que discutir las grandes cuestiones con unas bases activas y organizadas.

En realidad, PODEMOS tiene desde el principio esa dualidad organizativa: los círculos y la inscripción directa. Pero además, uno puede militar en PODEMOS sin integrarse en un círculo: novedad radical de este joven partido.

Todos los demás partidos tienen una estructura organizativa territorial cuya unidad es la agrupación local. Y cada militante se inscribe en una agrupación y actúa –discute, critica, conspira, vota– desde esa agrupación. En PODEMOS no: uno puede votar directamente en asambleas abiertas de máxima participación apretando un botón en el ordenador de casa.

Pues bien, dado que el crecimiento de la vanguardia de PODEMOS se ha debido a su acumulación de capital mediático, esa vanguardia bien puede explotar dicho capital para “puentear” a los incómodos círculos controlados muchos de ellos por “aristocracias supermilitantes”. Hay un demos virtual en PODEMOS al que la vanguardia llega directamente a través de la televisión y las redes, y que puede manifestar su voluntad desde su móvil en votaciones directas y abiertas. Creo que esta ha sido una ventaja comparativa de la “plataforma” dirigente que explica en gran medida el resultado del Congreso.

Ahora bien, después de este I Congreso, es posible que: a) los círculos se desactiven y sólo quede una vanguardia frente a una militancia virtual y atomizada; o b) que unos círculos debilitados sean penetrados por los cuadros leales a la vanguardia. En el primer caso, PODEMOS sería un partido autocrático poco estructurado pero muy activo mediáticamente, que apelaría directamente a la gente de la que obtendría su legitimidad “democrática”.
Sin embargo, en los sistemas de gobierno representativo modernos, el éxito electoral obliga a ocupar muchos puestos en el amplio y complejo aparato institucional, lo que exige una fuerte estructura organizativa capaz de generar un nutrido caudal de recursos humanos y cuadros. Un gran éxito electoral exige un gran partido con una fuerte organización. Por lo tanto, el resultado más probable es b), esto es, la oligarquización.

Las vanguardias democráticas siempre han querido controlar la democracia de base, cuando no han podido prescindir de ella. Lo paradójico es que esas élites siempre han pedido de esas mismas bases el máximo de confianza. Ahora en PODEMOS se ha completado la conformación del Consejo Ciudadano. La vanguardia democrática dominante ya había dado un paso nada menor: evitar que se le cuele un 20% de militantes al azar. Para esa vanguardia es importante tener ese Consejo bien controlado.

El equipo de Echenique retiró su candidatura al Consejo por considerar que el proceso no garantizaba la pluralidad, e Izquierda Anticapitalista no ha podido optar por la prohibición de la doble militancia. Es muy esclarecedor e interesante observar su composición. El Consejo será un instrumento de la ejecutiva más que un órgano independiente de control de la misma. Pero nadie podrá dudar de su “legitimidad democrática”. Decenas, si no cientos, de miles de militantes lo han votado en bloque.

Y así PODEMOS habrá obrado el milagro de la síntesis entre oligarquía y democracia internas. Será un instrumento doblemente eficaz: tendrá una dirección cohesionada en torno a un líder carismático con gran libertad de acción y a la gente del partido (que les renovará su confianza si hacen las cosas medianamente bien) como fuente permanente de legitimación democrática. Creo que pronto PODEMOS habrá depurado toda disidencia interna, y se presentará ante la sociedad como un partido sin fisuras. Todo un ejemplo de eficacia política. Admirable.

Durante el Congreso referido, se habló y mucho de la tensión entre eficacia y democracia: “no tiene por qué haber contradicción” se le oía explicar a Echenique que era consciente de la tensión y quería hacer compatible la máxima democracia interna con la eficacia política. Pablo Iglesias y su equipo lo plantearon más bien al contrario: buscaron hacer compatible la máxima eficacia con la democracia interna. Son estrategias bien distintas, y ambas legítimas. Pero nuevamente, lo que no me parece legítimo es zanjar el problema con una falsa solución conceptual. Esto es justamente lo que creo pretende Pablo Iglesias cuando corta por lo sano y “resuelve” el problema con una supuesta identificación semántica: eficacia –dice– es igual a democracia.

No. No son conceptos identificables. Un asesino puede ser eficaz, como lo puede ser un terrorista, una estrategia militar, un método de trabajo, una campaña publicitaria o un servicio de espionaje. Nada de eso tiene que ver con la democracia. Al revés, no todo lo que sale de un procedimiento democrático de decisión tiene por qué ser eficaz: el pueblo, sencillamente, puede equivocarse; mucho más si se deja seducir por demagogos desaprensivos. Identificar ambas cosas es un error de bulto, pues la eficacia remite a una relación estrictamente formal entre medios y fines, independiente del juicio moral que nos merezcan esos medios y estos fines.

Es verdad que no hay buena democracia sin servicios públicos de calidad, que funcionen eficazmente, pero para decir eso no es necesario confundir democracia con eficacia. El buen funcionamiento de las instituciones pasa por garantizar la selección meritocrática de los empleados públicos, reglas procedimentales claras y explícitas, una buena dosis de virtud cívica y una prudente racionalización de recursos.

La ampliación súbita de las expectativas electorales de PODEMOS explica, a mi entender, la preferencia por el modelo de partido elegido en el Congreso de octubre y su justificación en términos de eficacia competitiva de cara a las próximas elecciones generales. Pero explica también la deriva ideológica en la que parece haber entrado este joven partido a juzgar por el cambiante discurso de su dirección.

En efecto, en apenas ocho meses PODEMOS ha pasado de ser una emergente fuerza de izquierda, que aspiraba a disputar o arrebatar el espacio político de IU, a proclamar que la dicotomía izquierda-derecha está superada, que ya no vale para explicar la concreta realidad social y política de hoy. Sorprendente cambio de discurso, en verdad. En un momento en el que la globalización (y la crisis sistémica del capitalismo en la que seguimos instalados) ha polarizado la riqueza hasta extremos propios de la Europa de 1910 y ha generado una masa invertebrada pero identificable de grupos de alta vulnerabilidad a nivel global (el precariado), nos enteramos de que eso de la izquierda y la derecha es un esquema obsoleto y de que el foco político al que hay que apuntar es la “centralidad”.

Y eso lo dicen afirmando a la vez estas otras dos cosas: que a) PODEMOS es una nueva versión de la socialdemocracia y b) el bipartidismo está finiquitado. Esto no es una contradicción: para una contradicción basta una tesis y su contraria. Esto es directamente un lío.

Uno puede ser socialdemócrata, hasta ahí podíamos llegar. Bien, pero entonces es de izquierdas. Y un partido tiene todo el derecho a ser un partido omnívoro que intenta “centrarse” para sacar el máximo de votos, pero entonces está asumiendo una distribución del voto propia de los sistemas bipartidistas. Si el mapa político está verdaderamente fragmentado, lo mejor que puede hacer cada partido es apuntar a su fragmento más afín. Si por el contrario, el centro del espectro ideológico acumula el grueso del voto potencial, entonces el bipartidismo tarde o temprano se recompondrá.

A mi entender, PODEMOS corre el riesgo de diluir su identidad ideológica si se empeña en seguir una estrategia transversal de maximización del voto. PODEMOS no va a vivir eternamente de la crítica a la corrupción y las puertas giratorias: tarde o temprano tendrá que concretar su oferta programática y para ello tendrá que definir una identidad ideológica. Incluso una estrategia oportunista de convergencia hacia el centro se hace desde algún polo ideológico, desde la izquierda o desde la derecha.

Es de suponer (aunque se empeñan cada día en oscurecer esta cuestión) que si PODEMOS emprende ese viaje hacia la “centralidad” lo hará desde el polo de la izquierda. Pues bien, conviene entonces recordar que la izquierda europea moderna tiene dos grandes raíces.

La primera raíz es el proyecto democrático igualitarista que arranca de la Constitución del Año I (1793) de la Revolución francesa con su programa universalista de derechos sociales para todo el cuerpo de ciudadanos. La segunda raíz arranca de la Ilustración con su programa de educación laica de la inteligencia y su tenaz lucha contra el oscurantismo y la ignorancia.

Ambos programas, lejos de ser independientes entre sí, apuntan en la misma dirección: la lucha contra los privilegios de casta del antiguo régimen. Y apuntan en la misma dirección porque la ignorancia del pueblo (apoyada durante siglos en la teología cristiana de la dominación) era una de las condiciones para la perpetuación de los privilegios de las élites.

Es verdad que la globalización, entre sus múltiples perversiones, también ha dado de sí una “izquierda” posmoderna, es decir, anti-ilustrada y anti-racionalista, pero la gran tradición de la izquierda (con el marxismo a la cabeza) jamás abdicó de la racionalidad científica, del pensamiento crítico y del conocimiento objetivo y bien fundado empíricamente. El sapere aude de Kant encerraba algo más que un programa de educación de la inteligencia; encerraba una promesa de emancipación a través del conocimiento y la crítica.

Cambiar la dicotomía izquierda-derecha por la de casta-ciudadanos o poder-pueblo, no hace sino ocultar el hecho de que ese pueblo, esa ciudadanía, no es algo homogéneo. La sociedad moderna (por capitalista) está dividida en clases y, en su complejidad pluralista, comprende multitud de grupos y colectivos con intereses materiales y simbólicos contrapuestos.

Aparte de la élite y la superélite, hay viejas y nuevas clases medias, asalariado y precariado, “profitécnicos” y clase obrera tradicional. Y multitud de intereses que pueden entrar en conflicto (crecimiento económico y equilibrio ecológico, laicismo y religión, soberanismo y no soberanismo, etc.): la corrupción de la casta puede focalizar la indignación popular, pero gobernar implica atacar esa complejidad conflictual de la sociedad moderna con buenas herramientas y con robustos materiales de construcción de ciudadanía. Y para ello, el esquema tradicional izquierda-derecha sigue siendo fundamental.


El camino del éxito político está empedrado de traiciones a uno mismo. Si PODEMOS crece y prospera como partido, espero que no se deje el alma por el camino, su original alma de izquierdas. Es una de las asignaturas pendientes en este país: recomponer las fuerzas de una izquierda laica, republicana y democrática.

martes, 25 de noviembre de 2014

PODEMOS, ¿SOLUCIÓN O TRAMPA?

¿Cómo puede un Régimen que se está desmoronando y pudriendo en corrupción y despotismo, ser con su poderío mediático, el que está promocionando y aupando a los que dicen que le quieren quitar del poder? No sé el lector, pero pienso que es para desconfiar y pensar que se trata de un burdo montaje.

Existen excelentes trabajos  sobre el surgimiento de las mareas de indignados y sus “originales” formas de interpretar el conflicto político-social  imperante por estas tierras, siempre envueltos en turbias y sospechosas teorías “apolíticas” e “interclasistas”, y que a algunos nos daba la impresión de ser algo para nada espontaneo sino partes de algún proyecto siniestro, cosa que parece empezar a confirmarse  con la aparición de la formación de Pablo Iglesias,  Podemos.

Parece como la culminación de una de las etapa de un proyecto para nada halagüeño que se ira configurando y completando en etapas sucesivas.

          Podemos ha llegado, ¿pero quiénes lo trajeron? El capitalismo ha ungido ya a Podemos como su hijo bienamado del momento como paso necesario, y en previsión de ese día en que un hipotético gobierno de Podemos pueda causar desilusión, (que es lo que viene cuando se acaba la “ilusión”), y frustración. Será en ese momento en el que el escenario político esté maduro para otros actores políticos; cuando el discurso social ya no vaya contra una u otra representación concretas, contra partidos determinados, sino contra todo el sistema democrático formal y lo que se demande a voz en grito, sea un caudillo que acabe con todos los políticos y decida por todos. En los tics autoritarios y mesiánicos del macho alfa ya se adivina un futuro más allá de la configuración actual de Podemos.

Creo que esta es una deducción realmente interesante y realista, por eso me he permitido desarrollarla con una visión más extensa personal y directa sobre la intencionalidad de  lo que podría ser, controlado o incontrolado  un presunto “Proyecto Podemos”. Que claro esta no dejara de ser una mera especulación futurista, que aunque esté basada en datos coherentes, siempre existe una frontera entre la teoría y la práctica que se suele traspasar con la praxis.

Es decir con los hechos  contrastados, y por ahora… en eso andamos. El fin último de este artículo es despertar la inquietud y la curiosidad, que debe suplantar a la fe ciega  (que siempre será cosa del oscurantismo religioso), entre los/as  simpatizantes polemistas sobre los entresijos de esta formación, para alejarlos de  la peligrosa adhesión incondicional, basada en su encanto personal  y en sus palabras de oro. Para que, desde parámetros de la crítica constructiva, buceemos en el interior de sus promesas fáciles, contrastando entre lo que se promete  con lo que se puede o no se puede hacer.  Y es importante ver   que la “verdad libertadora” no suele ser tan fácil de reconocer y, cuando es el enemigo el que nos la muestra tan ruidosamente, desde su poder mediático, debemos desconfiar de ella, no vaya a ser una trampa.

¿Sera el presunto “PROYECTO PODEMOS” una realidad para articular una regresión totalitaria  del Régimen?

           En un escenario político totalmente  mediatizado, nunca mejor dicho, dado el enorme poder mediático del Régimen, que controla casi talmente los medios de TV, prensa radio  etc. (Control entendido como medios  afines e incondicionales defensores  del Régimen Monárquico surgido del Franquismo), suena a raro y a hueco el  papel de presunto “opositor radical” de Podemos al propio Régimen. Quiero decir que, ¿Cómo puede un Régimen que se está desmoronando y pudriendo en corrupción y despotismo ser, con su poderío mediatico, el que está promocionando y aupando a los que dicen que le quieren quitar del poder? ¿No sé el lector, pero  pienso que es para desconfiar y pensar que se trata de un burdo montaje “gatopardiano”?

             La teoría de la conspiración cobra enormes visos de credibilidad  conociendo a los agentes implicados  en el plan.  Se trataría de  un proyecto "gatopardiano," sacrificando algunos peones  en el  tablero del Estado para salvar su propia  esencia de  Estado al servicio de la burguesia. Esta  sería la primera etapa del proyecto Podemista caso de conseguir una mayoría en el Congreso y formar gobierno.
           Fase esta  que sería previsiblemente inviable, porque la casta neo franquista que controla el Estado  no  permitiría  el más mínimo retroceso y pérdida de sus poderes y privilegios, basados en la corrupción y el despotismo.

Y aunque Podemos  tuviese la mayoría en las Cortes y el Gobierno , todas sus leyes y reformas  serian inaplicables por tener enfrente a una burocracia estatal corrompida y viciada  que ya dura casi ochenta años de franquismo, primero y neo franquismo después al servicio de las castas de la eterna “España negra y cavernaria” ahora de vocación neoliberal.   Las  crisis institucionales y los sabotajes serian  diarias, lo que haría  inoperante la estabilidad del  gobierno y  la apertura de constantes y  enorme crisis de ingobernabilidad  etc. etc.  Y por supuesto     detrás de todo esto  entraría en escena el  arma principal  y más poderosa del Régimen, el Poder mediático, que engordaría modelaría y dirigiría a su conveniencia el fuego del caos  y la  ingobernabilidad, cosa que daría pie a la segunda fase del  plan del “Proyecto  Podemos”, el golpe.

En Venezuela, tras el triunfo del chavismo está ocurriendo algo similar, es decir la existencia de una burocracia estatal corrompida  durante muchísimas décadas que sabotea y se niega a aplicar los planes progresistas de la revolución Chavista. La ingobernabilidad desde  la burocracia ministerial lo están superando con una especie de burocracia estatal  paralela, compuesta por organizaciones  de masas perfectamente estructuradas y organizadas a través de las llamadas “Misiones”, que abarcan diversos campos de las necesidades sociales, desde la sanidad la educación, la alimentación, la seguridad etc. etc. y fundamentalmente porque tiene al ejercito de su lado, lo que hace que el gobierno funcione, aunque no tan bien como se desearía.

En Venezuela puede ocurrir esto gracias a la impresionante capacidad combativa de las masas de un pueblo trabajador preparado y armado con el Poder Popular de las masas, que ha implementado los poderes de la organización, la concienciación y la determinación  de triunfar, lo que   les hace tremendamente fuertes y poderosos para combatir y enfrentar a la derecha golpista de la burguesía.

Sin embargo, en el Estado español, el panorama de las masas es bastante desolador en cuanto a conciencia y organización, un “gran logro” gracias al Estado y sus eficientes aparatos de manipulación mediática y, también gracias a la desidia y la colaboración necesaria en esas tarea de las llamadas “izquierdas oficiales del Régimen” lo que nos presenta un panorama  gravísimo de indefensión de estas masas ante las embestidas futuras  de manipulación que  el Régimen nos puede preparar.

Y esta  tremenda carencia de concienciación política que sufren  las masas, con los cerebros aletargados de apoliticismo ante las previsibles crisis de gobierno, y de un caos planificado y provocado por la caverna política que controla la totalidad de los órganos del poder y sobre todo  el mediático, creciendo y manipulado mediáticamente la crisis, nunca podríamos esperar de las masas una respuesta en clave solidaria y organizada,  porque no olvidemos, que gracias a su despolitización son presa fácil para la manipulación, y si el poder mediático ya los manipuló como masa no pensante políticamente, alentándolos a considerar a Podemos y a botarlo como fuerza “salvadora”.

Es racional pensar que dada la  poca formación política de estas masas, también serán nuevamente convocadas  a sentir desanimo e irritación ante un panorama de caos e ingobernabilidad  para que asimilen, más aun,  la apatía  la frustración y  el odio a todo lo político sinónimo de corrupción y decadencia. etc., etc.

Y claro el Régimen ya vendría con antelación preparando la figura “salvadora “de un líder preparado para la misión de "salvar a la patria", previo modelado de su imagen como el sumun de honestidad eficiencia etc., lo habitual en estos casos, de márquetin político.

Quizás sería el Propio líder de Podemos, u otro desconocido por ahora, quien sabe, puede ser cualquiera porque suele ser una cara o fachada cuya misión es dar el pego de lider populista. Porque detrás del “líder “el verdadero poder estarían en  las oligarquías hegemónicas de la burguesía local asesoradas por el poder hegemónico del neoliberalismo mundial. Incluso  no sería aventurado pensar que estos poderes hegemónicos hayan escogido el Estado español, como escenario experimental para aplicar el “Proyecto Podemos,” para posteriormente exportarlo a sus  áreas de dominación  e influencia. El llamado “Mundo libre Occidental”.

Y no es descabellado pensar que sea el  Estado español el seleccionado pues  sus peculiaridades  sociológicas e históricas  han conferido a su masa social cierta naturaleza diferenciada a otros pueblos Occidentales en cuanto a su capacidad de ser susceptible de manipulación. Casi ochenta años de control mediático controlado por los franquistas primero y por los neo franquistas después, han dado sus frutos,

A su vez la enorme carencia de organizaciones de izquierda, (tras ser anulada  la llamada “izquierda oficial “como izquierda) que a su vez ha neutralizado todo atisbo de conciencia obrera y de organizaciones  de clase.

 Una   población atolondrada durante  casi cuarenta años aceptando como democracia un burdo transvase de una dictadura, a una Monarquía creada por el dictador para dejar “todo atado y bien atado”, es decir con todos sus Poderes  intactos etc. etc., Y el “Proyecto Podemos “pudiera ser  ya el comienzo del nexo con el  “Nuevo Orden“ mundial vasado en la fantasía totalitaria Orwelliana. Estos factores  hacen del  Estado español el escenario propicio para experimentos de manipulación política.  
                                    
El sagaz lector se habrá percatado del  papel del poder mediático en esta segunda fase, al igual que fue en la primera,  que será determinante para el devenir del “Proyecto” dado la gran  capacidad de “fuego mediático” del que dispone y que no le sería nada difícil modelar estados de ánimos cargados de  desaliento, desengaño y  desprecio hacia todo lo “políticamente” tradicional. El camino hacia un Estado gobernado por unas “elites” competentes, (Fascismo) y apolíticas estaría  conformándose  sin casi enterarnos.

Estaríamos pues en la segunda fase de un escenario propicio para la creación de un estado totalitario, hábilmente  camuflado, claro, con otros nombres más sutiles y adaptados a los “nuevos tiempos.” Pero que si tendrían denominadores comunes de lo que es el fascismo puro, el “apoliticismo”, un líder “Salva patrias”,  o quizás sean una elite colegiada  de “profesionales competentes”  que no serían  “ni de derechas ni de izquierdas” donde se prescindiría de los partidos políticos por ser “inoperantes y un nido de corrupción” y tampoco serían necesarias  las elecciones, ni un  parlamento, ni demás “chorradas" por inservibles. Un fascismo puro y duro estaría servido.

         Pero nosotros  no podemos olvidarnos de que los sujeto principales de esta involución fascista, serían los dos agentes eternos y constantes  de la política y de la lucha de clases; la clase trabajadora, la victima principal, y la oligarquía representando a la burguesa como la causante del "Golpe"  Aunque los  autores de la involución sí que se desgañitaran por ocultar el protagonismo potencial de ambas clases sociales.

Nos hablarán, como siempre de motivos subliminares y del recurrente “por el bien de España”. Y la clase trabajadora a la que se le habría arrebatado todas sus formas de organización, y representación, partidos, sindicatos, publicaciones, derecho a huelga, manifestación, etc., dejándola totalmente desarmada en todos los sentidos, a merced del capricho totalitario de la clase burguesa que tendría el poder absoluto para controlar las  relaciones laborables.

En cuanto a la clase burguesa, que aunque  nos ocultarán  que es la  misma clase  social dominante,  la que ahora está en las riendas del Estado, solo que , ahora sin las  libertades  tradicionales, (por corruptas , nos dirán)  ahora con los cambios  se habrá mejorado sus poderes, pues sus fechorías como clase social  ya  no se podrán ni difundir ni juzgarlas,  pues ya se sabe, lo que no aparece en la televisión , no existe.


Se repitiría la historia del nacimiento de los fascismos europeos, y en esta coyuntura los manipuladores de opinión lo tendrían mucho más fácil  que en aquellos tiempos, pues gracias a las técnicas modernas de ablandar cerebros, estos serían mucho más fáciles de domesticar  que en los años 30 europeos.