martes, 25 de noviembre de 2014

PODEMOS, ¿SOLUCIÓN O TRAMPA?

¿Cómo puede un Régimen que se está desmoronando y pudriendo en corrupción y despotismo, ser con su poderío mediático, el que está promocionando y aupando a los que dicen que le quieren quitar del poder? No sé el lector, pero pienso que es para desconfiar y pensar que se trata de un burdo montaje.

Existen excelentes trabajos  sobre el surgimiento de las mareas de indignados y sus “originales” formas de interpretar el conflicto político-social  imperante por estas tierras, siempre envueltos en turbias y sospechosas teorías “apolíticas” e “interclasistas”, y que a algunos nos daba la impresión de ser algo para nada espontaneo sino partes de algún proyecto siniestro, cosa que parece empezar a confirmarse  con la aparición de la formación de Pablo Iglesias,  Podemos.

Parece como la culminación de una de las etapa de un proyecto para nada halagüeño que se ira configurando y completando en etapas sucesivas.

          Podemos ha llegado, ¿pero quiénes lo trajeron? El capitalismo ha ungido ya a Podemos como su hijo bienamado del momento como paso necesario, y en previsión de ese día en que un hipotético gobierno de Podemos pueda causar desilusión, (que es lo que viene cuando se acaba la “ilusión”), y frustración. Será en ese momento en el que el escenario político esté maduro para otros actores políticos; cuando el discurso social ya no vaya contra una u otra representación concretas, contra partidos determinados, sino contra todo el sistema democrático formal y lo que se demande a voz en grito, sea un caudillo que acabe con todos los políticos y decida por todos. En los tics autoritarios y mesiánicos del macho alfa ya se adivina un futuro más allá de la configuración actual de Podemos.

Creo que esta es una deducción realmente interesante y realista, por eso me he permitido desarrollarla con una visión más extensa personal y directa sobre la intencionalidad de  lo que podría ser, controlado o incontrolado  un presunto “Proyecto Podemos”. Que claro esta no dejara de ser una mera especulación futurista, que aunque esté basada en datos coherentes, siempre existe una frontera entre la teoría y la práctica que se suele traspasar con la praxis.

Es decir con los hechos  contrastados, y por ahora… en eso andamos. El fin último de este artículo es despertar la inquietud y la curiosidad, que debe suplantar a la fe ciega  (que siempre será cosa del oscurantismo religioso), entre los/as  simpatizantes polemistas sobre los entresijos de esta formación, para alejarlos de  la peligrosa adhesión incondicional, basada en su encanto personal  y en sus palabras de oro. Para que, desde parámetros de la crítica constructiva, buceemos en el interior de sus promesas fáciles, contrastando entre lo que se promete  con lo que se puede o no se puede hacer.  Y es importante ver   que la “verdad libertadora” no suele ser tan fácil de reconocer y, cuando es el enemigo el que nos la muestra tan ruidosamente, desde su poder mediático, debemos desconfiar de ella, no vaya a ser una trampa.

¿Sera el presunto “PROYECTO PODEMOS” una realidad para articular una regresión totalitaria  del Régimen?

           En un escenario político totalmente  mediatizado, nunca mejor dicho, dado el enorme poder mediático del Régimen, que controla casi talmente los medios de TV, prensa radio  etc. (Control entendido como medios  afines e incondicionales defensores  del Régimen Monárquico surgido del Franquismo), suena a raro y a hueco el  papel de presunto “opositor radical” de Podemos al propio Régimen. Quiero decir que, ¿Cómo puede un Régimen que se está desmoronando y pudriendo en corrupción y despotismo ser, con su poderío mediatico, el que está promocionando y aupando a los que dicen que le quieren quitar del poder? ¿No sé el lector, pero  pienso que es para desconfiar y pensar que se trata de un burdo montaje “gatopardiano”?

             La teoría de la conspiración cobra enormes visos de credibilidad  conociendo a los agentes implicados  en el plan.  Se trataría de  un proyecto "gatopardiano," sacrificando algunos peones  en el  tablero del Estado para salvar su propia  esencia de  Estado al servicio de la burguesia. Esta  sería la primera etapa del proyecto Podemista caso de conseguir una mayoría en el Congreso y formar gobierno.
           Fase esta  que sería previsiblemente inviable, porque la casta neo franquista que controla el Estado  no  permitiría  el más mínimo retroceso y pérdida de sus poderes y privilegios, basados en la corrupción y el despotismo.

Y aunque Podemos  tuviese la mayoría en las Cortes y el Gobierno , todas sus leyes y reformas  serian inaplicables por tener enfrente a una burocracia estatal corrompida y viciada  que ya dura casi ochenta años de franquismo, primero y neo franquismo después al servicio de las castas de la eterna “España negra y cavernaria” ahora de vocación neoliberal.   Las  crisis institucionales y los sabotajes serian  diarias, lo que haría  inoperante la estabilidad del  gobierno y  la apertura de constantes y  enorme crisis de ingobernabilidad  etc. etc.  Y por supuesto     detrás de todo esto  entraría en escena el  arma principal  y más poderosa del Régimen, el Poder mediático, que engordaría modelaría y dirigiría a su conveniencia el fuego del caos  y la  ingobernabilidad, cosa que daría pie a la segunda fase del  plan del “Proyecto  Podemos”, el golpe.

En Venezuela, tras el triunfo del chavismo está ocurriendo algo similar, es decir la existencia de una burocracia estatal corrompida  durante muchísimas décadas que sabotea y se niega a aplicar los planes progresistas de la revolución Chavista. La ingobernabilidad desde  la burocracia ministerial lo están superando con una especie de burocracia estatal  paralela, compuesta por organizaciones  de masas perfectamente estructuradas y organizadas a través de las llamadas “Misiones”, que abarcan diversos campos de las necesidades sociales, desde la sanidad la educación, la alimentación, la seguridad etc. etc. y fundamentalmente porque tiene al ejercito de su lado, lo que hace que el gobierno funcione, aunque no tan bien como se desearía.

En Venezuela puede ocurrir esto gracias a la impresionante capacidad combativa de las masas de un pueblo trabajador preparado y armado con el Poder Popular de las masas, que ha implementado los poderes de la organización, la concienciación y la determinación  de triunfar, lo que   les hace tremendamente fuertes y poderosos para combatir y enfrentar a la derecha golpista de la burguesía.

Sin embargo, en el Estado español, el panorama de las masas es bastante desolador en cuanto a conciencia y organización, un “gran logro” gracias al Estado y sus eficientes aparatos de manipulación mediática y, también gracias a la desidia y la colaboración necesaria en esas tarea de las llamadas “izquierdas oficiales del Régimen” lo que nos presenta un panorama  gravísimo de indefensión de estas masas ante las embestidas futuras  de manipulación que  el Régimen nos puede preparar.

Y esta  tremenda carencia de concienciación política que sufren  las masas, con los cerebros aletargados de apoliticismo ante las previsibles crisis de gobierno, y de un caos planificado y provocado por la caverna política que controla la totalidad de los órganos del poder y sobre todo  el mediático, creciendo y manipulado mediáticamente la crisis, nunca podríamos esperar de las masas una respuesta en clave solidaria y organizada,  porque no olvidemos, que gracias a su despolitización son presa fácil para la manipulación, y si el poder mediático ya los manipuló como masa no pensante políticamente, alentándolos a considerar a Podemos y a botarlo como fuerza “salvadora”.

Es racional pensar que dada la  poca formación política de estas masas, también serán nuevamente convocadas  a sentir desanimo e irritación ante un panorama de caos e ingobernabilidad  para que asimilen, más aun,  la apatía  la frustración y  el odio a todo lo político sinónimo de corrupción y decadencia. etc., etc.

Y claro el Régimen ya vendría con antelación preparando la figura “salvadora “de un líder preparado para la misión de "salvar a la patria", previo modelado de su imagen como el sumun de honestidad eficiencia etc., lo habitual en estos casos, de márquetin político.

Quizás sería el Propio líder de Podemos, u otro desconocido por ahora, quien sabe, puede ser cualquiera porque suele ser una cara o fachada cuya misión es dar el pego de lider populista. Porque detrás del “líder “el verdadero poder estarían en  las oligarquías hegemónicas de la burguesía local asesoradas por el poder hegemónico del neoliberalismo mundial. Incluso  no sería aventurado pensar que estos poderes hegemónicos hayan escogido el Estado español, como escenario experimental para aplicar el “Proyecto Podemos,” para posteriormente exportarlo a sus  áreas de dominación  e influencia. El llamado “Mundo libre Occidental”.

Y no es descabellado pensar que sea el  Estado español el seleccionado pues  sus peculiaridades  sociológicas e históricas  han conferido a su masa social cierta naturaleza diferenciada a otros pueblos Occidentales en cuanto a su capacidad de ser susceptible de manipulación. Casi ochenta años de control mediático controlado por los franquistas primero y por los neo franquistas después, han dado sus frutos,

A su vez la enorme carencia de organizaciones de izquierda, (tras ser anulada  la llamada “izquierda oficial “como izquierda) que a su vez ha neutralizado todo atisbo de conciencia obrera y de organizaciones  de clase.

 Una   población atolondrada durante  casi cuarenta años aceptando como democracia un burdo transvase de una dictadura, a una Monarquía creada por el dictador para dejar “todo atado y bien atado”, es decir con todos sus Poderes  intactos etc. etc., Y el “Proyecto Podemos “pudiera ser  ya el comienzo del nexo con el  “Nuevo Orden“ mundial vasado en la fantasía totalitaria Orwelliana. Estos factores  hacen del  Estado español el escenario propicio para experimentos de manipulación política.  
                                    
El sagaz lector se habrá percatado del  papel del poder mediático en esta segunda fase, al igual que fue en la primera,  que será determinante para el devenir del “Proyecto” dado la gran  capacidad de “fuego mediático” del que dispone y que no le sería nada difícil modelar estados de ánimos cargados de  desaliento, desengaño y  desprecio hacia todo lo “políticamente” tradicional. El camino hacia un Estado gobernado por unas “elites” competentes, (Fascismo) y apolíticas estaría  conformándose  sin casi enterarnos.

Estaríamos pues en la segunda fase de un escenario propicio para la creación de un estado totalitario, hábilmente  camuflado, claro, con otros nombres más sutiles y adaptados a los “nuevos tiempos.” Pero que si tendrían denominadores comunes de lo que es el fascismo puro, el “apoliticismo”, un líder “Salva patrias”,  o quizás sean una elite colegiada  de “profesionales competentes”  que no serían  “ni de derechas ni de izquierdas” donde se prescindiría de los partidos políticos por ser “inoperantes y un nido de corrupción” y tampoco serían necesarias  las elecciones, ni un  parlamento, ni demás “chorradas" por inservibles. Un fascismo puro y duro estaría servido.

         Pero nosotros  no podemos olvidarnos de que los sujeto principales de esta involución fascista, serían los dos agentes eternos y constantes  de la política y de la lucha de clases; la clase trabajadora, la victima principal, y la oligarquía representando a la burguesa como la causante del "Golpe"  Aunque los  autores de la involución sí que se desgañitaran por ocultar el protagonismo potencial de ambas clases sociales.

Nos hablarán, como siempre de motivos subliminares y del recurrente “por el bien de España”. Y la clase trabajadora a la que se le habría arrebatado todas sus formas de organización, y representación, partidos, sindicatos, publicaciones, derecho a huelga, manifestación, etc., dejándola totalmente desarmada en todos los sentidos, a merced del capricho totalitario de la clase burguesa que tendría el poder absoluto para controlar las  relaciones laborables.

En cuanto a la clase burguesa, que aunque  nos ocultarán  que es la  misma clase  social dominante,  la que ahora está en las riendas del Estado, solo que , ahora sin las  libertades  tradicionales, (por corruptas , nos dirán)  ahora con los cambios  se habrá mejorado sus poderes, pues sus fechorías como clase social  ya  no se podrán ni difundir ni juzgarlas,  pues ya se sabe, lo que no aparece en la televisión , no existe.


Se repitiría la historia del nacimiento de los fascismos europeos, y en esta coyuntura los manipuladores de opinión lo tendrían mucho más fácil  que en aquellos tiempos, pues gracias a las técnicas modernas de ablandar cerebros, estos serían mucho más fáciles de domesticar  que en los años 30 europeos.

lunes, 17 de noviembre de 2014

¡EL 15-M HA MUERTO! ¡VIVA PODEMOS!

En la corta trayectoria recorrida por Podemos, se ha pasado –en mi opinión- de una propuesta de modelo basado en el espíritu que animo al 15-M, y que le hizo aparecer como su expresión política, a un modelo basado en las principales características de los partidos clásicos. Esto ha sido posible en un breve período de tiempo gracias a la consolidación de un hiperliderazgo capaz de hacer aceptar a los seguidores de esta formación esa transformación, mientras mantenía como coartada un discurso cada vez más contradictorio con la realidad, que se imponía en votaciones con un claro carácter plebiscitario, pues detrás de cada decisión lo que realmente se votaba era la continuidad y reforzamiento del liderazgo de Pablo Iglesias.

Del discurso empleado por el grupo promotor (el grupo de politólogos formado en torno a Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero), durante su puesta en escena y durante la campaña electoral europea, parecía que Podemos pretendía ser el instrumento político que le faltó al 15-M, la herramienta capaz de transformar las consignas de las asambleas callejeras del tipo del “No nos representan” y “Lo llaman democracia y no lo es” en un nuevo tipo de organización que, manteniendo el espíritu asambleario, participativo y democratizante del movimiento original, diese la batallaa en la arena política para disputar el poder a la casta. Este término que popularizaron los líderes de Podemos se refería, entre otras cosas, al tipo de políticos, partidos y comportamientos políticos que desde la transición han gobernado España en una continua alternancia entre conservadores y socialdemócratas.

Se trataba, al menos era la impresión que se trasmitía al inicio, no solamente de cambiar las políticas sociales y económicas que se han aplicado durante la crisis contra las clases populares por parte del gobierno Zapatero inicialmente, y del gobierno de Rajoy con posterioridad y mayor profundidad, se trataba, sobretodo, de empoderar a la gente, de transformar esas políticas con un instrumento y un método nuevo; es decir, con una organización diferente de las existentes y con un procedimiento basado en la participación democrática intensiva de las clases populares. Se trataba de todo un reto que despertó el entusiasmo de mucha gente que había participado en las movilizaciones de los últimos años.

El programa que avanzó Podemos para las elecciones europeas no era muy diferente del de Izquierda Unida. La justificación de su nacimiento -y del hecho de que suponía abrir una nueva división en la izquierda- no estaba en el programa, que ya era defendido desde la izquierda por IU u otros partidos, la justificación solo podía sostenerse en los nuevos métodos con los que pretendía actuar. Y esto es precisamente lo que el grupo promotor y el proceso de definición organizativa de Podemos acaban de enterrar. Podemos se está convirtiendo en una versión, y ni siquiera mejorada, del tipo clásico de partido al que tanto ha criticado.

Es necesario documentar las principales etapas de este proceso de cambio llevado a cabo por el grupo promotor. Su base de apoyo social se configuró en torno a la creación de círculos temáticos o territoriales a través de los cuales sus seguidores se organizarían. Su método de participación fundamental se haría a través de la utilización de los modernos medios de comunicación como internet o los servicios de telefonía móvil, en una clara imitación de Beppe Grillo y el Movimiento 5 estrellas italiano. Y el cemento que uniría esa nebulosa heterogénea creada de manera tan rápida iba a ser el hiperliderazgo creado en torno a Pablo Iglesias.

El discurso ultra-democrático, participativo y horizontal del grupo promotor se fue descubriendo como una simple estrategia para encubrir una voluntad decidida de poder. Según se iba consolidando el liderazgo esa voluntad se fue mostrando más abiertamente y el discurso justificativo se fue trasformando. Del método participativo y democrático como justificante, se pasó a la necesidad de vencer en las elecciones, ese fin debería justificar ahora el nuevo modelo organizativo que se ha terminado aceptando para Podemos.

Una democracia para que no sea un simulacro tiene sus reglas: igualdad de oportunidades para todos los participantes, procedimientos claros aceptados previamente, aceptación de resultados, respeto por las minorías, rechazo de chantajes, etc. Si estás reglas son violadas, pueden darse votaciones, pero serán simulacros que puede ir desde el caso extremo de los referéndum plebiscitarios que han utilizado algunas dictaduras -como la franquista sin ir más lejos-, hasta las críticas al funcionamiento de las democracias burguesas por ausencia de igualdad de oportunidades, totalmente distorsionada por la intervención de los grandes poderes económicos o mediáticos.

Y esta violación de las reglas es lo que han venido realizando desde el inicio el grupo promotor de Podemos. El método empleado para elegir a los candidatos a eurodiputados fueron las primarias abiertas a todos los que quisieran participar, pero en medio del período de votación Pablo Iglesias intervino con un artículo desde el periódico Público (Cinco candidat@s para ganar, 29/03/2014) para apoyar a sus candidatos preferidos y condicionar con su liderazgo las preferencias de los seguidores de Podemos. El resultado fue perfecto, cuatro de los cinco candidatos recomendados pasaron a ser eurodiputados, más él mismo; solamente una candidata de Izquierda Anticatalista (IA), Teresa Rodríguez, se les coló al grupo promotor. En cualquier democracia, este tipo de manipulación hubiese levantado una ola de indignación. Pero en Podemos pocos se escandalizaron, el hiperliderazgo empezaba a funcionar.

El siguiente paso, tras el éxito electoral, era definir el modelo de organización, los principios y la estrategia. Inicialmente, el grupo promotor quiso acentuar la diferencia con los partidos existentes y para ello rechazó que la organización que se quería levantar fuese un partido político, de manera que cuando en marzo pasado se inscribió a Podemos como partido, Juan Carlos Monedero llegó a afirmar que “El régimen de 1978 nos obliga a constituirnos como partido político; lo aceptamos, pero sólo como imperativo legal” (Público, 13/03/2014).

Pero no era más que un guiño a los seguidores procedentes del 15-M, en el fondo, como se ha demostrado en las propuestas de Pablo Iglesias -ganadoras en la asamblea fundadora- el modelo que tenían planeado era el de un partido político clásico, incluso más centralizado que muchos de los existentes.

El proceso de definición de los principios, de la estrategia y, sobretodo, el modelo era una cuestión delicada. El grupo promotor quería tener controlado férreamente todo el proceso, especialmente frente a la organización que les podía disputar ese control, Izquierda Anticapitalista, impulsora desde el inicio, junto al grupo promotor, del proyecto de Podemos. Para ello sabían que lo importante, como luego así se demostró, era controlar la convocatoria, reglas y desarrollo de la asamblea fundadora. Propuso entonces la creación de una comisión técnica elegida que pilotase ese proceso. 

Entonces, se produjo una nueva y grave violación de las reglas democráticas. El grupo promotor estableció las reglas para la elección de esta comisión técnica, sería una elección con listas cerradas y sistema mayoritario, con lo que la lista más votada coparía todos los puestos, un método empleado por los partidos mayoritarios y que tanto habían criticado, pero en eso no radicaba lo peor de estas reglas, lo peor es que cuando se hacía la propuesta, el grupo promotor ya tenía confeccionada su lista de 25 miembros, encabezada por Pablo Iglesias, y daba un plazo de seis días para presentar otras listas alternativas, lo que originó que solo pudiese presentarse una, la del círculo de enfermeras. La lista del grupo promotor venció ampliamente. Esta vez sí se expresó un cierto malestar en el interior de Podemos por el procedimiento empleado durante la celebración de la asamblea con representantes de toda España en junio, pero el hiperliderazgo de Pablo Iglesias se consolidaba y el proceso seguía adelante, ahora con el control del mismo mediante la comisión técnica.

El hiperliderazgo y la consigna en alza sobre la necesidad de ganar las elecciones impedían que apareciesen críticas importantes a las violaciones burdas de la democracia, a lo que empezaba a ser un claro comportamiento manipulador orientado a imponer un determinado modelo de partido fuertemente controlado por el grupo promotor. La democracia interna y el espíritu procedente del 15-M principalmente, e IA de manera colateral, eran las víctimas principales de este proceso.

La asamblea celebrada en octubre tenía que elegir el modelo de organización, el político y el ético, y previamente los diferentes círculos o equipos hicieron sus propuestas, negociaron entre ellos y midieron sus apoyos a través de las herramientas telemáticas de que disponían.

Fundamentalmente se fueron configurando dos bloques enfrentados en torno al modelo de partido, el que encabezaba Pablo Iglesias, que también proponía ponencias sobre el modelo ético y el político, y el que encabezaba Pablo Echenique que se centraba en el modelo de organización y apoyaba implícitamente los documentos éticos y políticos del grupo de Pablo Iglesias. Éste defendía un modelo clásico de partido, centralista, y con fuerte liderazgo, el modelo de Echenique concordaba más con el espíritu del 15-M, era mucho más participativo -por eso mismo este último iba recibiendo más apoyos internos conforme se acercaba la asamblea- y planteó a Pablo Iglesias la posibilidad de negociar ambos documentos para presentar uno sincrético y mayoritario.

Llegados a este punto es cuando aparecen más claramente las tendencias manipuladoras y autoritarias que se habían expresado previamente por parte del grupo de Pablo Iglesias. Primero, incluyendo en su borrador la prohibición de la doble militancia, con el objeto de marginar completamente a los militantes de Izquierda Anticapitalista de los órganos de dirección de Podemos. Segundo, rechazando tajantemente cualquier posibilidad de consenso y negociación con los otros borradores, volviendo a apostar por el método mayoritario en que el ganador se lleva todo y los perdedores quedan marginados. Tercero, utilizando el chantaje frente a los seguidores y anunciando que si su propuesta era derrotada el no seguiría como líder y pidiendo, además, a los que fuesen derrotados que se echasen a un lado y renunciasen a los órganos de dirección, se trataba de un expediente extremo ante el apoyo existente al borrador de Echenique. Cuarto, cambiando las reglas de votación después de la asamblea, anunciando la comisión técnica que aceptaba la demanda del equipo de Pablo Iglesias de que las tres ponencias deberían votarse en bloque y no por separado.

En estas condiciones el resultado quedaba sentenciado y las propuestas del equipo de Pablo Iglesias fueron apoyadas de manera mayoritaria. Lo que no está claro es si el resultado encierra un voto de protesta contenido en la abstención. Durante la semana siguiente al final de la asamblea, en la que se votaron las propuestas, se inscribieron 85.000 personas más en Podemos, y del censo final de 205.750 inscritos finalmente votó solo el 54%. ¿Por qué ante unas decisiones tan importantes y con unos seguidores tan motivados un 46% se abstuvo? ¿Corresponden esos abstencionistas con los sectores más críticos que habían tomado clara conciencia de lo que estaba pasando en Podemos?

Para terminar no podemos sustraernos a la tentación de realizar dos analogías históricas muy ilustrativas. La primera con el PSOE y la segunda con Los Verdes alemanes. En el 28 congreso del PSOE, celebrado en 1979, el líder del partido, Felipe González, planteó la necesidad de que se renunciase al marxismo como una condición para poder ganar las elecciones (como hoy Podemos rechaza definirse de izquierdas por los mismos motivos), pero el congreso se posicionó a favor de mantener el marxismo como seña de identidad y Felipe González dimitió. El partido no pudo soportar la ausencia del líder, convocó un congreso extraordinario ese mismo año, renuncio al marxismo como seña de identidad y Felipe volvió a ser secretario general. En 1982 el PSOE ganó las elecciones por mayoría absoluta. Hoy Podemos le considera un partido de la casta.

Los Verdes alemanes nacieron con un fuerte componente de partido antisistema y se vanagloriaba de ser un partido diferente de los existentes en las democracias burguesas, rechazaban los liderazgos y practicaban la horizontalidad y la democracia directa. En los años 80, con algunos éxitos electorales a sus espaldas, se enfrentaron dos tendencias, los fundis, que defendían las señas de identidad originales del partido, y los realos, que querían introducir modificaciones en el funcionamiento interno, la estrategia y el programa para poder tener más peso electoral y llegar al gobierno. Ganaron los realos, los verdes pactaron y entraron en gobiernos primero con la socialdemocracia y luego con los conservadores. Actualmente es un partido más del establishment alemán. Hoy aquél debate entre realos y fundis parece haberse reencarnado en el debate entre las propuestas del equipo de Pablo Iglesias y las del equipo de Pablo Echenique.

Los perdedores en la asamblea fundadora de Podemos han definido claramente el sentido de la votación cuando Teresa Rodríguez ha declarado "Entendemos que una amplia mayoría de personas cree que lo que necesitamos de cara al ciclo electoral que nos espera es una organización, muy centralizada, alrededor de un fuerte liderazgo" (Público, 27/10/2014). Lo mismo que dijeron el PSOE en el 79 y Los Verdes alemanes en los 80.


Podemos ha enterrado el 15-M, ¿conseguirá mantenerse su espíritu en las nuevas candidaturas municipalistas que como la de Guanyem Barcelona están surgiendo por todo el estado español? ¿conseguirán estas nuevas experiencias organizadoras corregir las tendencias plebiscitarias y al hiperliderazgo y el centralismo instaladas en Podemos?

viernes, 17 de octubre de 2014

NADA POR AQUÍ... NADA POR ALLÁ...

A la manida frase de que todos los políticos son iguales, le ha salido una respuesta posideológica opositora: ni de izquierdas ni de derechas. Ambos eslóganes se mueven dentro del sistema capitalista, aunque en teoría quieren representar en el ámbito social actitudes sociales radicalmente diferentes.

En el caso de España, desde la transición de la dictadura al régimen actual, las izquierdas mayoritarias vienen esgrimiendo como autojustificación de los límites democráticos la coletilla se hizo lo que se pudo dada la correlación de fuerzas existentes a la muerte de Franco.

Después del triunfo del PSOE, la izquierda española perdimos la virginidad, nuestros orígenes, nuestras costumbres, el pensamiento crítico, la utopía revolucionaria y el ímpetu transformador. Europa nos homologó como democracia vigilada por la OTAN, EE.UU. y los mercados internacionales.

El nuevo statu quo se asentó en la alternancia estética de PP y PSOE, dejando resquicios testimoniales a las derechas nacionalistas de Euskadi y Cataluña, con un diminuto espacio contestatario al PCE, más tarde atrapado dentro de las siglas IU. A todo ello hay que añadir un diseño mediático cerrado, representando El País la modernidad socialdemócrata y el resto copado por grupos económicos de la derecha (grandes empresas, poderes fácticos e iglesia católica principalmente).

La transición impidió una salida alternativa que propusiera un país más escorado a la izquierda y un Estado social más vertebrado desde los intereses de la clase trabajadora. Los sindicatos tuvieron que adecuarse al nuevo escenario, reduciendo sus programas sociopolíticos a la negociación colectiva en recesión y a la defensa jurídica de cada conflicto concreto. Sus aspiraciones de cambio no tuvieron jamás referente político poderoso.

Mucho ha llovido desde entonces, pero el precipitado actual, además de a razones internacionales que sobrepasan la casuística doméstica exclusiva, hunde sus raíces en aquellos mimbres hoy en cuestión. La corrupción actual no es un mero síntoma de descomposición de un modo de hacer política o un desgaste institucional, dos ideas que se quieren trasladar desde las elites para retomar el pulso hacia el futuro permaneciendo el sistema intacto, sino que la tan manoseada corrupción es inherente al régimen capitalista.

La crisis es capitalista y global, no un accidente más o menos grave en su devenir histórico. Lo que sucede es que la izquierda española ha dejado de creer en sí misma, no teniendo modelo efectivo que oponer al neoliberalismo de nuestros días. Tanto tiempo sintiéndose minoría ideológica y conviviendo con el adversario en disputas florentinas de salón han anulado su capacidad crítica para ver más allá del contexto de la realidad inmediata.

Hoy los sindicatos operan a la defensiva, sin horizontes donde llegar a ser, mientras tanto IU se ha acomodado a su condición de outsider permanente que nunca despega hacia metas políticas más ambiciosas. Desde 2008, el vendaval derechista a escala mundial ha puesto de manifiesto la escasa capacidad de movilización de las izquierdas clásicas adosadas al Estado del Bienestar capitalista tejido después de 1945 tras la caída del nazismo.

Con la crisis que ahora estamos viviendo, el que todos los políticos son iguales favorece a las derechas y acólitos a su izquierda nominal porque también alcanza su efecto devastador a las izquierdas tradicionales que, al menos en sus discursos, aspiran a una transformación más acusada del sistema capitalista.

Demasiado tiempo en las proximidades vicarias del poder corrompen a cualquiera, tal vez solo a unos pocos políticos venales de la izquierda, pero suficientes para encajar en ese imaginario popular, que ante la impotencia democrática para hacer frente a los recortes, las reformas laborales y el desmantelamiento de lo público, se cobija en la igualdad corrupta de todos los políticos, sean del signo que sean.

La derechas siempre van a cosechar su parte masiva de votos (otros irán a la abstención pasiva) gracias a la influencia hegemónica de sus medios de información y a la vieja dinámica amo-esclavo que en situaciones agudas de desencanto y crisis material y existencial siempre se decanta en una mayoría suficiente por los representantes del poder establecido, aquellos que en la realidad objetiva tienen los resortes de dar y quitar: el cacique, el conseguidor de prebendas, el empresario, el jefe, el líder espiritual y figuras de corte semejante.

Todos estos iconos son de derechas, cuando no reaccionarios, pero ellos tienen la sartén por el mango. Y a la izquierda, nada hay, porque la ideología capitalista se ha encargado de volatilizar la conciencia de clase y el pensamiento crítico autónomo e independiente.

La irrupción de populismos y movimientos ciudadanos alternativos tiene su caldo de cultivo en este campo de batalla tan complejo, desplazando la categoría de trabajador por vetusta y antigua y poniendo énfasis en el concepto ciudadano, donde todos los cualquieras anónimos tienen un papel relevante si así lo desean. Se trata de una exaltación individualista a ultranza sin raíces en la historia real, una suma de voces y luchas dispares que todavía no han hallado un camino colectivo que otorgue cohesión a sus reivindicaciones particulares. De ahí, que Podemos y otros movimientos más locales se definan en negativo como ni de izquierdas ni de derechas.

Lo dicho anteriormente no significa que no existan causas objetivas para el nacimiento de esta nueva ilusión política. El espacio transformador de la izquierda ha quedado huérfano desde hace mucho tiempo y las estructuras partidarias tradicionales no han sabido ver lo que se venía encima. Por decirlo en términos coloquiales, ya no tienen gasolina en su depósito ideológico para alcanzar destinos de largo recorrido. La han dejado en la cuneta del posibilismo y del contacto permanente con el sistema imperante. Actualmente no tiene distancia para analizar la realidad con miradas críticas y rebeldes.

A los datos objetivos reseñados cabría añadir otro aspecto muy importante. El hueco dejado por las izquierdas tradicionales no ha sido un vacío que se haya llenado desde la espontaneidad absoluta. El régimen sabe muy bien (léase la derecha y los poderes económicos) que una de sus bazas principales es dividir a la izquierda. Divide y vencerás sigue funcionando a las mil maravillas. Por esa razón, ha aupado mediáticamente a los altares a líderes de nuevo cuño con publicidad y alevosía manifiesta. No hace falta citar nombres, son de dominio público. La estrategia de la derecha es artera, pero muy efectiva.

Ni de izquierdas ni de derechas puede ser una táctica que a corto plazo pueda obtener resultados electorales convincentes, aunque cuesta creer que los adalides de tal estrategia lleguen a reunir una mayoría pujante que trastoque los planes y proyectos del sistema capitalista. Es cierto que parten de un dato objetivo incontestable: la masa trabajadora no tiene conciencia de clase activa y está inmersa o colonizada por tics capitalistas muy sólidos. El ideario capitalista penetra los tuétanos y las mentes de la inmensa mayoría. Esto es obvio e irrefutable.

Ante este panorama tan desalentador y propicio a aventuras políticas transformadoras originales, lo mejor es (sería) hacer de la necesidad virtud y aprovechar el tirón de oportunidad que ofrece la crisis para plasmar mayorías de conveniencia rápidas sin entrar en escabrosas discusiones ideológicas de fondo. La jugada parece inteligente, sin embargo una pregunta surge de inmediato como puñetazo en pleno rostro: ¿son tan tontos los poderes hegemónicos y las derechas como para quedarse inmóviles ante una argucia que podría despojarlos de sus posiciones consolidadas y su estatus preferente?

En ese sentido, los populismos al alza que basan su programa en la indefinición ideológica diciendo a la gente lo que desea oír sin desgranar su programa político, sus bases ideológicas de partida y el modelo de sociedad que pretenden, más bien parece ingenuidad y posibilismo estético que un proyecto serio y duradero de transformación de la sociedad.

Da la sensación a priori de que la categoría ciudadano/a carece de peso específico para nutrir ideológicamente un programa político radical hondo y auténtico. La suma de cualquieras individuales y dispersos en una hipotética igualdad de condiciones de partida no parece ser un nexo demasiado fuerte para formar un colectivo que tenga conciencia de sí propia y con porvenir a largo plazo. Desalojar el concepto trabajador/a de la noche a la mañana, sin sustento ideológico previo y razonado, arroja interrogantes muy profundos sobre los populismos y movimientos nacientes o en ciernes.

Olvidar que todo el edificio capitalista se levanta desde la explotación laboral es caer en la falacia posmoderna del relato individual biempensante. Los derechos no surgen de la nada ni de la espontaneidad inocente ni son obra de éticas formidables e irrefutables de orden natural. ¿Para qué queremos derechos si no tenemos un trabajo digno? ¿De dónde surgirán los derechos si no creamos riqueza social desde el trabajo personal y colectivo? El ser ciudadano/a es una entelequia evasiva mientras que ser trabajador/a es una realidad ineludible.

        “Ni de derechas ni de izquierdas” y “todos los políticos son iguales” no son más que frases hechas que eluden el conflicto social de mayor calado: la explotación capitalista de la mano de obra ajena. Ahí reside el quid crucial de la cuestión. En la plusvalía capitalista residen todos los gérmenes de injusticia y desigualdad. Todos los derechos constitucionales y liberales son mentiras y añagazas del poder instituido para encubrir esa realidad tan intangible y evanescente. De ahí nace todo el tinglado capitalista.

domingo, 12 de octubre de 2014

CATALUÑA: ¿Y AHORA QUÉ?

Hemos llegado a la fase final de un proceso, el catalán, en el que nadie es capaz de vaticinar como se saldrá. Aunque temo que cualquiera de las salidas va a ser dolorosa.  Pero lo que uno ha ido escuchando y leyendo en los últimos tiempos tiene más de monólogo para convencimiento propio que de un verdadero intento de buscar soluciones.

Me molesta, me ha molestado siempre, el discurso independentista convencional. El de presentar a Catalunya (o cualquier otro territorio) como un paraíso mancillado por los de fuera y al proyecto de nación independiente como una especie de utopía que se logrará con simplemente tener fronteras propias.

 Un discurso que funda su legitimidad histórica en una reinterpretación de una historia que seguramente ocurrió de otra forma (la Guerra de Sucesión era sobre todo una guerra dinástica en la que cada cual jugó en función de sus intereses y donde el vencedor aplicó la lógica de la época: reprimir sin miramientos a sus adversarios e imponer un modelo de estado absoluto en todas partes, más o menos lo que habían hecho sus mismos parientes en su Francia original).

Me molesta sobre todo cuando este discurso monocorde se utiliza para tapar las vergüenzas propias (hace pocos días tuve una discusión sobre el caso Pujol en que mi interlocutor me espetó que lo de esa corrupción era simplemente una deriva del hecho de estar en España). Y me preocupa cuando alguien trata de imponer al conjunto su visión de lo que es ser catalán (o español, o francés...). Porque estoy seguro de que yo mismo y la mayoría de la gente a la que quiero escapa a la mayoría de items que conforman el “código del buen patriota”.

     Pero hay algo que me resulta igual o más molesto. Y son los argumentos de los opositores a la demanda de consulta y sus argumentos. De hecho el más extendido es simplemente formal: la consulta es ilegal, la democracia es el imperio de la ley y por tanto la consulta es antidemocrática.

Lo de la ley como patrón de medida universal es más que discutible. Un repaso a las hemerotecas permite ver que es el mismo tipo de discurso que empleaba el franquismo para legitimar sus desmanes y machacar a la oposición. Si algo tuvo el viejo régimen, aparte de militares, curas y empresarios ligados al poder, fue juristas (muchos de ellos relacionados con la Asociación Católica Nacional de Propagandistas) que realizaron un ímprobo trabajo para dar una cobertura formal a la dictadura. Las leyes dan seguridad en muchas acciones (de hecho gran parte de las leyes actuales de propiedad lo que dan es seguridad a los capitalistas y a los ricos a costa de desproteger al resto, como bien pone en evidencia el movimiento contra los desahucios). 

Pero las leyes son cambiables y, en muchos casos, están abiertas a interpretaciones diferentes. Decir que la consulta es ilegal es una forma de decir que no queremos negociar el tema, ni entenderlo, ni discutirlo, porque tenemos un arma con la que podemos machacar al oponente. Si los españoles nos hubiéramos atenido a la “legalidad” franquista jamás habríamos salido de la dictadura.

Un segundo argumento que me parece poco sostenible es decir que la constitución que nos hemos dado todos establece una especie de bien público que es ilícito romper. Considerar que la constitución se estableció de esta forma es otra falsificación grosera de la historia. De hecho, el debate constitucional entre las élites políticas nació acotado por quienes detentaban el poder real (no sólo en lo que respecta a la cuestión territorial, también en otros muchos ámbitos, como la Monarquía, la bandera....).

Además, gran parte del contenido social de la Constitución ha sido vaciado por las posteriores reformas y su desguace culminado con la reforma exprés aprobada por PP y PSOE para convertirnos en servidores perpetuos del capital financiero.

La historia de España, como la de cualquier otro estado, es el producto de procesos históricos azarosos y las fronteras son siempre el resultado de carambolas curiosas (por ejemplo en Catalunya está integrada la Valh d’Aran, un territorio occitano situado al otro lado del Pirineo y cuya ciudad más cercana es Toulouse; en cambio la Alta Cerdanya es francesa, con la excepción del enclave de Llívia, y el poco poblado alto valle del Noguera Ribargoçana que se reparte entre Catalunya y Aragón). Y siempre parecería deseable que los procesos que dieran lugar a nuevas fronteras fueran producto de decisiones democráticas y no de las tradicionales acciones bélicas del pasado.

Un tercer argumento trata de presentar la consulta como una acción de salida unilateral. Cuando redacto estas notas, el titular de el País “Respuesta al desafío secesionista” la trata de presentar en estos términos. De entrada, todo el mundo es consciente de que en el ordenamiento español no existe un derecho de referéndum vinculante. Además, la celebración de la consulta en Catalunya no excluye que después se pueda votar una propuesta de resolución de la cuestión a nivel de todo el estado (que tampoco sería vinculante).

Trampear con esto es otra forma de manipulación. Lo que no se quiere es que la ciudadanía tenga derecho a opinar sobre el tema. Seguramente porque se teme que pudiera salir el Si-Si y que la propuesta de independencia refrendada por la mayoría de la población generara un proceso indeseado. 

Siempre he pensado que la gente que votaría por la independencia difícilmente ganaría (es curioso pero el resultado del referendum escocés es parecido al que tuvimos aquí con la OTAN, quizás porque el miedo al cambio siempre acaba por reunir a más personas), aunque coincido con otras muchas personas en ver que las respuestas que vienen de los “unionistas” han ayudado a ampliar las posiciones independentistas. O quizás es que simplemente hay una enorme aversión en las élites de poder a que la gente corriente pueda opinar sobre el meollo de las estructuras políticas, como puso en evidencia la reforma de la Constitución con nocturnidad y alevosía.

Y un cuarto argumento es que todo el giro independentista es el mero resultado de una persistente campaña de adoctrinamiento nacional lanzada por CiU y ERC. Nadie pone en duda que los nacionalistas son insistentes, en todas partes (no hace falta hilar muy fino, basta con escuchar o ver los programas de deportes). Y que se han basado en eslóganes simplistas para ganar audiencia. Pero esto no permite explicar porque una gran parte de las capas medias urbanas que tradicionalmente votaban al PSOE se han decantado cada vez más por el independentismo. Ni tampoco por qué en Catalunya esta situación se vive con tan poca tensión interior, (El PP ha obtenido más réditos electorales en algunas ciudades obreras cuando ha explotado la vena racista que con el tema de España).

El viraje nacionalista se ha decantado fundamentalmente desde las campañas anticatalanas del PP y la desastrosa gestión del Estatut (si alguna vez se consiguiera la independencia se le debería dar algún tributo a la figura de José María Aznar). El auge independentista es el resultado de un proceso múltiple en el que hay que anotar tanto el acierto de sus promotores, como el maltrato de sus oponentes, como el descrédito de las izquierdas como referencia utópica, como el hartazgo con las políticas del PP.

Para mucha gente, romper hoy con España es romper con Rajoy, con la gran banca, con Florentino y sus colegas. Por ello, también una parte de la izquierda más radical se apunta animosa al proyecto con la esperanza de que la ruptura territorial pudiera alimentar otras dinámicas sociales. Se puede ser contrario a la independencia, pero no se puede negar que democráticamente la ciudadanía votó a favor de opciones políticas que aceptaban su realización y que ha sido el PSC la fuerza más castigada electoralmente por su posicionamiento.

Hemos llegado a la fase de definición y todo apunta a que tendremos un final sin desenlace. El PP simplemente confía en que su demostración de poderío (la que le permitió controlar el Tribunal Constitucional y otros muchos organismos estatales) deshinchará la tensión y derrotará a CiU (el giro independentista de CDC se produjo precisamente cuando vió rebasada su línea política tradicional). Pero es jugar con fuego, puesto que lo que va a conseguir es reforzar el sentimiento de que no hay nada que hacer con las élites centralistas. Posiblemente el tema nacional quedará tan enconado que solapará otros muchos debates necesarios para Catalunya y para el resto.

El PSOE espera recuperar protagonismo con su propuesta federal, pero para ser creíble debería ser una verdadera apuesta de poder. Y hoy por hoy, en Catalunya es casi imposible que recupere los votos que ha perdido por sus políticas sociales y nacionales. Su federalismo suena más a truco de tahúr que a un verdadero giro en su concepción del estado. Entre otras cosas porque un giro verdaderamente federalista exigiría un trabajo cultural ante sus propias bases que le obligaría incluso a cambiar de modelo de partido. Y sin un gran partido “nacional” dispuesto a ofrecer un cambio en la estructura de estado el debate nacional quedará bloqueado para mucho tiempo.

Los nacionalistas tampoco lo tienen fácil. Es dudoso que provoquen una escalada que conduzca a un enfrentamiento abierto, del tipo de suspensión de la autonomía (o incluso detención de sus líderes). Entre otras cosas porque la ausencia de un mínimo respaldo internacional a sus posiciones la convierte en opción muy arriesgada. Han tenido la osadía de hacer un juego contundente pero todo apunta a que nadie tiene claro cómo continuarlo (excepto los más dogmáticos, que siempre tienen respuestas simples para cuestiones complejas y son incapaces de valorar los efectos de las mismas).

La izquierda real es como siempre la más compleja. En todas las organizaciones de izquierdas la cuestión nacional es transversal, hay gente independentista convencida (cada cual es hijo de lo que es), hay independentistas circunstanciales (los que piensan que es sobre todo una oportunidad para otra ruptura), hay laicos para los que la cuestión nacional es un tema secundario, hay quienes piensan que es simplemente una forma de desviar el conflicto social, y hay antiindependentistas convencidos (por parecidos motivos sentimentales y personales que los que están en el otro bando).

En general esto no genera ningún problema grave porque es gente que coincide en otras muchas cosas. Y en muchos casos es la gente que sabe distinguir entre qué es la demanda de un derecho a votar y qué una posición concreta de voto. En esta ambigüedad se ha mantenido ICV-EUiA y gran parte de los movimientos sociales alternativos. El peligro está en que el cierre a las bravas del proceso puede dar lugar a una radicalización del debate que ponga en cuestión esta compleja, y necesaria, alianza social.

Van a ser tiempos complicados. Pero, tal como están las cosas, a mi entender no queda otra opción que la de seguir exigiendo un sistema participativo, discursivo, democrático, para resolver la participación. Si alguien tiene una propuesta federal tiene que ser consciente de que sólo será aceptable si lo es realmente (o sea, si se explica, se defiende y se practica igual en Catalunya que en el resto, si genera una nueva visión del marco estatal donde se entienda que el Estado es al final un encaje entre gente en algunos aspectos diversa). Y se debe proponer un procedimiento de consulta con opciones claras, reglas de juego justas y compromiso de aceptar los resultados. Lo contrario es seguir apostando por mantener enconada la situación, por perpetuar un ambiente de rencor que cuando estalla es catastrófico.

Ahora estamos en un cul de sac. Tal vez el saco se rompa, o tal vez nos quedamos sin salir de él por mucho tiempo. Pensar que la cuestión catalana es el mero resultado de una manipulación nacionalista por arriba es engañarse. Se ha generado una situación enconada y solo se podrá salir con otro tipo de respuestas. Y esto es, también, una necesidad para la izquierda no nacionalista.

lunes, 6 de octubre de 2014

CONCEPTOS DISOLVENTES DE LA IDEOLOGÍA DE IZQUIERDAS (Parte 5 y última)

6) Ciudadanos: Es otro concepto que actúa como disolvente del antagonismo de clase entre trabajadores y burguesía.

Pero es que además, por tratarse de un concepto universal -ciudadanos son todos y cada uno de los miembros de una comunidad poseedores de derechos y deberes. Desde usted, que está leyendo este texto, hasta los ciudadanos/as Emilio Botín, Esther y Alicia Koplowitz, Amancio Ortega, Florentino Pérez, la familia Entrecanales, José Manuel Lara (Corporación Atresmedia) y tantos otros- hace tabla rasa de la existencia de clases sociales en su interior.

El concepto ciudadanos es muy pertinente cuando se refiere a las relaciones de la persona con el Estado, sus instituciones.

Pero carece de sentido cuando alude a las relaciones sociales de producción entre esos ciudadanos. ¿Son acaso los ciudadanos los que hacen huelgas generales? ¿Los empresarios contratan a ciudadanos? ¿Los despedidos de una empresa son ciudadanos? ¿El antónimo de empresario/capitalista es ciudadano? No. La característica principal que define a todos ellos es ser trabajadores. Incluso la persona que busca su primer empleo lo hace en tanto que futura trabajadora, siempre que no lo haga como empresaria.

Cuando dos personas mantienen entre sí relaciones salariales, una de ellas como realizadora de un trabajo y otra como empleadora, la primera es trabajadora y la segunda empleadora.

Carece de sentido, por tanto, hablar de ciudadanos cuando, en lo que los pensadores liberales llaman “sociedad civil”, existen relaciones sociales de producción entre empleados y empleadores, entre trabajadores y empresarios. Y éstas son claramente desiguales.

¿Por qué, entonces se habla tanto de ciudadanos/as y apenas de trabajadores/as? Sencillamente porque se intenta ocultar que las sociedades están divididas en clases sociales, que esas divisiones son, en esencia, irreconciliables en intereses y hay un interés no explícito de dirigir las demandas sólo hacia la esfera de lo político y no de lo socioeconómico. O dicho de otro modo porque, en el actual contexto de la crisis capitalista, lo que se intenta es ocultar la auténtica fuente de la desigualdad, la explotación de unos seres humanos por otros y quiénes son los auténticos responsables del paro y la brutal transferencia de las rentas del trabajo hacia las del capital. El plano de lo político acaba por convertirse en el señuelo para evitar que se cuestione el de lo económico.

Todo partido, organización o movimiento que aluda al término de ciudadanos como el colectivo al que apela actúa desde un discurso de derechas, se autocalifique a sí mismo como quiera, porque ocultar la existencia de clases sociales y de la lucha de clases y tratar de que nos olvidemos de lo que sucede en el marco de la actividad económica es, de facto, justificar la opresión de clase.

Cuestiones finales:
Después de todo este paquete infumablemente largo -no sé escribir más corto si tengo mucho que decir- quizá diga usted, con razón: ¡colega, para hablar de la lucha de clases y de que en la economía se libra la batalla contra el capitalismo, podrías haberlo hecho más corto!

Muy cierto. Pero si uno pretende desmontar todo el conjunto de heces que buscan legitimar a través de su palabrería hueca el capitalismo, hay que decir algo de cada una más allá del consabido y conciso "no soy partidario" que suelen decir por el norte.

La ofensiva sin precedentes por acabar con la dualidad política izquierda-derecha tiene en la involución ideológica su más decisiva arma de destrucción masiva.

Los motivos fundamentales de que ello esté sucediendo, por encima de la ofensiva de la derecha en el pensamiento político, se encuentran principalmente en la izquierda.

La crisis de marxismo de la que éste aún no se ha recuperado, por mucho que Marx y otros pensadores marxistas hayan regresado con gran fuerza editorial, explica mucho del brío con el que los fundamentos del pensamiento de la izquierda están siendo atacados y del modo con el que se intenta negar la dualidad, primero de la terminología izquierda-derecha, después de su oposición histórica fundamental.
 
Hoy muy pocos teóricos políticos relevantes se consideran marxistas. En el mundo universitario esta corriente se encuentra en franca retirada y los pensadores marxistas actuales tienen un escaso nivel frente al de sus predecesores de hace tan sólo tres o cuatro décadas.

Aquellos supuestos marxistas que han sido puestos de moda por medio de editoriales, conferencias y aparatos ideológicos del capital lo son más bien de un marxismo esotérico (Žižek , Holloway,...), por no decir otra cosa, o bien están ya dentro de corrientes postmarxistas, lo admitan o no (Negri).

No hablemos ya del pedorreo que algunas corrientes políticas se traen con “pensadores” del tipo de Derrida, Foucault, Deleuze o Guattari, entre otros. La búsqueda de lo raro, lo incomprensible (apuesto a que la gran mayoría de sus fans no los entienden), “pour épater la bourgeoisie”,  no es más que la pataleta inocua del pensamiento middle class que se degrada cuanto más se aleja del “análisis concreto de la situación [y de la realidad] concreta”.

El caso contrario, el dogmatismo en el pensamiento que trata de encarcelar al marxismo en una colección de citas de autoafirmación para revolucionarios en horas bajas, lo ha esclerotizado, destruyendo su potencial transformador.

Por en medio, el gran grueso, del posibilismo, del oportunismo, del-llamémoslo-de-otro-modo-para-que-no-asuste-la-gente-porque-al-fin-y-al-cabo-hablamos-de-lo-mismo, no es otra cosa que la forma vergonzante y ultrarreformista de negar los atributos configuradores de lo que es la identidad de la izquierda porque no se trata de una mera permutación de palabras sino de categorías del análisis de la realidad y un modo de ir borrando las huellas de lo que se fue en el pasado tras los pasos de a dónde se va.


En este cambio de escenario hacia, primero el populismo transversal, luego hacia la derecha porque es ésta la que niega que el motor de la historia es la lucha de clases, y luego, luego...hasta el infinito y más allá, que diría Buzz Light Year, el factor generacional ha hecho estragos.