miércoles, 21 de junio de 2023

LOS OBJETIVOS IMPRESCINDIBLES DEL 23-j

 


Hay un objetivo claro y preciso hasta el 23 de julio: movilizar todas las fuerzas de las izquierdas y progresistas para evitar una victoria de las derechas. El momento es grave. La pelea será dura. La guerra sucia está asegurada. Las mentiras y falsas noticias serán el pan de cada día. Se desplegarán todas las fuerzas mediáticas ultras y extremas, se propagarán bulos y miedos y se pondrán en acción todas las fuerzas partidarias de las derechas, en las que no faltarán los sectores derechistas de la judicatura. Como ha denunciado Enric Juliana en La Vanguardia, los jueces ocultaron hasta después de las elecciones del 28 de mayo que uno de los acusados de comprar votos era un apoderado del PP en Mojácar (Almería), mientras Ayuso hablaba de pucherazo. Retrasaron hacer pública la absolución de un dirigente del PSOE acusado de supuesta corrupción y también que era falsa la acusación de la extrema derecha de que Mónica Oltra había borrado correos para evitar la investigación sobre su ex marido, uno de los hechos por los que abandonó la vicepresidencia de la Generalitat valenciana. Las cloacas están muy activas y por la superficie ya se huelen sus efluvios.

Por más que la amenaza sea real, para derrotar a las derechas no es suficiente la alarma de que viene el lobo. Para lograrlo se necesita reunir diferentes componentes. El primero, sin duda, es la unidad de todas las fuerzas a la izquierda del PSOE y una alianza o acuerdo con las fuerzas políticas soberanistas e independentistas. Ambas sumas son imprescindibles. Y, evidentemente, un programa y un proyecto para las clases trabajadoras y las naciones y pueblos del Reino de España. Lo que más encabrita a la derecha extrema y extrema derecha porque es lo que puede hacerle daño.

       Uno de los elementos del 28 M es el varapalo que han recibido las fuerzas políticas del gobierno de coalición progresista. Una lectura de esos resultados es que las políticas que se han puesto en práctica durante estos años no han sido suficientes para animar al voto de sectores de las clases trabajadoras y populares. No hay entusiasmo detrás de esas políticas. Hay la aceptación de que el mal menor es lo único que se puede hacer y que si no se cambia la tendencia, detrás del mal menor pueden llegar males peores. Y esta cantinela no puede repetirse constantemente.

Demasiadas cosas se quedaron en el cajón durante esta legislatura. La ley mordaza del PP de Rajoy sigue en vigor; la reforma laboral solo se modificó en parte; la renta mínima para pobres (que se llamó Ingreso Mínimo Vital), que supuestamente debía ayudar a combatir la pobreza, apenas llegó a un porcentaje ridículo de los destinatarios; una ley de vivienda que llegó tarde y se ha quedado corta frente a la gravedad del problema; incremento de gastos militares como nunca se había visto -el gasto militar total para 2023 en el reino de España alcanzará la colosal cifra de 27.617,45 millones, 75,7 millones diarios. Ni un gesto por la laicidad del Estado permitiendo que la Iglesia Católica, lustro tras lustro, haga y deshaga a su antojo con negocios en sanidad, educación, propiedades inmobiliarias, atención y apropiación privilegiada de impuestos mediante el IRPF, etc.  Cierto que hubo avances en leyes como la eutanasia y en medidas favorables a las mujeres (un conflicto mal resuelto con la colaboración del PP sobre la ley del "sí es sí"). Pero, sobre todo, fueron medidas que se quedaron cortas, muy cortas, para afrontar la gravedad de la situación social.

Cierto que el empleo está alcanzando récords, 20,8 millones de empleos y 2,7 millones en paro, pero también está por los aires la desigualdad y las familias que, incluso con empleo, no llegan a fin de mes. Tener un puesto de trabajo legal  y estar en la pobreza ya no son incompatibles, el 15 % de las personas trabajadoras están en esta situación. Los beneficios empresariales alcanzaron en 2022 los mayores niveles en décadas. Según el Banco de España, los beneficios de las empresas no financieras alcanzaron aumentos del 91,3 % (con notable diferencia entre las grandes empresas y las medianas y pequeñas), mientras que el salario real sufría una caída del 12,6 %. Si sumamos que la inflación está vaciando los bolsillos y los ahorros de las familias o que el precio de los alquileres ha subido en los últimos diez años un 51,4 % mientras que las rentas lo han hecho en un 3,4%, tendremos una fotografía incontestable de la situación. Más brutal aún, según los datos del Panel Hogares, el 5 % de la población con mayor patrimonio y renta concentra el 77 % del patrimonio neto y el 42 % de la renta bruta. Sin contar lo que tiene en paraísos fiscales ni escondido. Números oficiales. Se ha dicho de muchas maneras distintas, pero durante muchas décadas es una constante: Grandes fortunas y democracia son incompatibles.

Durante estos años también se ha dejado desguarnecido el flanco izquierdo del Gobierno. Pareció que la mejor decisión era formar un gobierno de coalición entre el PSOE y las fuerzas surgidas del 15 M y del municipalismo del cambio, pero sucedió lo que era previsible, que quien se presentaba para transformar las cosas e impugnar el régimen monárquico del 78 se convirtió en el gestor de las cosas que se podían hacer (el mal menor), y se abandonó el proyecto transformador, ilusionante y movilizador. Ese flanco quedó vacío, y ya se sabe que la política tiene terror al vacío, o sea, que cuando eso ocurre otras fuerzas políticas y sociales lo ocupan. Estos elementos pueden ayudar a explicar las razones por las que los partidos del gobierno de coalición, probablemente por razones distintas, han sido de los más castigados el 28 de mayo.

El gobierno de coalición progresista no es una referencia transformadora, republicana, de alternativa al régimen del 78. Es un gobierno que ha llevado a cabo limitadas reformas. El PSOE y Sumar siguen apostando por él. Si vuelve a formarse, habrá que seguir presionando para empujar e ir más lejos.

La importancia de estas elecciones es que se sitúan en una encrucijada. La perspectiva de las derechas es una salida reaccionaria para mantener el régimen monárquico con pérdida de derechos y condiciones de vida (su fórmula favorita será derogar). Por hacer una comparación histórica, una especie de golpe Primo de Rivera. Ya se amenaza con ilegaliaciones de partidos. Las izquierdas no pueden limitarse a defender un régimen que arrastra una crisis lenta pero persistente. Se necesita una perspectiva de cambio social y democrático, republicano. Una nueva impugnación de las elites políticas y económicas.

Existen también los componentes de izquierdas de las naciones catalana, vasca y gallega. Sin ellos no hubiera sido posible derrotar al PP y formar el gobierno de coalición. En Euskadi y Galicia, EH Bildu y BNG son las únicas fuerzas de izquierda que avanzaron el 28 M. Las explicaciones pueden ser variadas. En el caso de EH Bildu debido a su papel de presión por la izquierda al gobierno Sánchez y su disputa de las mayorías al PNV, por hacer una política útil sin abandonar su perspectiva social y soberanista. Otro ha sido el papel del BNG en Madrid que, en general, ha utilizado la política del no para casi todo y que se ha beneficiado del hundimiento de las mareas municipalistas gallegas. Como distinto ha sido el balance de ERC que, haciendo una política de presión en Madrid, ha sido penalizada por las posteriores complicaciones de la rebelión catalana y la falta de avances para el ejercicio del derecho de autodeterminación. La CUP también ha tenido un retroceso electoral. Todas ellas, y quizás otras, son necesarias para derrotar a las derechas.

         Por eso, resulta más que sorprendente que desde las fuerzas herederas del 15M y del municipalismo del cambio ni siquiera haya un guiño político, de búsqueda de alianzas, teniendo en cuenta la defensa del democrático derecho de autodeterminación. No habrá un verdadero proyecto de país ni una verdadera respuesta al centralismo y nacionalismo español de las derechas sin el reconocimiento de las reivindicaciones democráticas de las naciones encadenadas por el Reino de España.

Uno de los elementos del balance del 28 M es que no solo se avanza con medidas publicadas en el BOE, se avanza si forman parte de un plan alternativo que implica disputar la hegemonía de las ideas a las derechas.

Medidas como una renta básica universal que posibiliten las condiciones materiales de libertad de toda la población, además de la abolición de la pobreza, son imprescindibles. Sin la existencia material garantizada no hay libertad para toda la ciudadanía. No se trata de la supuesta “libertad” de las derechas, que significa más derechos para los más ricos a costa de desigualdad y falta de libertad para de los más desfavorecidos.

Hay que defender lo público frente a las privatizaciones de las derechas, aumentando la inversión en sanidad y educación pública. Se deben tomar medidas enérgicas, mucho más allá de la ley de vivienda aprobada, para limitar y regular los alquileres y construir vivienda pública.

Son urgentes medidas diferentes contra la inflación, controlando los precios de los alimentos, ayudando a los pequeños agricultores e imponiendo impuestos especiales sobre los beneficios desorbitados de los intermediarios. De la misma manera, hay que continuar imponiendo medidas contra los superbeneficios de la banca y las eléctricas.

Hay que continuar y desarrollar medidas para la igualdad efectiva de las mujeres frente a la violencia machista y el patriarcado.

Son imprescindibles medidas enérgicas, no medias tintas, contra el cambio climático frente al negacionismo de las derechas.

Es necesario el reconocimiento efectivo de la plurinacionalidad del Reino de España y del derecho de los pueblos a la autodeterminación para que haya una relación sana y democrática, y de igual a igual, entre los pueblos, frente a la imposición obligatoria del nacionalismo español y la Monarquía.

Y se necesita una perspectiva republicana de derechos y libertades.

¿Hay que parar a las derechas? Sin ninguna duda. Toda la movilización necesaria para lograrlo. Pero no es suficiente con repetir las mismas políticas, se necesita más valentía y movilización y una perspectiva de cambio político y social.

miércoles, 24 de mayo de 2023

MAYO FLORIDO Y HERMOSO... Y GUERRERO

 


En la historia, el mes de mayo tiene un significado especial para mí. Recuerdo varios acontecimientos que han marcado la historia de la humanidad y la de España de forma especial. Cada uno de ellos han servido para marcar algún criterio incluso adoptar medidas vitales para mi existencia.

Mayo ha sido florido, lluvioso, tormentoso y guerrero en la historia. En mayo se fundó el Partido Socialista Obrero Español y se produjo el levantamiento del pueblo de Madrid (que no del ejército ni la iglesia ni los poderes públicos, por mucho que ahora quieran apropiárselo) contra el francés. En Estados Unidos fue tormentoso entre el 1 al 4 de mayo con las revueltas obreras y la masacre de la plaza Haymarket en Chicago. Para mí, Mayo, a más que florido, ha sido un mes de lucha.

El 1º de Mayo es una fecha emblemática para la clase trabajadora, en la lucha por conseguir derechos, mejores salarios, seguridad y dignidad. En 1890, se estableció como Día Internacional de los Trabajadores, en homenaje a los Mártires de Chicago ejecutados y a las 5.000 huelgas simultaneas que se produjeron. No estuve allí pero el grito de la proclama sigue sonándome: ¡8 horas de trabajo! ¡8 horas de reposo! ¡8 horas de recreación!

       A finales del siglo XIX, las condiciones de vida de los trabajadores eran de miseria y esclavitud; no podían ser peores: jornada laboral de 16 horas, salario escaso y sin derechos. La miseria y la explotación eran un lugar común y la represión policial al servicio del patrón. Ante esta situación extrema, empezó la lucha obrera. En 1886 la huelga por la jornada de ocho horas estalló de costa a costa de EEUU. Más de cinco mil fábricas fueron paralizadas y 340.000 obreros salieron a las calles manifestando sus exigencias. En Chicago los sucesos tomaron un sesgo violento, que culminaron en la masacre de la plaza Haymarket (4 de Mayo). En un juicio amañado, contra los dirigentes anarquistas y socialistas, cuatro de ellos fueron condenados a la horca. En España durante el franquismo, el 1º de Mayo se transformó en un día festivo de exhibiciones gimnásticas y bailes regionales, muy alejado de luchas y reivindicaciones.

Corrían los primeros años del siglo XIX cuando se produjeron en España una serie de acontecimientos trascendentales: la invasión francesa y la guerra de la Independencia. Constitucionalismo, absolutismo e inquisición. Dos reyes fueron los responsables de que el ejército aliado de Napoleón ocupara Madrid. Dos reyes por la gracia de dios, Borbones y traidores para más señas.

       El 2 de mayo de 1808, a primeras horas de la mañana, la multitud comenzó a concentrarse ante el Palacio de Oriente en Madrid. Los soldados franceses sacaban al infante Francisco de Paula, para llevarle a Francia con su real familia. Al grito de ¡Que nos lo llevan!, el gentío intentó asaltar la comitiva. En lo alto de una farola, a la entrada de la calle Bailén, vi llegar a los mamelucos y a la artillería disparar contra la multitud. «En el Pretil de los Consejos, por San Justo y por la plazuela de la Villa, la irrupción de gente armada viniendo de los barrios bajos era considerable». (Benito Pérez Galdós: El 19 de Marzo y el 2 de Mayo). En el Salón del Prado fueron fusiladas 32 personas, otras 11 en Cibeles, Recoletos y Puerta de Alcalá. Al día siguiente los franceses fusilaron a 24 madrileños en la montaña del Príncipe Pío. Por Madrid corría la sangre; enterrados están en el cementerio olvidado de La Florida.

El pueblo contra los franceses, los liberales contra los absolutistas reales, Fernando VII contra el pueblo, la razón contra el despotismo y el oscurantismo contra la ilustración. Con el ¡vivan las caenas! y derogando la Constitución de Cádiz, se entronizó al Borbón Rey Felón y su descendencia hasta hoy. Si Napoleón hubiese ganado la guerra, otra historia nos hubiera llegado. Nuestra seña de identidad estaría dibujada en el lema Liberté, égalité, fraternité, que hago mío adaptándolo hoy por: igualdad, justicia social y solidaridad. Frente a esto, seguimos oyendo: ¡viva el novio de la muerte!

Muy cerca del Palacio de Oriente, en la calle Tetuán, el 2 de mayo de 1879, se fundó clandestinamente el PSOE. Aprovechando las libertades de la Constitución de 1869, la sección española de la Asociación Internacional de Trabajadores –la Internacional–, organizó una serie de conferencias en Madrid. Desde un rincón, veía ensimismado a Pablo Iglesias; ¡cómo se crecía en los debates! En aquellas fechas, Iglesias conoció a Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, huido de la represión francesa por participar en la Comuna de París. Pablo Iglesias se unió al Comité de Redacción de La Emancipación, semanario en el que pude leer El Manifiesto Comunista; uno de los tratados más importantes de la historia, que termina con ¡Proletarios de todos los países, uníos! Hoy sigue siendo necesaria esa unidad proclamada entonces.

      Tras la ruptura de los anarquistas con Marx, Pablo Iglesias solicitó su ingreso (1873) en la primera organización socialista de importancia, la Asociación General del Arte de Imprimir. Desde esta nueva plataforma preparó, durante varios años de trabajo clandestino, la creación del segundo partido obrero de los que se constituirían en el mundo. En una comida de fraternidad organizada en la taberna Casa Labra, desde el quicio de la puerta, pude ver a las veinticinco personas fundadoras del PSOE. Hoy sigo emocionándome en el recuerdo, sobre todo cuando veo algunos desmanes del partido contra lo que sigue representando el socialismo.

Repasemos: el mes de Mayo ha sido revolucionario en su historia. La revolución republicana frustrada en Madrid a la que nos hemos referimos, ocurrió un 7 de mayo de 1848, gobernando el general Ramón María Narváez, bajo el reinado absolutista de Isabel II. Un pronunciamiento militar, apoyado por los progresistas más radicales de la época, pretendió instaurar la República. Ya se había intentado en el mes de Marzo. España se enfrentaba a una grave crisis económica y los sucesos revolucionarios extendidos desde Francia y otros países de Europa favorecieron el ambiente.

      La revolución en Francia en febrero de 1848 acabó con el reinado de Luis Felipe I, dando paso a la Segunda República francesa. En España no pudo ser. La ola revolucionaria de 1848 tuvo escasa repercusión, si bien caben destacar dos alzamientos frustrados en marzo y mayo por parte de algunos sectores progresistas, que, hastiados del gobierno represor de Narváez, trataron de revertir la situación por la fuerza. Narváez, conocido como el Espadón de Loja, fue líder del Partido Moderado y reconocido por haber sido el principal defensor del sistema isabelino frente a la amenaza de la revolucionaria.

El primer intento revolucionario sucedió en Madrid el 26 de marzo. Muchos civiles, apoyados por militares, levantaron las primeras barricadas en las calles cercanas al Palacio Real y exigieron la destitución de Narváez. Sin embargo, el gobierno, actuando con rapidez, movilizó al ejército leal y a la policía, logrando sofocar la revuelta al día siguiente de haberse iniciado.

El pronunciamiento del 7 de mayo, estuvo dirigido por el Regimiento España, acuartelado en Madrid y azuzado «desde fuera» por el embajador británico en Madrid, interesado en la instalación de un gobierno progresista que favoreciera los intereses comerciales de su país. Narváez fue expeditivo y mandó aplastar el levantamiento con toda la fuerza posible. Los sublevados fueron acorralados en la Plaza Mayor, dando fin a una revuelta que apenas había llegado a ver el sol. En Barcelona, Valencia y Sevilla, la insurrección también fue aplastada con firmeza. El Gobierno de Narváez salió muy reforzado, también en Europa, donde Austria, Piamonte y Prusia premiaron la acción gubernamental a través de un reconocimiento especial a favor del reinado de Isabel II.

La crisis económica en Francia en 1847, fue desencadenante de las revueltas. La crisis agraria influyó en los sectores industrial y financiero, provocó el paro a miles de obreros. La monarquía de Luis Felipe de Orleáns sólo satisfacía los intereses de la alta burguesía, en tanto que la pequeña burguesía y el proletariado quedaban política y económicamente desatendidos. La «primavera de los pueblos» se extendió por Europa.

       Aunque las revoluciones de 1848 fracasaron, su experiencia influyó poderosamente en las ideologías obreras del siglo XIX. Una buena parte de la pequeña burguesía, temerosa de una revolución social, abandonó su alianza con el proletariado y se unió a la gran burguesía, aunque a lo largo del siglo XIX las diferencias se materializaron en las luchas políticas entre moderados y radicales. El proletariado comenzó a adquirir conciencia de clase y, si bien actuó desorganizadamente, se constituyó como un movimiento autónomo desgajado de los intereses burgueses. Los campesinos, una vez conseguida su liberación del régimen señorial, se condujeron de forma muy moderada y su objetivo en el futuro sería preservar las conquistas conseguidas.

Ya sabemos que el sistema capitalista funciona en base a la corrupción generalizada de los poderosos, a costa de la ciudadanía en general y de la clase trabajadora en particular. Se ha perdido interesadamente el sentido de la necesidad de la lucha. Los trabajadores y trabajadoras no debemos perder la conciencia de clase a la que pertenecemos. Tenemos que recuperar lo perdido o adquirir nuevos compromisos como colectivo.

El pueblo de Madrid tuvo conciencia de invasión contra el Imperio francés. Los obreros de Chicago contra las injusticias sociales. Los derechos laborales y sociales reconocidos, no son regalo gratuito del capital; se han conseguido uno a uno con lucha y esfuerzo

lunes, 10 de abril de 2023

YOLANDA DIAZ. de nuevo la esperanza



 


            La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, anunció en el acto de Sumar que quiere ser la primera presidenta del Gobierno. La ausencia anunciada de Podemos ha marcado la presentación en Madrid.

Nueva ronda de ilusión promovida por un nuevo espacio político. Con el acto en el pabellón Magariños –renombrado Movistar, en el barrio madrileño de El Viso– Sumar, el proyecto de Yolanda Díaz, volvió a poner en marcha un ciclo que ya va siendo conocido para la izquierda española, el de la esperanza y la ilusión. Pasadas las 14.15 horas, la política ferrolana anunció que quiere ser “la primera presidenta de nuestro país” y con ese anuncio se postula como representante de un espacio político con genealogía —ecología, feminismo—, con una raíz europea —“contra los muros”—, pero con mirada a diez años vista. “Creo que puedo ser útil a nuestro país”, exclamó Díaz antes de cerrar un acto en el que estuvo arropada por más de tres mil personas.

Se vieron muchas caras de participantes en anteriores y vigentes proyectos de esta clase: Ada Colau, alcaldesa de Barcelona es la principal representante del sí se puede. Sus resultados el 28 de mayo serán el termómetro de la vigencia de un espíritu que nació entre 2014 y 2015 y que Díaz lidera hoy.

En primera fila, otros representantes de la nueva política y de las organizaciones veteranas de este espacio, ya cada vez más definido por ser “la izquierda del PSOE”: Más Madrid, Izquierda Unida, Compromís, Equo. Dos ministros, además de Díaz: el de Consumo, Alberto Garzón, y el de Universidades, Joan Subirats. Además de Enrique Santiago, secretario general del PCE, Mónica García, candidata a presidenta de la Comunidad de Madrid en las elecciones de mayo, y Rita Maestre, candidata a alcaldesa por Más Madrid. La rareza de la situación actual dio lugar a un momento comprometido: IU y Más Madrid competirán en mayo. Díaz parece haber elegido su opción. Lo mismo ha pasado con Compromís y el escenario en las elecciones valencianas.

Entre el público había seis excoordinadores territoriales de la organización morada, exdiputados —Pablo Bustinduy, Segundo González— y el ex con mayúsculas: Íñigo Errejón. Como decía la canción, estaban “todos menos tú”.

Ese tú, hoy, es Podemos. La organización dirigida por Ione Belarra no asistió y esa era la noticia desde el viernes, cuando quedó claro que ya no habría acercamiento. La política del espectáculo, fomentada por unos, por otros, por ajenos y por todos, exigía que alrededor del acto del día 2, si no se daba el abrazo definitivo, se produjera un pequeño drama, un anticlímax.

        Pero la puesta en escena no quiso ahondar en ese anticlímax y se centró en rodear a Yolanda Díaz de mujeres —desde Maite Navarro, tendera de València, a la exdiputada socialista Carla Antonelli—. La poeta nicaragüense Gioconda Belli, una de las sorpresas en el orden de apariciones, resaltó la necesidad de “no convertir las diferencias en abismos”, y la propia estructura del acto reflejó cierta voluntad de no ensanchar más la grieta que separa a Sumar, convertido en paraguas de quince organizaciones y microorganizaciones, de Podemos. Esa puesta en escena, con la presencia en la tribuna de sindicalistas, militantes y referentes como Carla Antonelli o la propia Belli, abre más posibilidades de acuerdo que un acto en el que hubieran participado los y las líderes de las organizaciones.

Así, aunque el anuncio del acto decía que el día 2 de abril, empezaba TODO —con ese uso que la generación Z da a las mayúsculas, que es el que antes se daba a la cursiva—, la vibración del acto era muy similar a la que, el verano pasado, dio arranque al proceso de escucha de Díaz en la plaza del Matadero, también en Madrid. Han sido 25 actos en las 17 comunidades autónomas, en los que Díaz ha recabado apoyos de la sociedad, de pequeños y medianos empresarios, de sindicalistas. Un tiempo en el que ha revitalizado una narrativa conocida: la del nuevo comienzo, la del día histórico. No por casualidad, las primeras dos personas en el escenario han sido jóvenes —jovencísimos— creadores de contenido. “No nos van a robar nuestros sueños”, ha sido la primera frase de Díaz. El espíritu general, la reivindicación de otra política, del diálogo, de la ilusión, la esperanza, la imaginación, la honestidad, el cuidado, la ternura.      

        También hay fondo, y a él se refirieron casi todas las ponentes: la subida del salario mínimo, una reforma laboral que ha tenido la virtud de multiplicar los contratos indefinidos —pero que aún no ha recuperado días de indemnización por despido pese a la voluntad de la ministra de Trabajo— y el recuerdo de su actividad durante la pandemia, especialmente, a través de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo. “Sé muy bien lo que es la precariedad”, ha reivindicado Díaz.

La ministra, sin embargo, apenas basó su discurso en su bagaje —una referencia a la subida a 1.080 euros del SMI dio paso a la única ráfaga de reivindicaciones materiales— sino en los conceptos que rodean al significante ilusión-esperanza. Un proyecto de país “para cambiar la vida de nuestras gentes”, basada en “otra forma de hacer política” para un país que hoy tiene “sed de cambio”. El repertorio es ese y parece haber conectado con mucha gente. Hoy por hoy la pregunta es saber con cuánta.

Nadie se atreve hoy a asegurar qué pasará. Sería paradójico que el diálogo, que se extiende a un amplísimo arco de agentes sociales, se quedara a las puertas de una organización con la que se comparte el 90% del libreto, pero tanto en la política con mayúsculas como en el politiqueo, cuentan los números además de las palabras, y hoy el método elegido para las primarias tiene una importancia capital para la posible fusión fría de los espacios o para su separación. No es el único factor, el sentimental es importante e introduce una mayor dosis de azar.


        Para quienes esperaban los dardos en clave interna, estos llegaron a las 13.40h. Díaz criticó el “politiqueo” a la hora de votar la reforma laboral el pasado año. En aquella ocasión ERC y EH Bildu votaron en contra, los primeros, según han escrito algunos periodistas, fueron aplaudidos por un sector de Podemos que querrían haber provocado un agujero en el liderazgo de la vicepresidenta segunda. Es uno de los “secretos agravios” que Díaz tiene hacia la organización de Belarra. Aquel día, su carrera política pudo haber terminado de forma abrupta, un voto erróneo por parte de un diputado del PP cambió la historia o, como se dice hoy día, lo cambió Todo. Otro dardo, la vicepresidenta ha rechazado las “tutelas” en un mensaje con dirección a Ciudad Lineal, donde hoy trabaja el exvicepresidente Pablo Iglesias.

“Hoy empieza todo” y a partir de mañana sigue abierta la gran incógnita, si la política de la ilusión es compatible con la rudeza y la dureza, que ha criticado Díaz, y que Podemos ha defendido como aproximación a la política. Si el “todos menos tú” del acto de presentación es definitivo –y solo falta colocar el relato sobre la culpabilidad del desencuentro– o si hay alguna posibilidad de salvar la relación y provocar otro abrazo, otro día histórico que una la esperanza y la amabilidad con los rudos y las rudas.

jueves, 9 de marzo de 2023

¿DONDE ESTÁ EL P.S.O.E EN QUE MILITÉ?

           


 
Las inconcebibles e incalificables posiciones adoptadas por el PSOE últimamente con respecto a diversos asuntos y, en especial al conflicto saharaui han provocado muchísimo asombro e indignación, entre los españoles en general, lo que ha motivado que mucha gente se plantee las siguientes interrogantes: ¿Donde está aquel PSOE que en los años seteinta, ocheinta y noveinta sus militantes, cuadros y cargos atestaban las Asociaciones de Amigos del pueblo saharaui? ¿Donde quedó aquel PSOE comprometido con la lucha contra las injusticias? ¿Donde está el PSOE que siempre estaba implicado con la justa lucha del pueblo saharaui? ¿Donde quedó aquel PSOE que invitaba a los representantes Saharauis a todos sus actos incluidos los locales? ¿Donde quedó aquel PSOE que en la mayoría de las casas del pueblo tenía un rincón dedicado a la lucha del pueblo saharaui? ¿Donde está aquel PSOE que sus juventudes estaban dedicadas totalmente al activismo por los derechos del pueblo saharaui? ¿Donde está aquel PSOE que todos los Ayuntamientos que gobernaba se hermanaban con campamentos saharauis? ¿Donde están aquellos centenares y centenares de militantes, cuadros y cargos del PSOE que viajaban cada años para conocer la realidad en la que vive el pueblo saharaui?.

Desgraciadamente, de aquel partido comprometido con la erradicación de las injusticias, ya no queda casi nada, muchos creen como yo, que este zafio PSOE se comió a aquel partido progresista y comprometido en el que milité durante más de 40 años. Todo se esfumó con la llegada de una generación sin compromiso, sin ética y sin principios. La llegada de Zapatero despojo al partido de su ideología, de sus principios, de sus ideales y de sus valores como partido de izquierda y republicano, convirtiéndolo en un partido ordinario, sin convicciones y abierto incluso a individuos que sólo pretendan trepar y lucrarse de la política.

          Con toda seguridad si, Pablo Iglesias, Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto o Ramón Rubial entre otros históricos y destacados dirigentes socialistas levantaran la cabeza, no reconocerían ni la sombra de este PSOE.

Desafortunadamente, hoy en ese gran partido que fue el PSOE, parece que sólo queda gente de muy baja catadura moral como: los Zapateros, los Bonos, Los Aguilar, los Moratinos, los Albares, los Planas… etc etc. Gente comprometida con lo peor y lo más lucrativo e indecente de la política. Este tipo de sujetos arrastraron a uno de los grandes partidos políticos de Europa occidental a las alcantarillas de la política. Frecuentando esos bajos fondos, es de donde nace su vinculación y apoyo a una de las más execrable, abominables y autoritarias dictaduras que quedan actualmente en el mundo, como lo es la autocracia feudal marroquí, donde las personas ni siquiera gozan de los más básicos y elementales derecho y libertades.


        La guinda de la metamorfosis kafkiana del PSOE, la presenciamos no hace mucho tiempo en la sede del Parlamento Español, donde un sujeto iletrado, que presuntamente es diputado y presidente de la Comisión de Exteriores, pero sin ninguna noción del mundo que le rodea, se atrevió en el Congreso a calificar de entidad privada a un Movimiento de Liberación de 50 años de existencia como lo es el Frente POLISARIO. Organización reconocida por las Naciones Unidas y por todos los organismos internacionales y que incluso se sienta en la misma mesa que el PSOE, en la Internacional Socialista. Pues bien, para que se hagan una idea, personajes como este son la hornada que ilustra perfectamente el nivel de los actuales dirigentes del PSOE, este tipo de individuos se apoderaron del PSOE después de la llegada de Zapatero.

La deriva del otrora gran Partido Socialista Obrero Español, que hoy navega por aguas turbias, le ha llevado a hacer saltar por los aires los ideales que hay detrás de su origen y fundamentos. El mismo PSOE que defendía hace escasos años los derechos humanos, la igualdad, libertad y autodeterminación de los pueblos, votaba hace poco más de un mes sin ningún rubor junto a VOX contra la defensa de la libertad de expresión y la represión que sufren los periodistas e intelectuales marroquíes.  



Comunicado del PSOE con motivo del 41 aniversario del acuerdo tripartito de Madrid sobre el Sáhara Occidental, emitido el 14 de noviembre de 2016.

En la retina de muchos socialistas de verdad quedará grabada la molesta e incómoda imagen del PSOE votando contra la concesión de la nacionalidad a los saharauis nacidos bajo soberanía española o votando contra miserables ayudas a esos mismos saharauis refugiados que nacieron en territorio español.

En todo este desaguisado socialista, siempre hay excepciones, no se puede bajo ningún concepto incluir a los veteranos militantes y cuadros socialistas que han estado y están al lado del pueblo saharaui. Mención aparte, merece el recién dimitido diputado vasco Odon Elorza por sus posiciones y su negativa a asumir las órdenes y los hechos consumados provinientes del Majzén marroquí. No me quiero olvidar de mis muchos amigos socialistas: Rosa, Ramón, Benjamín, Pedro, Isabel, Susana, Dolores, Joaquín, Alicia, Alberto y muchos otros, que siguen al pie del cañón sin renunciar a los principios e ideales que plasmó Pablo Iglesias en la ideología del PSOE original. Aquí, ahora quiero rendirles un tributo y un merecido homenaje.




lunes, 30 de enero de 2023

LEY "MORDAZA", ¿DEROGACION O REFORMA?

 


Quienes repiten que la ciudadanía está anestesiada, que ha perdido la empatía, que no se moviliza, o lo hace a sabiendas de que miente, o no ha salido a la calle en los últimos 20 años. Por millones salió cuando el presidente José María Aznar decidió hacernos partícipes de la invasión ilegal y destrucción de Irak, cuando el ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón intentó restringir el derecho al aborto, cuando Mariano Rajoy acabó con la minería sin dar una alternativa a las cuencas asturianas, cuando el presidente José Luis Rodríguez Zapatero claudicó ante la troika que formaban el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea y antepuso, entre otras cosas, el pago de la deuda pública al Ministerio de Igualdad y a los derechos de las personas dependientes; también cuando M. Rajoy se convirtió en el pupilo austericida de Angela Merkel arrasando con la sanidad y la educación públicas y se le llenaron las plazas con el 15M, las avenidas con las mareas, las escaleras con las PAH y los locales autogestionados con las asamblea de los movimientos antirracistas y feministas.

Entre 2011 y 2014, las manifestaciones se sucedían casi a diario en todas las ciudades españolas. Y casi siempre, como toda respuesta, obtuvieron silencio y ninguneo. Una doctrina del shock dirigida a aplastar cualquier esperanza de que la movilización pudiera lograr cambios políticos. Y aun así, a sabiendas de que la violencia de dejar a cientos de miles de personas sin un techo y sin esperanza no se puede contener apostándolo todo a la resignación, en 2015 el Gobierno de Rajoy se propuso acabar con el clamor de las calles atacando el talón de Aquiles de las víctimas de sus políticas: sus castigados bolsillos.

Para ello, aprobaba la ley de protección de la seguridad ciudadana, conocida como ley mordaza, que organizaciones como Jueces por la Democracia consideró que “lesiona las libertades” y que va contra los principios “de una sociedad plural, democrática y respetuosa con las distintas formas de pensar”. La norma incluyó multas de entre 600 y 600.000 euros por convocar o participar en movilizaciones no comunicadas a las autoridades previamente, por negarse a finalizarlas cuando lo ordenan los agentes, por participar en aquellas que se realizaran cerca del Congreso o el Senado, por alentar por las redes sociales a unirse a ellas, por grabar a policías o guardias civiles… Y todo ello, mediante procesos administrativos en los que el testimonio de un agente prevalece sobre el de la persona denunciada. Si se mantuviese la vía penal, el denunciante tendría que defender con hecho la culpabilidad de la persona acusada ante un juez o jueza, que escucharía a ambas partes antes de tomar una decisión. Con la ley mordaza, el agente se convierte en juez y parte, lesionando así la presunción de inocencia y el derecho a una legítima defensa.

        Muchos han sido los  periodistas que han asistido a decenas de movilizaciones en las que miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado cargaban injustificadamente contra manifestantes y cuando se les preguntaba por qué no llevaban su número de identificación respondían pidiendo la documentación a quienes les interpelaban para multarles por resistencia, desobediencia o atentado contra la autoridad.

Ya años antes de esta reforma legislativa, era habitual que en territorios de no-derecho como Ceuta y Melilla, multaran a los periodistas que documentaban la violencia empleada contra las personas migrantes. Las fronteras europeas llevan décadas convertidas por los propios Estados en laboratorios en los que experimentar hasta dónde pueden las democracias violar sus propios derechos fundamentales. Por eso, cuando tras años de gobiernos socialistas y populares negando que las Fuerzas de Seguridad realizaran devoluciones en caliente pasaron a realizarlas a la luz del día ante las cámaras, resultó evidente que se instrumentalizaba a la prensa para difundir el mensaje de que debían legalizar lo ilegal para cumplir con su deber de proteger eso que llaman la soberanía y lo que entienden por la seguridad. Poco después, el entonces ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, comunicaba que la ley de seguridad ciudadana incluiría la regulación de las devoluciones en caliente. De nuevo, representantes públicos presentaban las leyes que garantizan el Estado de Derecho como un obstáculo para hacer bien su trabajo. Después, vendrían los 15 hombres que murieron ahogados por las pelotas de goma lanzadas por la Guardia Civil en la playa ceutí de El Tarajal, los niños devueltos ilegalmente a través de la valla de Ceuta, las decenas de muertos y desaparecidos en las inmediaciones de la frontera de Melilla con Nador… Pero ahora quien ordena y defiende esas actuaciones condenadas por instituciones como el Defensor del Pueblo o la ONU es el ministro de Interior socialista, Fernando Grande-Marlaska. Y Pedro Sánchez, el presidente que desde hace cinco años no deroga esta ley.

La ultraderecha no avanza tanto por su propio impulso sino por el denodado esfuerzo con el que el resto de fuerzas políticas le allanan el camino. 

    Desde su aprobación en 2015, la ley mordaza ha conseguido su principal objetivo: un efecto disuasorio y desmovilizador. Según Amnistía Internacional, en este periodo se han interpuesto 321.100 multas por infracciones en materia de seguridad ciudadana –excluyendo las impuestas en marzo y abril de 2020 en relación al confinamiento por la Covid-19, que fueron anuladas por el Tribunal Constitucional–. Un dinero que ha salido de los bolsillos de quienes se dejan el pellejo por el bien de todos y todas, que no suelen ser precisamente los más pudientes, sino quienes celebran asambleas de barrio para organizar redes de apoyo, quienes reciben porrazos a las seis de la mañana para evitar que una familia sea arrastrada a la calle, quienes defienden sus puestos de trabajos y las condiciones laborales dignas, quienes denuncian el ecocidio… Quienes, en definitiva, no se resignan a que vivamos en un país lleno de colas de hambre. Y cualquiera que haya estado en estos espacios sabe que la mayoría de esos “quienes” son mujeres.

Así, la ley mordaza ha convertido el derecho a protestar en un lujo. Y el problema es que ya no es el Partido Popular el que la defiende, sino, de facto, el mismo Pedro Sánchez que llegó a la Moncloa prometiendo su derogación.

Casi cinco años después de su llegada al Ejecutivo, ya no contempla su derogación, como pide Unidas Podemos, y solo acepta la reforma de algunos de sus artículos. Según publicó en diciembre Infolibre, los partidos que hicieron posible la investidura del actual Gobierno –PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV y EH Bildu– han consensuado una treintena de enmiendas parciales. Entre las que se han hecho públicas desde entonces destacan la introducción de un criterio de proporcionalidad de las multas en función de la capacidad económica del infractor, así como una rebaja de la sanciones más leves a una horquilla de 500 a 100 euros. También se ha acordado que no se sancionará la toma y difusión de imágenes de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, salvo cuando generen “un peligro cierto a su seguridad personal o familiar o la de las instalaciones protegidas o haya puesto en riesgo el éxito de una operación”. En los que se considere que sí lo hacen, las multas irán desde los 601 y 30.000 euros. De nuevo, un marco de arbitrariedad que debilita el derecho a la información.

        Sigue sin haber acuerdo en los artículos que castigan las “faltas de respeto” y la “desobediencia” a los agentes, en el terreno de la prevalencia de sus testimonios en los procesos penales, en la prohibición del uso de las pelotas de goma en las manifestaciones y en la cuestión de las “devoluciones en caliente”.

Parece evidente que el principal partido del Ejecutivo, el PSOE, no quiere enfadar al ala más reaccionaria de la Policía y la Guardia Civil. Desde la moción de censura que acabó con el Gobierno de Rajoy, las asociaciones más cercanas al partido ultraderechista Vox han organizado actos y difundido comunicados de tono amenazante contra cualquier tipo de reforma de la norma. Ahora que se ha hecho público que la Comisión de Interior del Congreso tiene previsto votar el texto con las enmiendas antes de febrero, han endurecido el tono.

Agustín Leal, portavoz de Justicia para la Guardia Civil (JUCIL), ha declarado en La Razón que “nos desarmarán legalmente ante los retos delincuenciales en disturbios y algaradas callejeras y JUCIL lo denunciará, con responsabilidad, la inacción de toda la administración que para nada se ha preocupado de la seguridad de los españoles”.

La también asociación ultraderechista JUPOL ha manifestado que “esta reforma no hace más que poner a los pies de los caballos a los agentes de la autoridad, poniendo en riesgo su integridad física, la de sus familias y la del resto de los ciudadanos en beneficio únicamente de los manifestantes violentos y de los delincuentes”.

Además, estas organizaciones junto otras como el Sindicato Unificado de la Policía, el Sindicato Profesional de Policía, la Asociación Unificada de la Guardias Civiles y la Asociación de la Escala de Suboficiales de la Guardia Civil han anunciado la creación de la Plataforma por una España Segura para convocar manifestaciones contra una reforma de la ley mordaza que, incluso han exigido, el Consejo de Europa y la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Europea para acabar con la discrecionalidad policial, las sanciones por desobediencia y faltas de respeto a la autoridad y las impuestas a organizadores de movilizaciones y protestas.

El PSOE debería dejar de preocuparse por enfadar a los sectores más antidemocráticos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por adecuar nuestras leyes al cumplimiento de la normativa nacional e internacional. Y debería ocuparse más, como hacen en Alemania o Francia, de la infiltración cada vez mayor de la ultraderecha entre los cuerpos a los que se les ha concedido el uso legítimo de la violencia para garantizar, entre otros, el derecho de la ciudadanía a manifestarse y a protestar. Algo que algunos policías y guardias civiles solo tienen claro cuando se disculpan por las molestias ocasionadas a quienes, por ejemplo, intentaron impedir la exhumación de Franco o a quienes se manifiestan con símbolos franquistas.

Enfadar a los fascistas es condición sine quae non de ser decente y demócrata. De lo contrario, ya hemos visto qué fácil les ponen algunos agentes asaltar a los fundamentalistas los Congresos cuando pierde la extrema derecha.

jueves, 13 de octubre de 2022

EL COLAPSO QUE VIENE

 

        Demasiadas cosas juntas que parecían imposibles están sucediendo al mismo tiempo. Falta de todo. Suben los precios de todo. Informaciones de prensa hablan del hecho de que no habrá magnesio en Europa, que hay un problema con el uranio, que fallarán los nitratos para la agricultura. Son frecuentes los cortes de electricidad en China. Falta agua en Taiwán. Medio millar de barcos están atrapados en puertos de todo el mundo. Maersk no tiene suficientes contenedores. No hay camioneros en Alemania. Latas de refrescos se venden sin pintar. El precio de los juguetes, de la alimentación o del diésel se encarece. Estantes vacíos en supermercados del Reino Unido. Fábricas paradas en la Zona Franca [de Barcelona]. ¿Habrá cortes de suministro de gas este invierno? No podrás comprar la PlayStation 5 ni tu nueva bicicleta eléctrica. La prensa achaca esta crisis a los cuellos de botella y la Covid-19, pero si amplías el zoom, podrás ver el cuadro completo: crisis energética, falta de materias primas… y los efectos del cambio climático en el seno de un capitalismo globalizado zombi. La Covid-19 fue un ensayo del colapso que vendrá.

Los diarios económicos hablan todo el día de esto; las grandes patronales empresariales están por primera vez realmente asustadas… y todos dicen que la culpa es de una demanda de consumo disparada, de los cuellos de botella, de los trabajadores asiáticos confinados por la pandemia, de la dependencia de China, del bloqueo del canal de Suez, de los barcos que no llegan. Lo venden, sin embargo, como una situación temporal. Algunos científicos y activistas denuncian que también está ocurriendo una cosa más, que es más estructural que momentánea: las materias primas estarían llegando a su pico, la crisis energética no sería temporal, la crisis climática ya está afectándonos, no podremos seguir consumiendo tres planetas como hasta ahora. “La crisis de los microchips no es más que la punta del iceberg”, dice Alicia Valero, profesora de la Universidad de Zaragoza y autora de Thanatia. Los límites minerales del planeta: “Un ejemplo: en el siglo XXI ya hemos gastado más cobre que en toda la historia”. ¿Se acabó la fiesta? Viene el decrecimiento, y ya no será una elección: vendrá a hostias. Todo es incierto, todo es confuso, todo es complejo.

        Dicen que no están llegando microchips para la industria del automóvil, que no están llegando los teléfonos móviles para la Navidad ni las bicicletas eléctricas que ahora se han puesto de moda. ¿Puede que sea un problema temporal y que en un año todo se solucione? Puede ser. Pero entonces, ¿cómo se explican otras cosas que echaremos en falta muy pronto, como el gas que viene de Argelia, el petróleo de Arabia Saudita, el litio de Chile o… por ejemplo, ¿cómo se explica que falte vidrio para embotellar el vino del Penedès y papel para imprimir libros cuando la mayor parte provienen del reciclaje y no dependen de los barcos de Maersk que vienen de Shanghái? El científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), experto en energía y autor de Petrocalipsis, Antonio Turiel, lo dijo hace poco: “Falta vidrio. Hablamos de un material reciclable y de proximidad, así que ¿en este caso también radica el problema en cuellos de botella logísticos? ¿No se trata más bien de que los costes energéticos de fundir vidrio ahogan a la industria?”

Demasiadas cosas juntas que parecían imposibles están sucediendo al mismo tiempo. Arabia Saudita reconoce que casi ya no le queda capacidad ociosa de producción de petróleo. Lo explican en el portal económico Sharecast. Los precios del propano en EEUU son tan elevados que los mercados predicen un “Armaguedon” durante los meses más duros del invierno. Lo dice el Financial Times. La falta de electricidad en Europa está afectando a la producción de silicio y de zinc, perjudicando, entre otras, la producción de placas solares. Tan solo el precio del silicio ha aumentado un 300% este año. Lo dice Reuters. Europa podría quedarse sin magnesio en poco tiempo, el 87% del cual proviene de China, y esto pararía la industria de transformación del aluminio, del titanio e incluso del acero: es decir, bicis, coches, aviones. Lo dice El Economista. El precio del algodón se duplica en apenas un año (más del 120% de aumento) y ahoga el sector textil. Los precios más altos en 10 años. Lo dice Forbes. La subida de los precios de los materiales de construcción ha hecho que las obras en el Estado español sean ya un 22% más caras y que 4 de cada 10 empresas estén cancelando o parando el trabajo. Lo dice La Vanguardia.

Y hablemos de cosas aún más serias: está subiendo y todavía subirá más el precio de la alimentación. Lo anuncian las patronales del sector. En agosto, el índice de precios de los alimentos ya había aumentado un 32,9% respecto a agosto de 2020. “Y lo que es peor: nuestros márgenes son estrechos y los costes se disparan”, aseguran. En estos meses, los grupos de alimentos que utiliza la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para fijar el índice han evolucionado así: los cereales, como el trigo, la cebada o el maíz, suben un 31%; los lácteos, un 13%; la carne, un 22%, y el azúcar, un 9,6%. ¿Esto también tiene que ver con los cuellos de botella en Asia? Gustavo Duch, activista por la soberanía alimentaria, explicaba hace poco en un artículo en Ctxt: “Subirá el recibo de la comida por factores productivos derivados de la crisis climática, la desaparición de polinizadores o el agotamiento de insumos como los fertilizantes. Y por factores puramente capitalistas como la especulación.”

        Demasiadas cosas juntas que parecían imposibles están sucediendo al mismo tiempo. Es cierto que las causas principales del colapso son los puertos colapsados, que el transporte terrestre no da abasto, la crisis del modelo just in time, que no almacenamos casi nada, las fábricas funcionan a medio gas en China o en Taiwán. Pero también hay causas de fondo, como una crisis energética global que no hace más que empeorar, una transición de los combustibles fósiles a las energías renovables mucho más compleja de lo que decían, el límite o pico del petróleo y de otras materias primas. Y en medio de todo esto está el factor de la elevada demanda de consumo: con una parte de la ciudadanía europea o norteamericana que tiene los bolsillos llenos (tras el ahorro forzoso del confinamiento por la pandemia de la Covid-19). Crisis sanitaria, crisis económica, crisis de la globalización, crisis energética y… crisis climática.

Probablemente los síntomas que estamos experimentando no son indicadores de un colapso total inminente. Habrá un invierno duro debido a la demanda de energía a causa del frío, y después mejorará en la primavera, y en verano volverá a crecer la demanda. “El proceso de crisis irá repitiéndose”, asegura Turiel. De todos modos, Luis González Reyes, miembro de Ecologistas en Acción y autor del libro La espiral de la energía, explicaba que los síntomas que aparecen influyen en los factores que sí que llevarían a un colapso. “Estamos viviendo las primeras etapas del colapso”, decía. Hay fenómenos coyunturales y hay algunas cosa que han venido para quedarse. “Hemos de ser capaces de leer las coyunturas, que se recuperarán, como el desabastecimiento de bicicletas que ha habido; pero si miramos la articulación de las cadenas de producción globales, estamos ante un proceso sostenido y que tiene mar de fondo, que apunta hacia el colapso de la civilización industrial.”

        Cada vez más investigadores e incluso la Agencia Internacional de la Energía reconocen que el planeta está llegando al límite de materias primas, al menos de las reservas conocidas. El citado Antonio Turiel y el activista de Extinction Rebellion y València en Transició, Juan Bordera, concluyen en el mejor artículo escrito hasta ahora sobre esta crisis “el pico de todo tenía que llegar pronto o tarde, y está llegando”. Alicia Valero, que tiene conocimiento de la falta de minerales, confirma que “si seguimos a este ritmo, toda la transición ecológica y digital está en riesgo” porque “pasaremos de ser dependientes del petróleo a ser dependientes de toda la tabla periódica”. En su opinión, en los próximos años “habrá más paradas económicas y bajará el PIB: o cambiamos el modelo, o la falta de recursos nos hará cambiar bruscamente el modelo”. Esto va en serio.

Y “en medio del marasmo de esta crisis total del capitalismo, de este pico de todo”, Turiel y Bordera reclaman que ahora debería ser el momento de relocalizar lo esencial, producir nuestros propios alimentos, asegurarnos los suministros básicos y el saneamiento del agua”. Decrecimiento, relocalización de la economía, salvar el agua, el aire y la alimentación… y disfrutar de los centenares de cosas que no contaminan.

        Pero sobre todo hay una solución de este lío: “Tengo la solución: consume meeenos”, susurra al estilo joebiden. ¿Sabéis quién lo ha dicho? Un tal Morten Engelstoft, máximo ejecutivo de Maersk, la mayor empresa de transporte marítimo y de contenedores del mundo y una de las más afectadas por el caos. ¿Dónde lo ha dicho? En el Financial Times, la biblia capitalista. Abro comillas de la reflexión completa que hizo este empresario poco sospechoso de ecologismo radical: “Necesitamos un crecimiento más bajo del consumo para dar tiempo a la cadena de suministros para ponerse al día, o deberíamos repartir el crecimiento de manera diferente. La recuperación nos llevará un largo periodo de tiempo.”

Insisto: demasiadas cosas juntas que parecían imposibles están sucediendo al mismo tiempo.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

ISABEL II: REINA DE LA PÉRFIDA ALBION

 


70 años de reinado. Isabel II de Inglaterra, falleció a los 96 años. Monarca de la casta de los “Windsor”, Isabel Alexandra Mary se ganó el papel de conductora de la política nacional e internacional de Gran Bretaña durante 70 años. Durante su mandato la corona británica siguió enriqueciéndose a costa de sus excolonias y logró transformar a la City de Londres en uno de los centros financieros más importantes del capitalismo transnacional.

Los medios de comunicación, que hoy lloran la muerte de Isabel II, esconden vergonzosamente la historia cruenta del linaje de los Windsor, marcados por el peor de los racismos y del colonialismo imperial.

Nada nos dicen de la publicación, en 1960, de los llamados archivos Marburg. Estos documentos pusieron al descubierto la ideología dominante en la familia real en los años 30. Probablemente el hecho más esclarecedor es la opinión de Hitler después de haberse reunido con el tío y soberano antecesor de la reina Isabel II: “el Duque de Windsor es un defensor de la causa Nazi y nos puede ser de utilidad en el futuro cercano”

    Hoy sabemos que la obligada abdicación del Rey Eduardo XIII (Duque de Windsor) – después de 11 meses al mando – impidió que se consumara una alianza entre Reino Unido y la Alemania nazi y que en esa misma época la cuñada de Isabel II -la princesa Cecilia de Dinamarca- se casó con un alto oficial de las SS.

También salió a la luz pública una reveladora fotografía, de esa década del siglo pasado, que muestra a la reina siendo niña – junto con parte de su familia- haciendo el saludo nazi. Y para revalidar esta oscura práctica hace unos pocos años el príncipe Harry, hijo menor del actual Carlos III, fue fotografiado con el uniforme oficial de las SS en una fiesta familiar.

Tampoco es un misterio que, al igual que hizo EEUU, el Reino Unido incorporó a una gran cantidad de oficiales de la Gestapo en las filas del servicio de inteligencia británico, el famoso MI6.

Mientras exaltan la fastuosidad que rodean los funerales, los medios se han cuidado de escondernos que la reina recientemente fallecida fue la terrateniente más grande de Gran Bretaña. Como máxima autoridad del Estado, a la corona británica le pertenecen un total de dos millones de hectáreas de tierras cultivables en su país.

        Tampoco los medios dominantes cuentan que los británicos robaron de la India el Kohinoor, uno de los diamantes tallados más grandes del mundo, con un valor estimado de 200 millones de dólares, para colocarlo en la corona de la reina.

Después del fin de la Segunda Guerra Mundial y en medio de una ola mundial de descolonización, la astucia y manejo político de la reina fue el factor decisivo para mantener la influencia de Gran Bretaña en el mundo. Efectivamente, el largo reinado de Isabel II le dio una comprometida continuidad a un Imperio en plena decadencia.

De hecho, Isabel II fue el personaje clave en el nombramiento de Margaret Thatcher, en la implementación del neoliberalismo y en la consiguiente transformación del viejo capitalismo industrial en capitalismo financiero. Con esta política y amparados en el discurso del enemigo interno, la reina y la Thatcher destruyeron las conquistas sociales logradas después de la II Guerra, empobrecieron a los trabajadores y criminalizaron las organizaciones sindicales.

Pero el colonialismo de la corona también se ejecutó internamente y de manera brutal. Por más de 60 años, en Irlanda del Norte los soldados británicos cometieron todos tipo de crímenes de guerra, incluyendo masacres, encarcelamientos de activistas políticos y desapariciones forzadas.

    Puertas afuera, el reinado de Isabel II estuvo al mando de guerras imperialistas. Entre un sinnúmero de intervenciones colonialistas, la corona británica participó activamente en el genocidio de los Mau-Mau en Kenia(1952-1960), la guerra contra Egipto por el Canal de Suez (1956-1957), la campaña bélicas en Irlanda (1956-1962), la Guerra de Malvinas (1982), la primera Guerra del Golfo (1990-1991), la Guerra en Bosnia (1992-1995), la Guerra en Afganistán (2001-2021), la segunda Guerra de Irak (2003-2009), el bombardeo de Libia (2011) y los ataques a Siria: los herederos de la corona Harry y William participaron -desde lejos, eso sí- en las guerras de Irak y Afganistán.

En un rápido e incompleto recuento de atrocidades, a vuelapluma recordemos algunos de los crímenes de lesa humanidad cometidos por la política colonial de la corona británica.

- Por más de medio siglo en Oriente Medio, la testa coronada de la reina ha sido la pieza fundamental en la implementación de estado sionista israelí, con sus interminables matanzas al pueblo de Palestina.

- Cuando 1963 el pueblo yemení se rebeló contra el colonialismo, ante esta revuelta la reina ordenó a sus tropas que reprimieran violentamente a los independentistas. Pasados 50 años, Inglaterra sigue librando otra guerra contra el pueblo de Yemen (esta vez junto con EEUU, Arabia Saudita, Israel y los Emiratos Árabes Unidos).

- En Irán, un complot de los servicios secretos de su majestad, el MI6, con la anuencia del Sha Reza Pahlavi y de EEUU, orquestó un golpe de estado en 1953 para derrocar al primer ministro progresista  Mohammad Mosaddeq e impedir así la nacionalización de la Compañía Británica de Petróleo.

        -En Kenia, en 1960, en respuesta a la lucha por la independencia de los keniatas el Reino Unido torturó, violó, ejecutó y desapareció a alrededor de 11 mil rebeldes. Además de la tortura, incluida la castración, las fuerzas británicas masacraron a civiles desarmados, desaparecieron a sus hijos, violaron a las mujeres y mataron a palos a los prisioneros.

-En esa misma época, la intervención de la corona en el proceso de independencia en Nigeria también causó decenas de miles de muertes. Al igual que en otros territorios de África la ocupación colonial inglesa dejó como herencia subdesarrollo, hambre, miseria, un reguero de asesinados, torturados y desaparecidos.

Indignada por la sarta de elogios a la reina Isabel II la economista India Manisha Kadyan acaba de escribir en Twitter:

“Los barcos británicos transportaron un total de tres millones de africanos al Nuevo Mundo como esclavos. Gran Bretaña es un imperio que trajo la miseria y el hambre a Asia y África. Su legado es el colonialismo, la esclavitud, el racismo y el saqueo. A pesar de tener oportunidades, la reina Isabel II nunca se disculpó por la historia sangrienta de su familia. No hay lágrimas por la reina Isabel. No hay lágrimas por la monarquía británica”.