sábado, 19 de enero de 2013

¡¡HIJA MIA... ANTES PUTA QUE ATEA!!



Los autobuses en la comunidad valenciana, gobernada por la mayoría absoluta del PP, exhiben anuncios de explotación sexual: clubs de alterne, casas de citas, teléfonos eróticos y toda la vomitiva parafernalia del llamado “sexo de pago”.

Con anterioridad, bajo la excusa de que “ofende sentimientos”, había sido prohibida la publicidad librepensadora y atea, impulsada por el científico Richard Dawkins.

La cuestión, parece ser, fue destapada por el diario Público. Las autoridades políticas valencianas alegaron: “hombre, no todos los autobuses llevan esa publicidad… además los transportes públicos lo gestionan empresas privadas”, así como otras argumentaciones tan ramplonas como hipócritas.

Sin perjuicio de que el escándalo pueda forzar la retirada de esos reclamos ignominiosos, la actitud de esta derecha conforma una foto finish de cinismo y caspa. Y bien podría titularse: ¡Hija mía, antes puta que atea; Hijo mío… antes te quiero putero que ateo!

Sí, por una parte los mensajes de librepensadores, ateos y agnósticos (incitando a la reflexión antes que a la superstición y el fanatismo) eran censurados; por otro lado, las autoridades de la derecha consentían que unas empresas (¡privadas, cómo no!) se lucraran con anuncios de esclavitud sexual.
 
Obviamente, en la derecha saben que la prostitución es un Leviatán que se alimenta en su mayor parte de dinero negro. ¡Y cuánto babea la derecha española y sus “emprendedores” con el “dinero en B”!

En la comunidad valenciana, endeudada hasta las pestañas y con el fraude fiscal disparado por el estrépito de la burbuja inmobiliaria y la corrupción, el “sexo de pago” encarnará, sin duda, un práctico desagüe para el dinero ennegrecido. Además, ¿qué van a hacer tantos “emprendedores” de la construcción y los contratos públicos con los billetes de 500 euros?... ¡pues “irse de putas”, claro!

Y ahí entrarán en escena otros “emprendedores”, “creadores de empleo y riqueza”: las empresas que cubren los autobuses con anuncios de “relax”.

Todo lo anterior evidencia la carcoma moral que corroe la sociedad de “libre mercado”. Y no aludo a la moral de incienso, misas y obispos bujarrones, sino al sentir de cualquier persona de bien.

En efecto, detrás del teatro de la prostitución hierven unas bambalinas sórdidas: de penurias económicas, inmigración, millares de desplazados (por acciones humanitarias de la OTAN, eso sí), malos tratos paternos y conyugales, carencias afectivas, discapacidades mentales, consumo de lo que el “mercado” impone como necesario (ropa de marca, Zapatos X, etc), dependencia de las drogas, embarazos no deseados…
 
Alguna o varias de esas fuentes de dolor han de concurrir para que muchos panzudos de eructo y olor a pies satisfagan sus impulsos. Pero ¿cómo vamos a pedir a la derecha que erradique las causas de la prostitución si resultan inherentes a sus políticas y tantos “emprendedores” encuentran “oportunidades de negocio” en el “sexo de pago”.

¿Consecuencias de la prostitución? Muchas y perversas: aislamiento de la familia (en este tema la “familia” no parece importar mucho a la derecha), incremento del consumo de drogas, sometimiento a la ley del silencio y la fuerza bruta, baja autoestima, depresiones, suicidios, rechazo social, naufragio en los proyectos de vida, trata de blancas, proxenetismo, secuestros, tráfico de estupefacientes, desigualdad social, marginalidad, aumento de las ETS (hepatitis, SIDA, etc.)… Una maravilla. Pero, eso sí, no olvidemos que “hombre, todos los autobuses no llevan esa publicidad y, además, son empresas privadas”.

Por el contrario, como ya expuse, quedan vedadas (porque “ofenden sentimientos”) las ideas de librepensamiento emanadas de mentes privilegiadas como las del científico Richard Dawkins, el premio Nobel de la Paz Bertrand Russell, la filósofa Julia Kristeva, el economista Walter Baier, y otros ilustres ateos, agnósticos y librepensadores: Charles Darwin, Thomas Edison, Sigmund Freud, Woody Allen, Lenny Bruce, Charlie Chaplin, Chapman Cohen, Epicuro, Luis García Montero, Albert Einstein (que siempre declaró su ateísmo y le desagradó la manipulación de su frase “Dios no juega a los dados”), Stephen Hawking, Carl Sagan o tantas mentes libres y honestas.

Sí, a esta derecha de corruptela en obra pública, mantilla, peineta, “no sé, depende, ya veremos” y publicidad de prostitución, no le gustan los que denuncian a la religión como una sarta de sandeces, fantasías, superchería y superstición… no le gustan, obviamente, los ateos y librepensadores.

Y ya solo les falta exclamar: “¡hija mía, antes te quiero ver puta que atea; hijo mío… antes putero que ateo… ite, missa est!”.

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